Podemos y su relación con las confluencias

La moción de censura contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha vuelto a poner de relieve las diferencias estratégicas que la dirección de Podemos mantiene con las confluencias, las fuerzas con las que compartió candidatura en algunos territorios en las dos últimas elecciones generales.
Pablo Iglesias (c), junto con Mónica Oltra (D) y Ada Colau (I). EFE/Archivo/Kai Försterling EFE/Kai FörsterlingPablo Iglesias (c), junto con Mónica Oltra (D) y Ada Colau (I). EFE/Archivo/Kai Försterling EFE/Kai Försterling

 

Carlos Moral

Compromís, la coalición de izquierda con la que Podemos se alió en la Comunidad Valenciana, ha pedido a la formación que lidera Pablo Iglesias que retire la moción contra Rajoy, y hable “reposadamente” con el PSOE para que tenga posibilidades de éxito, opción que Podemos descarta.

En las elecciones de junio de 2016, Podemos obtuvo 26 de sus 71 diputados y más de 1,8 de sus 5 millones de votos de las candidaturas de confluencia que se presentaron en Cataluña, Galicia y Comunidad Valenciana, con porcentajes del 24,51 %, 25,37 % y 22,18 %, respectivamente, muy por encima de su media nacional -13,37 %-.

Por tanto, la fórmula fue un éxito para la formación de Iglesias, como ya había sucedido en numerosas capitales de provincia, entre ellas Madrid y Barcelona, en las elecciones municipales de 2015, cuando también concurrió en candidaturas de unidad popular en lugar de en solitario.

Sin embargo, el éxito electoral tiene su contrapunto en las diferencias que existen entre las formaciones que integran las confluencias y en la dificultad para Podemos de imponer su estrategia.

En agosto pasado, tras días de negociaciones, Podemos aceptó presentarse a las elecciones autonómicas gallegas junto a En Marea, integrado en un mismo partido con primarias únicas. En Marea incluía a Anova, Esquerda Unida y Equo, entre otras formaciones.

El acuerdo provocó división en Podemos Galicia y fue necesaria la intervención de la dirección nacional de la formación morada que, en aras de la unidad, sacrificó algunas de sus demandas para sellar el pacto electoral.

También intervino Pablo Iglesias en abril, de momento con menos éxito, en las negociaciones para la puesta en marcha del nuevo partido constituido en Cataluña en torno a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

En este caso, la dirección de Podemos en Cataluña llevo hasta el final sus diferencias con el resto de formaciones que integran la formación, conocida como ‘los comunes’, y se quedó fuera del proyecto, aunque sí que se integraron miembros de los sectores críticos de la formación morada y es probable que en próximas etapas del proyecto entre toda la formación.

La importancia que para la izquierda alternativa de Cataluña tiene alcanzar acuerdos ha sido puesta de relieve en las sucesivas convocatorias electorales. Si en las generales la lista de unidad fue la más votada, en las autonómicas el tibio apoyo del sector próximo a Colau se tradujo en un resultado discreto de la formación de confluencia -Catalunya Sí Que Es Pot-.

En la Comunidad Valenciana Podemos y Compromís solo se han presentado juntos a las elecciones generales, mientras que al resto de comicios han concurrido por separado. Al no poder constituir un grupo propio en el Congreso, los diputados de la lista conjunta valenciana se dividieron, pasando los de Compromís al Grupo Mixto.

En términos generales, los datos indican que hasta ahora Podemos logra mejores resultados cuando se presenta en candidaturas más amplias que cuando lo hace con su propia marca, así que los problemas que le plantea su relación con las confluencias son, por ahora, un mal necesario para la formación que dirige Iglesias. EFE

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