¿Por qué en España no triunfa el populismo xenófobo?

Europa asiste al crecimiento de partidos de derecha, populistas y xenófobos, que ha tenido su último capítulo en el éxito de "Alternativa para Alemania", pero este tipo de formaciones no existen en España ¿por qué somos una excepción?
Un joven ultraderechista pisa una bandera independentista catalana tras un acto convocado por la Plataforma Adelante Cataluña en Barcelona. FE/ArchivUn joven ultraderechista pisa una bandera independentista catalana tras un acto convocado por la Plataforma Adelante Cataluña en Barcelona. FE/Archivo/Andreu Dalmau

María López 

El ascenso del ultraderechista Alternativa para Alemania en tres “länder” (provincias) germanos se une al creciente poder del Frente Nacional en Francia, el Partido por la Libertad (PVV) de Holanda o el Partido Popular Danés, formaciones que han crecido gracias al voto de protesta con discursos que agitan el rechazo al diferente. 

Por el contrario, en España, con una tasa de desempleo que no ha descendido del 20 % durante la crisis y una población extranjera en torno a cinco millones de personas, el 10% del total, sólo hay dos partidos de ultraderecha con una mínima influencia, España 2000 y Plataforma per Catalunya, y su poder se reduce a concejales municipales.

La cercanía del franquismo, el hermetismo del sistema electoral, o el nacimiento de partidos-protesta de izquierda serían algunos de los factores que explican la excepcionalidad de España, según los expertos consultados por la Agencia EFE.

Ignacio Molina, politólogo e investigador del Real Instituto Elcano, habla de una “vacuna contra el extremismo” para explicar que “en los países donde hay un pasado que estigmatiza las opciones de ultraderecha éstas no existen”, grupo en el que se englobarían España, pero también Portugal o, hasta la pasada semana, Alemania.

El historiador Xavier Casals, experto en partidos de ultraderecha en España, explica que el franquismo influyó asimismo en la configuración del discurso que estos grupos hicieron al finalizar la dictadura y que no pasó de los códigos de “los años 30” ofertando nostalgia a un país que quería “pasar página”.

La “cosmovisión igualitaria” de un extremismo ultracatólico habría dificultado también la introducción de discursos xenófobos.

Sin embargo, estos partidos podrían haber tenido una nueva oportunidad cuando en la primera década del siglo XXI España recibió a millones de inmigrantes, una presión migratoria que podría haber desatado un conflicto que no existió.

Para Ignacio Molina el caldo de cultivo del populismo de ultraderecha es la existencia de capas de la población que achacan a la globalización, la inmigración o a la Unión Europea -“todo aquello que de cierta manera diluye el Estado” apunta- sus problemas de empleo o inseguridad y la creencia de que los partidos tradicionales no satisfacen sus demandas y los populistas (con soluciones fáciles y proteccionistas), sí.

La mayor parte de la población extranjera llegó a España en un momento de expansión económica en la que el desempleo registraba cuotas menores y la menor competición por el empleo redujo el conflicto.

Además, explica Casals, la ultraderecha española carecía (como ya le había ocurrido durante la transición) de una “oferta clara, programática, de liderazgo… de una formación hegemónica”.

Cataluña es la autonomía donde más poder ha tenido la ultraderecha (Plataforma per Catalunya), sin embargo la mayor lejanía cultural -en la región hay más inmigración magrebí que en otros territorios- es menos determinante de lo que a priori parecería.

“La construcción del discurso donde el diferente es un problema empaqueta al diferente sin ningún tipo de matices”, explica la politóloga Gemma Pinyol-Jiménez, experta en inmigración e investigadora de la Universidad Pompeu Fabra.

Pinyol-Jiménez advierte de que la inexistencia de un partido claramente xenófobo en España no implica que no existan discursos de corte racista, que en algunos ocasiones y a nivel municipal habrían sido asumidos por partidos mayoritarios.

Otro de los factores relevantes para la existencia o no de populismos de ultraderecha es la naturaleza del sistema electoral. Como destaca Molina, los sistemas donde el acceso de nuevos partidos es complejo evitan la entrada de estas formaciones.

Este ha sido, hasta el estallido de la crisis, el caso de España, que sin embargo está inmersa en un proceso de transformación de su sistema de partidos con más formaciones de peso.

Sin embargo, el voto de protesta (caladero para la ultraderecha), “está muy distribuido en el arco político porque han aparecido numerosas fuerzas que precisamente encarnan una protesta al sistema y una voluntad de cambio”, explica Casals. Por ello, la ultraderecha tiene la puerta cerrada por ahora.

¿Y en el futuro? Ante una mayor presión migratoria o la hipotética acogida de un número alto de refugiados, ¿podrían surgir opciones xenófobas?

Según los expertos consultados es improbable, aunque Casals indica que “la situación política española es fluida y puede haber recomposiciones pero no parece que haya espacio para estos partidos”.

Pinyol-Jiménez advierte de que “a pesar de que no haya un partido xenófobo tenemos muchos de los indicadores de que hay xenofobia en estado de alerta”. España es una excepción pero no es inmune.EFE 

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Publicado en: Reportajes