Pedro Sánchez, o cómo resolver un puzzle al que le faltan piezas

La aritmética, los ajustados límites marcados por sus compañeros y las exigencias excluyentes que cada partido pone sobre la mesa obligan al líder socialista, Pedro Sánchez, a buscar la cuadratura del círculo si quiere llegar a la presidencia del Gobierno, tarea que el Rey le encomendó el pasado martes.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Sergio BarrenecheaEl secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Sergio Barrenechea

Carlos Moral

Sánchez se encuentra ante el escenario por el que ha apostado desde la noche electoral: construir a su alrededor una mayoría de gobierno alternativa al PP que salvaguarde, pasando por La Moncloa, su liderazgo al frente del PSOE.

¿Pero cómo hacerlo? Si como algunos pidieron en el Comité Federal del pasado sábado Sánchez no acepta siquiera una hipotética abstención de los independentistas catalanes, su margen de maniobra para la investidura es mínimo: o acuerdo con Podemos e IU con abstención de Ciudadanos; o pacto con Ciudadanos y PNV, con abstención del PP o de Podemos (en el último caso no salen las cuentas si los secesionistas votan en contra).

Como algunos de sus competidores, y quién sabe si futuros socios, el líder socialista se ha apuntado a los movimientos en busca de supuestas ventajas tácticas, en su caso dentro de su propio partido, al que ha sorprendido emplazando a las bases a pronunciarse si alcanza un acuerdo, con lo que intenta sacudirse el corsé que el Comité Federal le ha impuesto desde el 20-D.

Sánchez informó de que su objetivo es negociar con Ciudadanos y Podemos un acuerdo de investidura en torno a cuatro ejes:  creación de empleo, reducción de la desigualdad, reforma de la Constitución hacia un Estado federal para resolver el problema de Cataluña y medidas contra la corrupción y por la regeneración democrática.

Con la apertura del proceso de investidura, Sánchez toma la iniciativa, dispondrá de tiempo para fraguar el acuerdo (es su compañero Patxi López, presidente del Congreso, quien determinará la fecha) y trata de traspasar a Podemos la responsabilidad si el gobierno del cambio no cuaja.

Pero está por ver si el socialista podrá encajar variables tan diversas y numerosas. De momento, Podemos descarta un acuerdo en el que participe Ciudadanos, mientras éstos, que hasta ahora se declaraban incompatibles con el partido morado, manifiestan su disposición a hablar con todos. El PP asegura que votará contra cualquier gobierno que no encabece.

Y esto sólo para la investidura. Porque con mayoría absoluta del PP en el Senado y minoría de bloqueo para una reforma constitucional en el Congreso, más la carencia de apoyos firmes fuera de las filas socialistas, el camino del gobierno de Sánchez, si finalmente lograra ponerlo en marcha, sería tortuoso.

No es mucho más alentador el panorama que el líder socialista contempla dentro de su partido. Mientras Pablo Iglesias y Albert Rivera tienen a sus formaciones detrás y repetirán como candidatos si hay nuevas elecciones, algo también probable, aunque menos seguro, en el caso de Mariano Rajoy, Sánchez se ve obligado a difíciles equilibrios simplemente para seguir caminando.

Las voces contra un acuerdo con Podemos, una formación que según el ex presidente del Gobierno socialista Felipe González encarna el “leninismo 3.0”,  se repitieron en el Comité Federal. Especialmente crítica es la presidenta andaluza, Susana Díaz.

Así las cosas, apelar a los militantes para que sancionen un posible acuerdo, aunque su decisión no sea vinculante, supone una suerte de blindaje de Sánchez ante los “barones”, porque difícilmente el Comité Federal rectificará a las bases.

Aunque algunas voces apuntan que la consulta introduce a los socialistas en los procedimientos asamblearios al modo de los independentistas de la CUP, lo cierto es que los socialdemócratas alemanes (SPD) emplearon en 2013 el mismo mecanismo para decidir su entrada en la “gran coalición” con los democristianos de Ángela Merkel.

Pero que las bases lleguen a pronunciarse aún está por verse. Porque bien puede ser que no haya acuerdo o que las cuentas para el que se logre no cuadren. Sánchez tendría entonces que elegir entre nuevas elecciones o seguir los consejos de Felipe González y otras personalidades históricas del partido y dejar gobernar al PP.

Con cualquiera de estas opciones su liderazgo sería puesto a prueba en el Congreso que el Comité Federal acordó el pasado sábado celebrar en mayo, antes de lo que Sánchez hubiera deseado, y el ahora secretario general tendría complicado revalidar el cargo si decide competir por él algún peso pesado del partido, caso de Susana Díaz.

En suma, Pedro Sánchez esta donde quería, en posición de intentar formar gobierno, pero, a priori, casi todas las opciones disponibles requieren del encaje de tan numerosas y diversas variables que, incluso con su recurso a la militancia, lograr salir airoso se antoja una tarea muy complicada.

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