Podemos no acaba de encontrar su común denominador

A un mes de la Asamblea Ciudadana las propuestas presentadas revelan profundas diferencias sobre el rumbo que debe adoptar Podemos entre los principales sectores del partido, aunque todos proclaman su deseo de lograr la unidad.
MADRID, 22/12/2016.- El líder de Podemos, Pablo Iglesias durante la rueda de prensa en la que se ha mostrado satisfecho por los resultados de la consMADRID, 22/12/2016.- El líder de Podemos, Pablo Iglesias durante la rueda de prensa en la que se ha mostrado satisfecho por los resultados de la consulta sobre las reglas de su Asamblea Ciudadana. EFE/Emilio Naranjo

 

Carlos Moral

 

Un acuerdo que se presenta difícil, porque aunque las concepciones distintas sobre la estrategia a seguir o el modo de organizarse han estado presentes en Podemos desde su nacimiento, ahora las discrepancias afectan a asuntos sustanciales para el devenir de la organización y dividen a su núcleo.
El lugar que Podemos debe ocupar en el espectro político, la relación con el PSOE o la conveniencia de inclinarse por el pacto o por la confrontación como estrategia más adecuada para acercarse al poder son, entre otros, asuntos sobre los que existen percepciones radicalmente distintas en el partido.
Incluso el liderazgo de Pablo Iglesias, no cuestionado desde la fundación de Podemos en el Teatro del Barrio en el barrio madrileño de Lavapiés -enero de 2014– y que ningún sector discute, ha dejado se ser monolítico y, según cuál sea el desenlace de la Asamblea del 11 y 12 de febrero, podría estar amenazado.
Podemos ha crecido de la mano de Iglesias y hasta ahora nadie ha expresado su voluntad de disputarle la Secretaría General, pero sus propuestas ya no suscitan las masivas adhesiones de antaño entre la militancia.
La votación sobre las normas que regirán la Asamblea arrojó una mínima ventaja a su favor pero, como sucedió en otoño en la elección de la dirección regional de Madrid, los afines a Íñigo Errejón, el número dos, sumaron similares apoyos.
Iglesias ha adelantado que aunque sea reelegido secretario general no dirigirá el partido si su propuesta es derrotada. Pero incluso si gana pero lo hace por estrecho margen y sin un acuerdo de unidad con los otros sectores, Podemos, y también el propio Iglesias, saldrían notablemente debilitados de su cónclave.
Uno de los debates fundamentales que dividen al partido es si debe decantarse por la acción institucional, buscando acuerdos con otras fuerzas que demuestren su utilidad para los ciudadanos o por la resistencia en la calle y en el Parlamento contra las políticas que considera lesivas para amplios sectores de la población.
Para el sector afín a Iglesias, los cargos públicos de Podemos, sin despreciar el trabajo institucional, deben ser “activistas” presentes en todos y cada uno de los “conflictos sociales” y hacer frente al PP y a sus aliados también en la calle.
En cambio, los seguidores de Íñigo Errejón creen que para gobernar mañana Podemos tiene que ser hoy útil en las instituciones; y que debe superar las etiquetas izquierda-derecha y huir de “cavar trincheras”, encerrarse en la protesta y arrinconarse en la izquierda, donde llevarían una “cómoda y folclórica existencia” “impotente para evitar la reconstrucción del sistema”.
En la mente de los “errejonistas” están, probablemente, los resultados históricos de Izquierda Unida (IU), cuyo techo fue un 10,54 % de los votos y 21 escaños en 1996, a enorme distancia de los números logrados por Podemos en solo tres años de vida.
El tercer sector en discordia, encabezado por Miguel Urbán y por Teresa Rodríguez, líder de Podemos en Andalucía, es Anticapitalistas, que cuenta con un número de apoyos notablemente inferior al de “pablistas” y “errejonistas”, pero que podría resultar decisivo para inclinar la balanza, como ocurrió en la elección de la dirección madrileña en noviembre pasado.
Anticapitalistas mantienen postulados muy semejantes a los que ya defendían cuando formaron parte del núcleo fundador de Podemos o cuando en la Asamblea Ciudadana de 2014 fueron la única voz discordante frente a la dirección de Iglesias y Errejón.
Es el momento de “la resistencia y la protesta”, hace falta un Podemos “desobediente” ante la “gran coalición”, resume Urbán, unos postulados a los que Iglesias ahora se encuentra mucho más próximo.
Las diferencias entre “pablistas” y “errejonistas” alcanzan al diagnóstico de las razones por las que Podemos se estancó en las elecciones de junio -su candidatura conjunta con IU obtuvo un millón de votos menos de los que habían logrado por separado las dos formaciones en diciembre de 2015-.
Mientras para Errejón la causa fue una gestión improductiva de las negociaciones de gobierno, percibida como “inmadurez y soberbia por una parte importante” de su electorado, Iglesias apunta a los “errores de una campaña” en la que sonaron “menos creíbles” -campaña que dirigió Errejón- y recuerda que fueron los inscritos quienes decidieron no facilitar la investidura del socialista Pedro Sánchez.
También el modelo organizativo genera controversia. Todos coinciden en la necesidad de revisar el aprobado en la primera Asamblea, que concentró el poder en la dirección para facilitar el desarrollo de una maquinaria electoral, pero “errejonistas” y Anticapitalistas desean una organización más horizontal y coinciden en el deseo de limitar los poderes del secretario general.
Al anunciar su propuesta, Iglesias se presentó como punto intermedio entre “errejonistas” y Anticapitalistas, aludiendo a “la caricatura” que presenta a los primeros como cercanos al PSOE y a los segundos como “subidos a un monte” y quitando valor a las diferencias, “sanas” en una organización democrática como Podemos.
Pero el hecho de que haya asegurado que “se dejará la piel” para buscar la unidad acredita que el secretario general es consciente de que, si no alcanza un acuerdo con el sector afín a su número dos, el coste para Podemos podría ser elevado. EFE

 

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