El patinador Javier Fernández gana el bronce en los Juegos de Invierno

El español Javier Fernández ha ganado la medalla de bronce en la prueba de patinaje artístico de los Juegos Olímpicos de PyeongChang, tras disputarse en el Gangneung Ice Arena en Corea del Sur.
El patinador español Javier Fernández. EFE/ARCHIVOEl patinador español Javier Fernández. EFE/ARCHIVO

El madrileño logró de esta forma la cuarta medalla olímpica en toda la historia de España en unos Juegos de invierno, después de las que habían ganado hace 46 y 26 años los hermanos Fernández Ochoa, Francisco y Blanca, en esquí alpino; y el snowboarder Regino Hernández, hace dos días, en estos mismos Juegos.

Este tercer puesto, tras los japoneses Yuzuru Hanyu y Shoma Uno, consolida a este madrileño de 26 años como uno de los mejores de la historia y le proporciona el más deseado trofeo: la presea en los Juegos Olímpicos de PyeongChang.

Con dos títulos mundiales en la mochila, seis europeos, innumerables triunfos en el Grand Prix y ocho campeonatos de España, a Fernández le quedaba un reto por cumplir, la medalla olímpica que rozó hace cuatro años. La ganada este sábado en Corea, probablemente, marcará el principio del fin de su carrera.

Todo empezó en una pista de hielo de la localidad madrileña de Majadahonda, en la que también se entrenaba Laura, la hermana de Javier. De allí se fueron a Jaca y luego, ya él solo, dio el salto en 2008 a Nueva Jersey (Estados Unidos), con un grupo de patinadores a las órdenes del ruso Nikolai Morozov.

De su mano, se convirtió en 2010 en el primer español en participar en unos Juegos desde 1956. Acabó decimocuarto. Quería más.

Javier dio un nuevo salto al vacío y cambió a Morozov por Orser, que le garantizaba más atención. Los resultados no se hicieron esperar.

El patinador del barrio de Cuatro Vientos las ha visto de todos los colores: lejos de la familia, sin compañeros, incomprendido al principio por su federación, sin papeles para firmar el alquiler de un piso o contratar un teléfono… nada ha podido con la voluntad de Javier Fernández. Sus patines son sus alas y no hay quien se las corte.

Cuando pisa el hielo, dice que sale “a comerse el mundo”. Siempre empieza sus ejercicios con gesto serio, pero en cuanto cumple con su primer salto la sonrisa se le escapa. En las series de pasos, su expresividad es mayúscula porque es un magnífico bailarín.

En el salón de baile de PyeongChang encontró una pareja que hasta ahora le ha sido esquiva: la medalla olímpica. EFE/DOC

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