Podemos: de asaltar los cielos a poner los pies en la tierra

Podemos llega a su cuarto cumpleaños entre dudas y con sus expectativas a la baja, después de protagonizar en estos años un viaje de vértigo que le llevó desde la nada hasta convertirse en una de las principales fuerzas políitcas del país.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. EFE/Archivo/Juan Carlos HidalgoEl líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. EFE/Archivo/Juan Carlos Hidalgo

 

Carlos Moral

 

Los pobres resultados en las elecciones catalanas del 21 de diciembre, donde concurrió en una candidatura de confluencia, se suman a los malos augurios que avanzan las encuestan y sitúan a Podemos ante el interrogante de qué puede hacer para recuperar el empuje perdido y erigirse en alternativa de gobierno.

Podemos nació en un escenario dominado por una prolongada crisis económica con graves consecuencias sociales y una sucesión de escándalos de corrupción política que afectaban a los partidos tradicionales, y logró transformar la indignación ciudadana en un potente vector político.

Sus dirigentes no eran políticos profesionales -muchos era profesores universitarios de Ciencia Política- por lo que se presentaron libres de las cargas que acumulaban sus rivales, pero ahora ya no están libres del desgaste que provoca la acción política.

En los últimos meses, el conflicto de Cataluña ha sustituido a la economía y a la corrupción como asunto central de la agenda política e informativa, y ese cambio parece haber penalizado a Podemos, según indican las encuestas y reconocen en la dirección del partido.

En Cataluña porque las elecciones se han dirimido en el eje identitario -a favor y en contra de la independencia- y en el resto del país porque la posición de Podemos -a favor de un referéndum pactado y en contra de la intervención del Gobierno en Cataluña- no ha sido comprendida por parte de su electorado, que la ha visto ambigua o próxima a los secesionistas.

Sin embargo, el declive en las encuestas de Podemos comenzó antes y ya los resultados de las elecciones generales de junio de 2016 supusieron una decepción para el partido, que se dejó más de un millón de votos respecto a los anteriores comicios (diciembre de 2015) y aunque repitió número de escaños (72) no materializó el ansiado “sorpasso” sobre el PSOE a pesar de aliarse con IU.

La lectura de aquellos resultados reveló las diferencias existentes dentro de la organización: un sector, encabezado por el secretario general, Pablo Iglesias, reivindica la izquierda y la vuelta a la oposición en la calle, y otro, con Íñigo Errejón al frente, es más posibilista y aboga por un Podemos transversal que no se encasille en el rincón izquierdo corriendo el peligro de caeer en la irrelevancia.

Las opciones de que Podemos recupere los electores que se ha dejado en el camino pasan por movilizar al electorado situado más a la izquierda y, a la vez, por volver a ser atractivo para los votantes moderados, una ecuación difícil de resolver y más en un contexto social menos crispado que el existente en 2014.

Para lograr ese objetivo, Podemos tiene al PSOE como principal adversario. Los socialistas fueron los más afectado por la llegada de Podemos, en términos electorales y también políticos, y en los últimos meses, tras la vuelta de Pedro Sánchez a su Secretaría General, han anunciado un viraje a la izquierda en pos de recuperar el espacio perdido.

Un hipotético trasvase de votos hacia los socialistas a costa de Podemos conduciría a los de Pablo Iglesias a un papel semejante al que desempeñaron sus ahora aliados de Izquierda Unida durante años: un porcentaje de apoyos inferior al 10 % y escasa capacidad de influencia.

Un posición subsidiaria que chocaría con el espíritu que alumbró Podemos, que saltó a la arena electoral desde las calles y las plazas del movimiento de protesta del 15-M con el explícito objetivo de dar voz a una mayoría social partidaria de cambios políticos sustanciales. Por eso, el objetivo de Podemos es recuperar la iniciativa y presentarse como única alternativa real.

En el auge de Podemos fue pieza clave Pablo Iglesias. Su presencia como tertuliano en los platós de televisión y su proyección mediática dieron visibilidad al proyecto y facilitaron su exponencial crecimiento, y su lideazgo, indiscutido en el partido durante estos cuatro años, aún cuenta con un elevado respaldo entre la militancia.

Sin embargo, las encuestas revelan que a estas alturas Igelsias es el líder pero valorado de las cuatro principales fuerzas políticas, y esa percepción pone en duda la capacidad del secretario general para revertir el descenso del partido que indican los sondeos.

Como argumento fundamental para atraer a nuevos votanes, Podemos subraya la gestión municipal realizada en varias de las ciudades españolas más importantes, entre ellas Madrid y Barcelona, donde gobiernan alcaldes apoyados por la formación morada. Sin embargo, la heterogénea composición de aquellas candidaturas ha causado algunos problemas de funcionamiento en los gobiernos locales, especialmente en el caso del dirigido en Madrid por Manuela Carmena al frente.

Otro de las bazas que Podemos exhibe es el impacto que su llegada ha supuesto, en término de regeneración y transparencia, para el resto de los partidos y para la regeneración de la vida política en general.

Con la vista puesta en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2019, los próximos meses determinarán si Podemos se consolida como una fuerza política con capacidad para convertirse en alternativa de gobierno y, como una vez dijo su líder líder, “asaltar los cielos”.EFE 

 

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Publicado en: Análisis