PP y PSOE, del cara a cara al cuerpo a cuerpo

En las elecciones llamadas a certificar el ocaso del bipartidismo PP y PSOE han enfocado sus campañas identificándose mutuamente como principales adversarios, como constató el bronco desarrollo del cara a cara televisivo entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.
  • Pedro Sánchez , secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno, en un mitin en Mallorca.  EFE/Archivo/Atienza
Pedro Sánchez , secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno, en un mitin en Mallorca. EFE/Archivo/Atienza
  • El presidente del Gobierno y candidato del PP, Mariano Rajoy, en el acto de inicio de campaña para el 20D.El presidente del Gobierno y candidato del PP, Mariano Rajoy, en el acto de inicio de campaña para el 20D. EFE/Archivo/Jorge Zapata
  • Pedro Sánchez , secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno, en un mitin en Mallorca.  EFE/Archivo/Atienza
  • El presidente del Gobierno y candidato del PP, Mariano Rajoy, en el acto de inicio de campaña para el 20D.

Carlos Moral

El mensaje

Economía, empleo y defensa de la unidad de España como puntos clave, y experiencia, fiabilidad y equipos solventes como avales, han sido los ejes de la campaña del PP, resumidos en el lema “España en serio”.

Los populares han puesto el acento en los logros de su política económica, que presentan como la única posible, y se atribuyen haber salvado al país del rescate de la UE y haberle conducido a la senda del crecimiento y la prosperidad pese a haber recibido una herencia catastrófica de los socialistas.

El mensaje incide en que tras los sacrificios ha llegado la hora de trasladar las mejoras a los ciudadanos, una política que ha guiado las decisiones gubernamentales adoptadas en los meses previos a las elecciones (rebajas de impuestos, devolución de la paga extra de 2012 a los funcionarios, entre otras).

Por su parte, el PSOE ha centrado su campaña en la crítica a los recortes sociales y de derechos que atribuye al Gobierno del PP, en especial en lo que se refiere a sanidad, educación y dependencia, que condensa en el lema “Un futuro para la mayoría”.

Derogar la reforma laboral y la ley de educación (Lomce) aprobadas por el Gobierno del PP, destinar más fondos a la dependencia, estimular la creación de empleo indefinido mediante la reducción de las modalidades de contratación a tres tipos, favorecer la igualdad de género e intensificar la lucha contra la violencia machista están entre las principales propuestas socialistas.

Como garantía, los socialistas miran a su pasado y reivindican la paternidad de la puesta en marcha del estado del bienestar y de muchas de las leyes con las que creen que se han ampliado los derechos de los ciudadanos (aborto, dependencia, Ley de Igualdad, matrimonio homosexual, Ley Integral contra la Violencia Machista…)

Las estrategias

La irrupción de Podemos y Ciudadanos ha provocado un cambio sustancial en las campañas de PSOE y PP. Los mítines masivos y el despliegue de cartelería han quedado en segundo plano, mientras la batalla se jugaba en los platós de televisión, donde Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han multiplicado sus apariciones y, en menor medida, en las redes sociales.

La estrategia del PP ha identificado al PSOE como rival principal y ha intentado devaluar a los partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, a los que presenta como “experimentos” carentes de experiencia y de equipos, a la vez que ha insistido en que su salida del Gobierno pondría en riesgo la recuperación económica.

Favorito en todas las encuestas, ha reiterado que sólo gobernará si su lista es la más votada y ha tratado de movilizar el voto útil bajo la amenaza de que si no logra una victoria amplia el resto de formaciones podrían unirse en su contra, como ha sucedido en algunas comunidades autónomas y ayuntamientos.

De manera simétrica a los populares, el PSOE ha centrado su estrategia en atacar al PP presentándose como la única alternativa posible para acabar con el Gobierno de Mariano Rajoy.

Ciudadanos y Podemos han dirigido muchas de sus acometidas a los socialistas, que para defenderse han subrayado la poca solvencia de unos y otros e incluso han rescatado la imagen de “la pinza”, acuñada en los años noventa para describir el acoso de PP e IU sobre el PSOE, de la que declaran herederos a Ciudadanos y Podemos.

Los líderes

Al contrario que sus principales oponentes, el PP ha preferido la marca al liderazgo, y no ha centrado la campaña sólo en Rajoy sino que ha tratado de acreditar que dispone de un equipo extenso y capaz, concediendo una relevancia destacada a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que incluso ha compartido protagonismo en los carteles con el presidente del Gobierno.

El PSOE ha apostado por la renovación y por desligarse de su pasado reciente, apoyado en un líder joven y libre de vínculos con la gestión del último Gobierno socialista. A la experiencia y la solidez que representa Rajoy para los populares, los socialistas contraponen la frescura de un Sánchez sin cargas.

Los debates

Los debates de la campaña han generado, a su vez, un intenso debate sobre sí mismos. Rajoy sólo ha asistido al cara a cara con Sánchez y, aunque su ausencia ha recibido unánimes críticas desde la oposición, que le acusa de falta de talante democrático, los expertos creen que ha acertado, evitando el desgaste al que le habrían sometido los ataque de sus adversarios.

Para el PP se trataba de conservar la posición y minimizar posibles daños, porque las encuestas le sitúan en cabeza, aunque sea con una exigua mayoría, pero para los socialistas los debates eran una oportunidad y por eso su líder se ha prodigado en ellos.

En ausencia de Rajoy, los ataques de los partidos emergentes han recaído con frecuencia sobre Pedro Sánchez quien, obligado a prodigarse en todos los frentes, tuvo dificultades para exhibir contundencia en los debates en los que participaron Pablo Iglesias y Albert Rivera.

Probablemente por eso se lanzó a un ataque sin cuartel en el cara a cara con Rajoy, una actitud que puede que agradara a muchos de sus potenciales seguidores, pero que desembocó en un intercambio bronco y lleno de interrupciones, especialmente en el capítulo de la corrupción, un espectáculo al que los ausentes Iglesias y Rivera asistieron encantados.