Puigdemont hace una OPA al PDeCAT con un nuevo espacio electoral

El espacio electoral heredero del nacionalismo moderado que durante tres décadas gobernó en Cataluña afronta una nueva reformulación. Y ya van unas cuantas en los últimos años.
 Carles Puigdemont conversa con Marta Pascal durante una reunión constitutiva del Consejo de Acción Municipal (CAM) del PDeCAT en febrero de 2017. E Carles Puigdemont conversa con Marta Pascal durante una reunión constitutiva del Consejo de Acción Municipal (CAM) del PDeCAT en febrero de 2017. EFE/Archivo/Alberto Estévez

Marta Vergoñós

Primero fue la federación de Convergència i Unió (CiU), que se separó en 2015, cuando la parte que había virado hacia el independentismo, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) se integró en Junts pel Sí, una candidatura transversal a favor de la separación en la que también participaba Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Mientras esta candidatura gobernaba a nivel autonómico, los convergentes se presentaron a otras elecciones bajo diferentes siglas y, finalmente, mutaron en el Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCAT). Tras la declaración unilateral de independencia del pasado 27 de octubre, esta formación se integró en la plataforma Junts per Catalunya (JxCat), que impulsó uno de sus miembros, el expresidente Carles Puigdemont. Ahora, él y su círculo más cercano han lanzado una OPA hostil al PDeCAT con la iniciativa de la Crida.

El pasado 16 de julio, Puigdemont presentó la Crida junto con el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el expresidente de la organización independentista ANC Jordi Sànchez. Su argumento para justificar la creación de un nuevo espacio electoral dentro del independentismo es que hacen falta unas siglas capaces de aunar todas las sensibilidades para maximizar los resultados electorales.

Sin embargo, aunque esta es la teoría que se expone públicamente, el resultado en la práctica es completamente diferente. Sobre todo, porque los otros principales partidos independentistas, ERC y la Crida d’Unitat Popular (CUP), se desmarcaron de la iniciativa incluso antes de que esta viera la luz. Por lo tanto, si estas fuerzas se mantienen al margen, es imposible hablar de un movimiento aglutinador.

Una de las claves para entender por qué se habla de OPA hostil hacia el PDeCAT es el momento escogido para la presentación de la Crida: en la misma semana en que se debe dirimir la nueva dirección de los herederos de Convergència. Actualmente, al frente del partido está Marta Pascal, que empezó como militante de base en las juventudes convergentes y que apuesta por un independentismo posibilista que huya de la unilateralidad.

Se podría decir que, dentro de su partido, Pacal encarna el seny, ese vocablo catalán traducible por ‘sentido común’ y que históricamente habían reivindicado los convergentes, en especial el que fuera presidente de la Generalitat durante más de dos décadas, Jordi Pujol.

Sin embargo, son muchos los militantes del PDeCAT que no se sienten cómodos con este sosiego. Su máximo exponente es Carles Puigdemont, que ya empezó a marcar distancias con su partido en su etapa como presidente, algo que se agudizó cuando se acercaron las pasadas elecciones autonómicas e impulsó JxCAT. De hecho, recientemente Puigdemont rechazó la oferta de Pascal para ser presidente del PDeCAT. Arguyó que su negativa era por su situación personal y judicial -se halla en Alemania pendiente de una orden de extradición-, pero estos argumentos parecen forjados de cara a la galería, dados los sucesos posteriores.

Más allá de Puigdemont, que se ha apartado de las dinámicas del día a día en el PDeCAT, han surgido otras voces críticas. Por ejemplo, los exconsejeros Jordi Turull, Josep Rull yJoaquim Forn, en prisión preventiva por su implicación en el referéndum del 1 de octubre y de la declaración unilateral de independencia, publicaron una carta conjunta en la que pedían a Pascal que el PDeCAT se sume a la Crida.

En caso de que Pascal se oponga, ya se está forjando una candidatura alternativa para arrebatarle la dirección a Pascal. La encabeza un alcalde del área metropolitana de Barcelona, Joan Ramon Casals, que en los últimos días ha estado de gira, visitando a los consejeros encarcelados y al propio Puigdemont.

Con todo este contexto, el congreso del PDeCAT se presenta como una auténtica guerra entre los partidarios de conservar la marca y los que prefieren sumarse al espacio electoral de la Crida, que necesita de los herederos de Convergencia para disponer de espacios electorales y subvenciones en las elecciones municipales del 2019, así como en unas hipotéticas elecciones autonómicas anticipadas.