Portugal: ayudas a la banca superan los 14.000 millones desde 2008

Desde que estalló la crisis en 2008, el Estado luso ha gastado más de 14.000 millones de euros en la banca, cifra que puede seguir creciendo por incógnitas como la venta de Novo Banco y el futuro de la Caixa Geral de Depósitos (CGD).
El presidente del BCE, Mario Draghi (i) participa en la reunión del Consejo de Estado portugués, celebrado en Lisboa en abril paasado. EFE/Antonio CEl presidente del BCE, Mario Draghi (i) participa en la reunión del Consejo de Estado portugués, celebrado en Lisboa en abril paasado. EFE/Antonio Cotrim

Paula Fernández

Este valor, que se desprende de datos del Tribunal de Cuentas y el Instituto Nacional de Estadística (INE), representa casi el 8 % del PIB portugués y no incluye las ayudas devueltas por algunas entidades ni las ganancias obtenidas con el cobro de intereses.

La agencia Moody’s alertó recientemente de que la banca lusa es una de las más frágiles de Europa por sus niveles de capital, pero esta debilidad viene de atrás: en los últimos 8 años tres entidades fueron rescatadas y otras tantas recibieron apoyos públicos.

El primer descalabro data de 2008, cuando el Banco Portugués de Negocios (BPN) se convirtió en el primero en ser nacionalizado en la democracia lusa para evitar que sus pérdidas contagiasen al sector.

Las pérdidas para el Estado generadas por ese pequeño banco, después vendido al angoleño BIC por 40 millones, superaban en 2014 los 2.700 millones de euros y aún pueden seguir aumentando.

Un año después, el Banco Privado Portugués (BPP) se declaró en suspensión de pagos y acabó por desaparecer después de que Lisboa se negase a inyectarle dinero por estar asociado a delitos de falsificación de cuentas y blanqueo.

Aun así, una garantía del Estado concedida antes de su quiebra y los reembolsos realizados a varios inversores acabaron por provocar pérdidas estatales de más de 650 millones de euros.

Pero el mayor escándalo sin duda fue el del Banco Espírito Santo (BES) en 2014, cuando se descubrió que la mayor entidad privada lusa había falsificado sus cuentas y escondía pérdidas de más de 3.500 millones de euros, por lo que fue intervenida.

Con sus activos saludables se creó Novo Banco, recapitalizado con un crédito público de 3.900 millones y otros 1.000 millones del sistema financiero y que aún trae de cabeza al Gobierno, ya que no se ha conseguido vender y no se sabe cuánta inversión se recuperará.

Portugal está obligado a desprenderse de él como muy tarde en agosto de 2017 y la entidad ya vive su segundo proceso de venta, aunque no se descarta que este segundo intento también fracase y que sus necesidades de capital deban ser afrontadas por el Estado.

“Todos los escenarios siguen encima de la mesa. No excluiría una nueva ayuda estatal adicional, aunque el foco debería ser la creación de valor para limitar pérdidas y negociar un aplazamiento del plazo de venta”, explicó a Efe el gestor de XTB Eduardo Silva.

El último revés se vivió en diciembre de 2015, cuando se anunció la intervención de Banif, la menor de las principales entidades financieras lusas y que, por el momento, tuvo un impacto en el déficit luso de casi 2.500 millones y que todavía puede aumentar.

Banif fue liquidado y su negocio saludable vendido por 150 millones al español Banco Santander, que además recibió otros 2.000 millones en concepto de garantías para cubrir contingencias futuras.

En Banif ya se había inyectado capital público durante los años del rescate -que no llegó a devolver-, al igual que en el Banco Comercial Portugués (BCP, que todavía debe 900 millones) y el Banco Portugués de Inversiones (BPI, que ya reembolsó todo).

A esta factura hay que sumar los aumentos de capital y la financiación aportada a la estatal CGD, el mayor banco del país, que hasta 2014 ya le había costado al Estado cerca de 3.200 millones y que ahora necesita ser recapitalizada.

El Gobierno no ha dado cifras, pero la prensa especula con que sus necesidades de capital oscilan entre los 4.000 y 5.000 millones.

El impacto de esta operación en el resto de la banca lusa será “total”, consideró el analista Silva, que resaltó que “la Caixa es un pilar del sistema financiero, incluso por su papel de impulsor del crédito a la economía”, y su estabilidad es importante para mantener un sentimiento positivo en el mercado.

El Consejo de Finanzas Públicas -entidad estatal que revisa la evolución presupuestaria del Estado- avisó en julio de que la recapitalización de la CGD puede tener un impacto negativo en el déficit presupuestario y en la deuda pública, al igual que la compensación de los clientes afectados del antiguo BES.

Miles de pequeños inversores perdieron sus ahorros al comprar papel comercial del BES -deuda a corto plazo que fue vendida como un producto de bajo riesgo- y una entidad estatal, el Fondo de Resolución, se hará cargo en parte de su compensación.

“No es posible avanzar el montante o el momento” en el que se hará esa compensación, pero será otra carga para la factura pública de las ayudas a la banca, concluyó Silva.

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Publicado en: Análisis