Podemos remueve el sistema político español

La irrupción de Podemos con 1,2 millones de votos en las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 25 de mayo, ha removido el ecosistema político español y ha situado al nuevo partido en el centro de todos los debates.
  • El eurodiputado electo y portavoz de Podemos, Pablo Iglesias, posa para las fotógrafos en una rueda de prensa el pasado 5 de junio. EFE/Archivo/JavieEl eurodiputado electo y portavoz de Podemos, Pablo Iglesias, posa para las fotógrafos en una rueda de prensa el pasado 5 de junio. EFE/Archivo/Javier Lizón
  • El eurodiputado electo de Podemos Pablo Echenique durante un encuentro con ciudadanos en la plaza del Pilar de Zaragoza. EFE/Archivo/Javier Cebollada
  • Pablo Iglesias (c), cabeza de lista de Podemos a las Elecciones Europeas saluda a sus simpatizantes el pasado 25 de mayo tras conocer los resultados electorales. EFE/Archivo/Emilio Naranjo
  • El eurodiputado electo y portavoz de Podemos, Pablo Iglesias, posa para las fotógrafos en una rueda de prensa el pasado 5 de junio. EFE/Archivo/Javie

María López 

Nadie supo prever el éxito de la joven formación encabezada por el politólogo Pablo Iglesias. Con apenas cuatro meses de vida, se convirtió en la cuarta fuerza política más votada y obtuvo cinco eurodiputados. Desde el 25-M oponentes políticos y prensa han tratado de radiografiar su éxito.

Sin embargo, la gran ruptura histórica de estos resultados electorales es el fuerte retroceso sufrido por el bipartidismo de PP y PSOE, ya que juntos no alcanzan el 50% del electorado, que ha votado a nuevas formaciones o ha optado por la abstención.

No es difícil encontrar las fórmulas novedosas que han permitido a Podemos y a Pablo Iglesias canalizar el deseo de cambio de más de un millón de ciudadanos.

En su discurso renuncian a la división izquierda-derecha y apuestan por un eje abajo-arriba, donde la ciudadanía -para ellos una mayoría social estafada- retoma una democracia profunda que va más allá de votar cada cuatro años.

Su dialéctica conecta con el 15-M o con el movimiento estadounidense Occupy, aunque Podemos identifica a la minoría de personas que detentan el poder con el término ‘casta’.

Entre sus propuestas destacan la auditoría de una deuda pública para ellos ilegítima, la derogación del artículo 135 de la Constitución, que fija el techo de gasto en la administración, el reparto del trabajo reduciendo la jornada laboral y una apuesta decidida por dotar de mayores garantías a los derechos sociales.

La formación es rompedora en su forma de hacer política. Sin renunciar a los liderazgos como proponía el 15-M, han sabido articular el proyecto desde los ‘círculos’, espacios de discusión horizontal. Además, han apostado por la democracia interna, con líderes elegidos a través de primarias abiertas, y su campaña electoral ha sido transparente y con financiación no bancaria.

En el plano simbólico, Podemos rompe con los partidos herederos de la transición democrática, a los que critican por negociar en despachos. Pretenden representar la nueva política abriendo, en las plazas, la democracia a toda la ciudadanía.

Tras el 25-M todos los focos están puestos en el partido. Se han vertido todo tipo de opiniones contradictorias sobre Podemos, que ha sido considerada desde ejemplo de articulación democrática, a grupo antisistema o partido bolivariano pasando por la comparación con el populismo del Frente Nacional de Marine Le Pen.

Tras crecer en las encuestas y ver cómo se expanden vertiginosamente sus círculos, la formación se enfrenta ahora a la tarea de gestionar el interés suscitado mientras construye desde cero su estructura política.Podemos tiene pendiente su asamblea constituyente y la sensación de vivir un momento histórico acelera el ritmo dentro del partido.

La asamblea, que se celebrará en otoño pero de la que aún se desconoce la fecha, estará organizada por un equipo técnico encabezado por Luis Alegre, que cuenta con el aval del 90% de los más de 55.000 ciudadanos que votaron por internet.

La fórmula escogida para elegir a este equipo ha generado confusión, algunos consideraron que se estaba nombrando una gestora mediante listas cerradas y los círculos criticaron el corto plazo -una semana- que tenían para presentar alternativas. Para Podemos estas tensiones internas son el signo de identidad de una discusión abierta y horizontal.

Por otra parte, el éxito de Podemos ha disparado las alarmas en los dos partidos principales de la izquierda tradicional: PSOE e Izquierda Unida.

Parte del voto socialista ha recalado en Podemos. Por eso, en su búsqueda de un candidato para dirigir el PSOE en el próximo congreso extraordinario de julio, quienes han dado un paso al frente no sólo son jóvenes como el líder de Podemos, sino que además en su discurso ponen el acento en los planteamientos sociales y dan un giro a la izquierda que preocupa al sector moderado.

Por su parte Izquierda Unida se ha visto perjudicada en los comicios por su estructura jerarquizada y envejecida. Ante el miedo de verse adelantado por Podemos, Cayo Lara ha hecho un guiño a las cada vez más críticas bases anunciando primarias abiertas para elegir a los cargos.

Por último, en lo referente a las posibles alianzas del partido de Pablo Iglesias con Izquierda Unida o Equo todo queda en el terreno de la especulación.

No está claro que Podemos pretenda formar parte de un juego de siglas ya que apuestan por propuestas compartidas que apelen a las mayorías y han aseverado que no renunciarán a los sistemas abiertos de votación ni a la construcción horizontal.

Podemos se enfrenta al desafío de articular la ilusión en estructura política y de hacerlo sin desaprovechar la clara oportunidad surgida de cara a las elecciones autonómicas y municipales.

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