El PSOE, ante su reconstrucción más difícil

Una vez superado el amargo trance de la abstención ante la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, el PSOE se enfrenta a su tercera reconstrucción del último lustro, aún más delicada que las anteriores, porque la encara con la mayor división y los peores resultados electorales de las últimas cuatro décadas.
El Partido Socialista español (PSOE) vive posiblemente la peor crisis de su historia, con la división de sus órganos directivos. EFE/Kote RodrigoEl Partido Socialista español (PSOE) vive posiblemente la peor crisis de su historia, con la división de sus órganos directivos. EFE/Kote Rodrigo

 

Carlos Moral

 

En los próximos meses tendrá que convocar un congreso y elegir nuevo líder, el cuarto desde 2011. Javier Fernández, el presidente de la gestora que dirige el partido desde que el pasado 1 de octubre Pedro Sánchez abandonó la Secretaría General, subraya la necesidad de “reconstruir discurso, proyecto, ideas y liderazgo”.
Sin embargo, la reconstrucción parece haberse convertido en un estado permanente para el PSOE desde 2011, cuando en las elecciones generales el partido pasó de 169 escaños a 110 mientras el PP se disparaba a la mayoría absoluta con 186 diputados.
Un Congreso ordinario en 2012, en el que Alfredo Pérez Rubalcaba derrotó por solo 22 votos a Carme Chacón; y otro extraordinario en 2014 tras la renuncia de Rubalcaba, en el que fue elegido secretario general Pedro Sánchez después de ganar las primarias, no frenaron al declive socialista, que ahora tienen 25 escaños menos que entonces, y tampoco sirvieron para unir y fortalecer al partido.
Al final, los teóricos esfuerzos de reconstrucción han terminado siendo meras soluciones provisionales, aparentemente más determinadas por los equilibrios de poder entre las federaciones que componen el partido y los dirigentes que aspiran al liderazgo que por un debate de ideas, discurso o proyecto.
Las refriegas de los dos últimos comités federales -la primera en torno al liderazgo de Sánchez y a su intención de convocar congreso y primarias con urgencia, y la segunda en relación con la abstención en la investidura de Rajoy – han fracturado en dos al partido.
Sin embargo, más allá de las divergencias en torno a la investidura o sobre cuándo hay que consultar a los militantes, el debate de fondo está entre quienes creen que el futuro del PSOE pasa por su izquierda -disputar el espacio electoral a Podemos- y los que opinan que el partido no pueden abandonar una posición central si quiere alcanzar el gobierno.
En ese contexto se pueden entender las palabras en el último Comité Federal de la presidenta andaluza, Susana Díaz, cuando dijo que no quiere militar en “una Izquierda Unida grande” ni tampoco que “hagan con el PSOE lo que han hecho con otros” (en referencia a IU).
O, en el lado contrario, las del exministro Josep Borrell, que mostró su asombro ante quienes defienden que el PSOE nunca debe hablar con Podemos, porque “si las dos izquierdas no son capaces de aproximar posiciones, gobernará siempre la derecha”.
Lo cierto es que en 2008, cuando los socialistas obtuvieron su mejor resultado en unas elecciones generales de los últimos 25 años, con 169 escaños, lograron aglutinar el voto de la izquierda, que apenas se fragmentó -dos escaños IU, 3 los independentistas catalanes de ERC y dos los nacionalistas gallegos del BNG-. En ese mismo periodo de 25 años, el PP no ha bajado del 37 % de los votos.
Unos datos que parecen indicar que las posibilidades del PSOE de volver a ser hegemónico pasan por recuperar a los electores de izquierda.
Susana Díaz se perfila como una de las aspirantes a dirigir el PSOE. Al lado tendrá a su federación, la más poderosa del partido, e intentará reunir a los que apoyaron la caída de Sánchez primero y la abstención en la investidura después.
Lo más probable es que tenga competencia. El ex secretario general, apenas un par de horas después del Comité Federal que sancionó la abstención socialista en la investidura, anunció que “pronto” llegará el momento de que la militancia recupere y reconstruya “su PSOE”, un partido autónomo y “alejado del PP”, donde las bases serán las que decidan.
Sánchez, todavía montado en el “no es no” a Rajoy, confía en que los militantes, que en 2014 le auparon a la Secretaría General, le restituyan lo que sus compañeros en la dirección le han quitado. Pero ni él ni Díaz han aclarado sus intenciones futuras.
También hay terreno para otros candidatos, más cuando Díaz y Sánchez pueden acusar el desgaste de la pelea que han librado en los últimos meses y la militancia preferir a un secretario general no contaminado por los rifirrafes.
Borrell, que en 1998 ganó las primarias para ser candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno aunque unos meses después renunció en medio de divergencias con la dirección del partido, no cerró la puerta a concurrir a unas primarias y solicitó la convocatoria urgente del congreso federal “que será la última oportunidad para evitar la desaparición del PSOE”, según dijo.
La fecha del cónclave también divide a los socialistas. Mientras algunos, entre los que se sitúa a Susana Díaz, son partidarios de que la gestora deje pasar seis meses a fin de tener tiempo para estabilizar el partido, otros consideran que el PSOE no puede seguir en manos de una gestora y necesita que los militantes se pronuncien cuanto antes.
Antes de eso, la dirección tendrá que solventar el conflicto con los socialistas catalanes del PSC, que han decidido no acatar la disciplina de voto y oponerse a la investidura de Rajoy. Lo previsible es que después de la votación las aguas vuelvan a su cauce, porque el PSOE tiene mucho que perder si el PSC se desliga del partido.
No es que la historia reciente del PSOE haya estado huérfana de discordias: abandono del marxismo (1979), cambio de postura sobre la entrada en la OTAN (1986), distanciamiento de UGT (1988), salida del Gobierno del vicepresidente Alfonso Guerra (1991), elección del sucesor de Felipe González (1999), decisiones sobre la crisis del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (2010)… pero nunca las abordó desde una posición tan débil y dividida. EFE

Etiquetado con: ,
Publicado en: Análisis