El partido de la izquierda kurda, condenado al ostracismo

El Partido Democrático de los Pueblos (HDP), portavoz de la izquierda prokurda y estrella política en Turquía hace apenas año y medio, vive ahora una situación de ostracismo en el Parlamento y con numerosos cargos entre rejas.
 Partidarios del opositor y pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) momentos antes de las dos explosiones ocurridas en Diyarbakir, en el s Partidarios del opositor y pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) momentos antes de las dos explosiones ocurridas en Diyarbakir, en el sureste de Turquía el 5 de junio de 2015 durante un mitin electoral. EFE/Archivo/Sedat Suna

Dogan Tiliç

Las otras tres formaciones del hemiciclo turco -el gubernamental Justicia y Desarrollo (AKP), el socialdemócrata CHP y el ultranacionalista MHP- presentaron el miércoles ante la prensa una “declaración conjunta contra el terrorismo”.
El acto excluía al HDP, pese a que este partido condenó de forma tajante el doble atentado suicida del sábado pasado en Estambul, reivindicado por un grupúsculo radical kurdo y que mató a 44 personas.
Aún más llamativo es que el HDP, que encarnaba en junio de 2015 las esperanzas de seis millones de votantes, se ha quedado, aparentemente, sin respaldo popular: no hay manifestaciones de protesta cuando la policía lleva esposados a sus diputados, alcaldesas, dirigentes y cargos locales.
Hay ya doce de sus parlamentarios en prisión preventiva, 40 alcaldías intervenidas y medio millar de miembros detenidos en los últimos días bajo acusación de vínculos con la guerrilla kurda, el proscrito Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK).
Parece reinar el silencio en el frente de izquierdistas, liberales, ecologistas y feministas que el HDP aglutinó en 2015, pero también en la base electoral kurda, en gran parte campesina, que lleva décadas siendo fiel a los partidos antecesores del HDP.
A principios de noviembre, cuando pasaron a prisión preventiva los dos dirigentes del HDP, Selahattin Demirtas y Figen Yüksekdag, el partido pidió a sus seguidores “tomar las calles” en señal de protesta. Sin éxito.
“El motivo es la opresión del Estado”, asegura a Efe Sirri Süreyya Önder, un diputado del HDP que participó en las negociaciones de paz entre el Gobierno turco y el PKK entre 2013 y 2015, cuando su partido era socio del Ejecutivo, en el intento de hallar una salida a 30 años de conflicto armado.
Sus diputados visitaban entonces los líderes guerrilleros en Irak con el visto bueno de Ankara y, en Diyarbakir, Önder leyó ante cientos de miles de personas un mensaje de paz del fundador del PKK, Abdullah Öcalan, encarcelado desde 1999.
Pero en la primavera de 2015, el Gobierno turco rompió las negociaciones y el HDP denunció las ambiciones hegemónicas del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. En julio del mismo año, el PKK volvió a tomar las armas.
La guerra se trasladó desde los montes a las ciudades, donde grupos de jóvenes excavaban trincheras, defendidas con explosivos caseros y francotiradores, para crear zonas fuera del control del Gobierno, pero fueron aplastados por la artillería del Ejército turco.
“Ahora la gente aún protesta pero es imposible verlo en la prensa. Y basta una declaración ante los medios para que se les detenga por la noche; sus familiares pueden perder el trabajo”, describe el ambiente Önder.
Ayhan Bilgen, portavoz del HDP, indica a Efe que una de las razones del “silencio” puede ser que mucha gente haya perdido las esperanzas en una lucha democrática, pero otros rechazan que el motivo sea sólo la represión.
Un periodista de Diyarbakir, que prefiere el anonimato, opina que la “guerra de las trincheras” suscitó rabia con el PKK.
El ministro turco de Interior, Süleyman Soylu, considera que el pueblo ha dejado de apoyar al HDP “porque se alineó con el PKK” durante este conflicto, si bien este partido siempre se ha distanciado de la violencia.
Pero al pedir “a ambos bandos” que hicieran callar las armas, su postura fue interpretada como ambigua y diseñada para no romper tampoco con la parte del electorado kurdo que considera héroes a los guerrilleros del PKK.
El Gobierno cree poder ganarse a este electorado ahora con la reconstrucción de las ciudades destruidas, pero el sociólogo Vahap Coskun opina que “es un error”.
“El silencio es una reacción al PKK, pero no una aprobación de las políticas gubernamentales”, consideró.
También Naci Sapan, periodista de Diyarbakir y ahora un cargo local del CHP, cree que “la gente está desilusionada con el HDP porque no consiguió distanciarse del PKK, ni pudo hacer mucho en el Parlamento. Pero la opresión de las fuerzas de seguridad, el estado de excepción y la destitución y detención de los alcaldes aleja a la gente del Gobierno”.
El presente está envenenado también por el conflicto entre Ankara y la región kurda en el norte de Siria, de facto autónoma y bajo control de milicias ideológicamente muy cercanas al PKK.
Así, algunos piensan que un futuro proceso de paz en Turquía sólo arrancará una vez que la calma haya vuelto a Siria. EFE

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Publicado en: Análisis