El PSOE se fractura en una crisis sin precedentes

El enésimo revés electoral y las discrepancias sobre las negociaciones para formar gobierno han precipitado al PSOE a una crisis sin precedentes, que ha fracturado al partido en dos mitades que pugnan no sólo por el control del partido sino también por dirigir el proceso que determinará quien se hace con el poder.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en el congreso extraordinario de su partido. El PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en el congreso extraordinario de su partido. El PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia en el barómetro del CIS de julio EFE/Archivo/J.J. Guillen

 

Carlos Moral

Al día siguiente de la debacle socialista en las elecciones gallegas v vascas el secretario general, Pedro Sánchez, intentando legitimar su debilitada posición, propuso al Comité Federal la convocatoria de primarias el 23 de octubre y congreso federal el 1, 2 y 3 de diciembre -ahora prefiere noviembre-, una convocatoria que importantes sectores del partido rechazaron con contundencia.
Para los críticos, la intención de Sánchez es blindarse para continuar utilizando el calendario de la investidura para seguir en la Secretaría General.
En cualquier caso, con su decisión de convocar primarias y congreso en el partido antes de que se forme gobierno en el país, Sánchez ha convertido la crisis de su partido en un asunto de Estado, porque de su resolución dependerán las ulteriores negociaciones.
El pasado miércoles, diecisiete miembros de la dirección socialista, entre ellos la presidenta del partido, Micaela Navarro, presentaron la dimisión para forzar la salida de Sánchez, pero éste se negó a renunciar, mientras se abría un enfrentamiento entre los dos bandos sobre la interpretación de los estatutos.
Los últimos acontecimientos constituyen el desenlace de una disputa que, aunque larvada, comenzó poco después de que Sánchez fuera elegido secretario general en julio de 2014 con el decisivo apoyo de la presidenta andaluza, Susana Díaz, ahora una de sus principales opositoras.
Aunque Díaz ha asegurado que la federación andaluza ayudará a “coser” la unidad en el PSOE, la batalla por el poder en el partido no parecer tener vuelta atrás y se saldará con vencedores y vencidos. Los dos bandos medirán sus fuerzas mañana sábado en el Comité Federal, máximo órgano del partido entre congresos.

 

La rebelión de Pedro Sánchez ante los barones
Con la convocatoria de las primarias y el congreso federal Sánchez pretende buscar refugio en la militancia ante el cerco de los críticos, obligar a éstos a definir su postura ante la investidura de Mariano Rajoy y forzarles a dar un paso al frente si quieren competir por el liderazgo del partido.
La urgencia de los plazos favorece a Sánchez porque deja poco tiempo de reacción a sus rivales. Él lo justifica en la necesidad de que el partido tenga una sola voz en las negociaciones de gobierno, aunque hasta ahora se había opuesto a convocar el congreso, -pendiente desde febrero-, precisamente para no interferir en la investidura.
Sánchez plantea que los militantes deben resolver lo que llama un debate de fondo: decidir entre que el PSOE se convierta en una fuerza subalterna del PP y facilitar su gobierno o dejar libertad a su secretario general para intentar armar una alternativa con otras fuerzas y en ningún caso ayudar a que los populares gobiernen, la postura que él defiende.

 

La respuesta de los críticos

Para la mayoría de los barones -presidentes autonómicos- socialistas y también para importantes sectores del PSOE, las primarias y el congreso que plantea Sánchez son un ardid para tratar de mantenerse al frente del partido y no asumir la responsabilidad por las sucesivas derrotas electorales.
La rápida reacción de los críticos, intentando forzar la inmediata salida de Sánchez con la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva antes del Comité Federal, denota que no están seguros de contar con los apoyos suficientes para derrotar la propuesta del hasta ahora secretario general.
Partidarios y detractores de Sánchez pugnan por el control de los tiempos del proceso para dirimir el liderazgo del PSOE, algo que puede resultar decisivo en la resolución final. Sin embargo, los plazos para la investidura, con la posibilidad de volver a las urnas en diciembre, complican el escenario.
Horas antes de las dimisiones, el ex presidente del Gobierno Felipe González se situó abiertamente al lado de los críticos y aseguró sentirse “engañado” porque Sánchez le dijo que se abstendría en segunda votación en la investidura de Rajoy. De tomar esa decisión, Sánchez hubiera ido en contra del mandato del Comité Federal, que en enero pasado determinó que el PSOE no apoyaría a Rajoy ni gobernaría con independentistas, una posición que no ha revocado hasta ahora.
González, como otras voces del partido, ya se había mostrado hace tiempo favorable a dejar gobernar al PP en minoría, pero entre los barones y los dirigentes con poder orgánico nadie, excepto el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, se ha declarado abiertamente a favor de esa opción.
En las próximas fechas no tendrán más remedio que pronunciarse y abandonar la ambigüedad en la que se han movido hasta ahora, cuestionando implícita o explícitamente a Sánchez pero sin explicar su alternativa.
La presidenta andaluza, Susana Díaz, ha anunciado su disposición a estar “dónde le pongan sus compañeros”, dando a entender que está lista para competir por la secretaría general, e insiste en que el congreso federal se celebre cuando haya gobierno.

 

El dilema de la investidura

Los resultados de las elecciones del pasado 26 de junio situaron al PSOE ante la peor disyuntiva posible para el partido: facilitar con su abstención un gobierno de Mariano Rajoy o ir a unas terceras elecciones.
Había otras alternativas más apetecibles para los socialistas, pero prácticamente irrealizables: que Rajoy lograra la investidura pese al voto negativo del PSOE -necesitaría el apoyo de los independentistas- o que Sánchez consiguiera aglutinar a su alrededor una mayoría variopinta, iniciativa que aún reivindica.
Unas terceras elecciones, de acuerdo con las encuestas y la tendencia que muestran los comicios que se han celebrado desde diciembre pasado, previsiblemente favorecerían al PP, más aún cuando al PSOE le va a resultar complicado sacudirse la imagen, acuñada por los populares y por Ciudadanos, de ser responsable de la insólita repetición de los comicios.
Pero la otra opción, facilitar el gobierno de Rajoy, también puede suponer enormes costes políticos para el partido: el declive electoral del PSOE comenzó tras la gestión de la crisis en el segundo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (2008-2011), que muchos de sus votantes identificaron con las políticas de la derecha y, desde entonces, la dirección socialista se ha esforzado en marcar distancias nítidas con ellas.
De la crisis derivó una consecuencia aún más grave para el PSOE: el nacimiento de nuevos partidos, en particular Podemos, que disputan el espacio electoral con el PSOE y que han provocado un cambio radical del escenario.
Tras dos campañas electorales en las que los socialistas se han presentado como única alternativa posible al PP y en las que han culpado a Rajoy de los recortes sociales y de la corrupción de los populares, no sería fácil justificar ante muchos electores una abstención que le mantenga en la Moncloa.
Sin embargo, un sector del partido cree que el partido saldrá mejor parado si deja gobernar a Rajoy en minoría, condicionando su política y aprovechando para reconstruir el partido mientras tanto. EFE-doc

 

 

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Publicado en: Reportajes

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