PSOE y Podemos, tan cerca y tan lejos

El pacto entre PSOE y Podemos es una de las pocas opciones aparentemente factibles, con el apoyo de IU y de los nacionalistas, para la formación de un nuevo Gobierno, pero tras la oferta presentada por Pablo Iglesias a Pedro Sánchez el pasado viernes parece aún más en el aire que antes.
 El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (i) pasa junto al líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), durante la sesión constitutiva de la Cámara El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (i) pasa junto al líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), durante la sesión constitutiva de la Cámara Baja el 13 de enero. EFE/Archivo/Sergio Barrenechea

Carlos Moral

Entre PSOE y Podemos hay amplias afinidades ideológicas, al menos sobre el papel de los programas, y también algunas discrepancias relevantes, pero sobre todo, existe entre ellos una feroz competencia por el mismo espacio electoral (muchos de los votantes de Podemos en su día lo fueron del PSOE), de forma que el éxito de unos se relaciona directamente con el fracaso de los otros.

Desde el 20 de diciembre ambos han reiterado que la sociedad española demanda un cambio y que Mariano Rajoy no debe seguir al frente del Gobierno, pero su insistencia no ha sido menor a la hora de adjudicarse mutuamente la responsabilidad de un eventual fracaso en las negociaciones para formar un gobierno de izquierda, antes incluso de que éstas empezaran.

Las diferencias entre los dos partidos van más allá del terreno ideológico: desde su nacimiento hace dos años, Podemos ha construido un relato, heredero del espíritu del 15-M, en el que situó al PSOE junto al PP, ambos como representantes de la “casta” de la vieja política y de un sistema que gobierna de espaldas a la ciudadanía.

La respuesta del PSOE ha sido caricaturizar a Podemos como populistas dispuestos a defender las ideas que mejor sirvan a sus fines en cada momento.

En este contexto, la propuesta de gobierno formulada por el líder de Podemos, Pablo Iglesias, al salir de su reunión con el Rey, sin que el PSOE la conociera antes y concretando incluso un reparto ministerial, fue acogida por el aparato socialista como un chantaje o un movimiento táctico para situar al PSOE ante una disyuntiva imposible.

Si Pedro Sánchez pacta con Podemos, lo estará haciendo con un competidor cuyo objetivo es sobrepasarle y con el que no hay una relación de confianza, pero su alternativa es dejar gobernar al PP, lo que podría acarrear importantes consecuencias electorales, o ir a nuevas elecciones con su liderazgo cuestionado.

Mientras Pablo Iglesias cuenta por ahora con el respaldo de su partido, sobre los movimientos de Sánchez pesa la tutela de los “barones” (líderes autonómicos), reticentes a un pacto con Podemos, pese a que algunos de ellos gobiernan gracias a sus votos, y más aún con los independentistas, cuya abstención sería necesaria en la ecuación.

El Comité Federal del próximo sábado, tres días antes de la entrevista de Sánchez con el Rey, determinará la dirección a seguir por el secretario general socialista, cuya aspiración es cuadrar un pacto que le permita gobernar con acuerdos puntuales a derecha e izquierda (Ciudadanos y Podemos), una posibilidad que a día de hoy parece todavía más complicada que las demás.

Lo cierto es que, atendiendo a sus propuestas programáticas, las posibilidades de acuerdo entre PSOE y Podemos parecerían prometedoras: ambos anuncian el fin de los recortes sociales (Podemos va más lejos y plantea un plan de emergencia social) y proponen, con distintos matices, reformas para hacer más progresivo el IRPF, subida del salario mínimo y renta garantizada o ingreso mínimo vital para las familias más vulnerables.

También están de acuerdo en derogar la ley de educación (Lomce), la Ley de Seguridad Ciudadana (conocida como Ley Mordaza) y la reforma laboral, todas ellas aprobadas por el PP (Podemos también quiere revocar la reforma laboral del PSOE), promover una educación laica y anular el concordato con la Santa Sede.

Aunque con ciertas diferencias, comparten la necesidad de medidas para frenar la violencia machista y los desahucios, luchar contra la pobreza energética, devolver la tarjeta sanitaria a los inmigrantes irregulares y legislar contra la corrupción y a favor de la regeneración democrática.

Discrepan sobre la lucha contra el terrorismo yihadista y la reforma de la Justicia, pero el principal escollo es el asunto territorial, concretamente Cataluña. Podemos reclama un referéndum sobre la independencia, una exigencia que, en caso de mantenerse, el Comité Federal socialista estima suficiente argumento como para no abrir siquiera negociaciones.

Aunque Podemos ha dejado últimamente en segundo plano esta propuesta, que inicialmente señaló como “línea roja”, su marca catalana, En Comú Podem, sigue considerándola irrenunciable, y también es esencial para la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que anunció esta semana que impulsará un nuevo partido de izquierda