Presupuestos intentan conciliar austeridad y año electoral

Los presupuestos presentados por el Gobierno para 2015 mantienen la austeridad y la contención del gasto, pero presentan dos novedades sobresalientes respecto a los últimos años: el aumento de la inversión y el recorte de impuestos.
El ministro de  de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, EFE/ArchivoEl ministro de de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, EFE/Archivo

Carlos Moral,

Sin duda, que el próximo sea un año electoral ha influido en el proyecto elaborado. Tras años de ajustes y recortes, el Gobierno quiere trasladar el mensaje de que su política ha funcionado y que cuando se acerca el final de su mandato la recuperación económica, aunque incipiente, es ya una realidad.

Los presupuestos se fundamentan en unas previsiones económicas optimistas: crecimiento del 2 % del PIB; aumento de la recaudación tributaria (5,4 % más que en 2014); recorte del gasto (3,4 % menos); y una reducción del desempleo (se crearán 350.000 empleos netos y el paro se reducirá al 22,9 %).

El Gobierno cree que la reforma fiscal, que pondrá más dinero en manos de los ciudadanos, y la reducción del desempleo activarán la economía y harán crecer el consumo, variable sobre la que se asentará la mayor parte del crecimiento del PIB.

A la vez, se reducirán los gastos que suponen las prestaciones por desempleo (un 15 % menos) y también será necesario menos dinero para hacer frente al pago de la deuda, gracias a la bajada de la prima de riesgo.

Sin embargo, sobre el cumplimiento de las previsiones del Gobierno se deslizan sombras. Una de ellas es la incertidumbre sobre el crecimiento que experimentarán en los próximos meses las principales economías de la eurozona (Alemania, Francia e Italia), que podría tener una repercusión determinante para la economía española.

Entre otras cosas, porque uno de los motores de la economía española en los años de la crisis, tras el desplome de la construcción y la caída del consumo, han sido las exportaciones que, en una medida sustancial, tienen como destino el mercado europeo.

Otra dificultad para que se dinamice la economía y crezca el consumo en la medida que el Gobierno espera es el elevado índice de paro (alrededor de cinco millones de personas) y la precariedad de muchos empleos, con salarios reducidos.
A ello hay que sumar la deuda externa, que según las previsiones superará el próximo año el 100 % del PIB (segundo país del mundo, tras Estados Unidos, con mayor deuda).

El instrumento que empleará el Gobierno para intentar trasladar a los ciudadanos la recuperación a la vez que trata de reactivar la economía es la reforma fiscal. Sin embargo, pese a que los contribuyentes pagarán menos en general (la reducción de impuestos será mayor en 2016), se espera que la recaudación crezca un 5,4 %.

El aumento de ingresos por el IVA (7,2 % más), el Impuesto sobre Sociedades (20,4 %) y los impuestos especiales (4,4 %) compensarán con creces la mínima bajada (0,6 %) de los ingresos que se esperan por IRPF.

Para hacer estos cálculos, el Gobierno confía, una vez más, en que la reactivación económica hará que crezca la recaudación al aumentar el número de contribuyentes.

 

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