EL PODER Y LA GRANDEUR

En la agenda Internacional de la semana que empieza tiene especial relieve la visita de estado que, a partir del martes día 24, realiza a EEUU el presidente de la República Francesa, Enmanuel Macron, un escaparate único para contrastar las coincidencias y discrepancias de Francia, y por extensión de la Unión Europea, con la política internacional del presidente Donald Trump.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron  Macron, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, conversan durante un encuentro en París en junio de 2El presidente de Francia, Emmanuel Macron Macron, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, conversan durante un encuentro en París en junio de 2017. EFE/I.Langsdon

Laureano García, periodista

La visita ha suscitado notable expectación para ver la capacidad de comunicación y entendimiento de dos personalidades muy diferentes, por edad, formación y trayectoria política, que, sin embargo, parecen entenderse o que al menos lo intentan. Se confrontan la “grandeur” y el poder del líder de la primera potencia mundial.

Para situar a los protagonistas hay que señalar que EEUU y Francia, que comparten democracia liberal y un sistema de gobierno presidencialista, tienen estructuras diferentes. En EEUU el presidente comparte el poder con los estados de la Unión, que tienen gobierno, parlamento y poder judicial propios y son soberanos salvo en las materias que son competencia federal. Por el contrario, Francia es un estado centralizado, con un solo gobierno (que nombra el presidente de la República), un único parlamento y un solo poder judicial. El presidente Macron tiene más poder en Francia que el presidente Trump en EEUU. Esta realidad, sumada al peso de la cultura, el pensamiento y la historia de Francia, da forma a la “grandeur”. “Francia -dejó escrito De Gaulle- no puede ser Francia sin grandeza”.

El calendario político estadounidense, con elecciones en noviembre para renovar el Congreso y un tercio del Senado, pudiera llevar a Trump a repetir los tics habituales de su “América first” e insistir en la retórica aislacionista para fidelizar a los votantes que piensan que sus problemas se solucionan cerrando las fronteras a personas y mercancías extranjeras, pero, dado su carácter imprevisible, no se puede descartar que aproveche la visita de Macron para mostrar una mejor versión de sí mismo y de EEUU y hacer un gesto de acercamiento hacia los países de la UE.

Trump podría aprovechar la estancia en Washington del presidente francés para, sin desdecirse de su posición crítica, hacer algún gesto hacia la OTAN, la organización que ha bendecido su reciente bombardeo en Siria y también para apuntar alguna forma de diálogo y colaboración comercial con la UE, sin descartar formalmente la amenaza de guerra comercial.

Cuesta imaginar acercamiento en otros asuntos en los que Trump discrepa de la política de la UE, como el contenido de la “Cumbre de París” sobre el cambio climático, el acuerdo con Irán sobre el desarrollo de programa nuclear o las relaciones con Israel. Pero… si después de anunciar la salida y abandono de la guerra de Siria, Trump decidió bombardear instalaciones del gobierno de Damasco y tras amenazar con destruir Corea del Norte ha decidido reunirse con Kim Jong-un, por qué no admitir que pueda cambiar también su actitud respecto a Europa.
Mejor ocasión e interlocutor no va a tener para acercarse a la parte del mundo que comparte los valores de EEUU. Macron es co-líder con Angela Merkel de la UE y presidente de la primera nación aliada y amiga que tuvo EEUU. Francia, cuyas ideas ilustradas iluminaron la constitución estadounidense, fue el primer estado que estableció relaciones después de la independencia en 1776 y luchó al lado de los estadounidenses contra Inglaterra hasta que la independencia estuvo asegurada.

Trump y Macron escenificarán que pueden ser aliados y tener discrepancias y dar continuidad a una historia que viene de lejos, desde que al poco de alcanzar la independencia, la joven nación americana impidió que Napoleón expandiese su imperio en Norteamérica a la guerra de Irak, pasando por las discrepancias en las postguerras mundiales. Francia y EEUU combatieron en el mismo bando en las dos guerras mundiales y tuvieron serios problemas después para administrar la situación en la postguerra. El presidente Wilson, que fue recibido por los franceses como un héroe tras la Gran Guerra, no se entendió con el jefe de gobierno francés, Clemenceau, cuando éste quiso obligar a la Alemania vencida a pagar abultadas indemnizaciones de guerra. Y parecido encontronazo se produjo después de la II Guerra Mundial, cuando el análisis de la situación que hizo el general De Gaulle se apartó de la visión del mundo que tenía del presidente Eisenhower.

El sostenido apretón de mano de Macron a Trump en la cumbre de la OTAN resume e ilustra la relación entre los dos países y es, de alguna manera, continuidad del pulso firme de De Gaulle cuando, en contra del parecer estadounidense, se adelantó en reconocer a China, decidió tener su propia fuerza nuclear, no compartió la posición estadounidense en la guerra de Vietnam o decidió sacar a Francia de la estructura militar integrada de la OTAN, lo que obligó a la organización atlántica a instalar su sede en Bruselas y no en el norte de Francia como se había previsto. Ser amigo y aliado es compatible con estar de acuerdo en tener desacuerdos.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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