Parlamento marroquí camina la bipolarización, islamistas y laicos

El Parlamento marroquí surgido de las elecciones del viernes, 7 de octubre, presenta una bipolarización entre islamistas del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), con 125 escaños, y laicos del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), con 102, que suman un 58 % de los 395 miembros de la Cámara de Representantes.
El presidente del Gobierno marroquí, Abdelilah Benkirán. EFE/Archivo/ZACARIAS GARCIAEl presidente del Gobierno marroquí, Abdelilah Benkirán. EFE/Archivo/ZACARIAS GARCIA

Javier Otazu

 

Aunque hay otros doce partidos representados, solo cuatro llegan a los veinte escaños, y la temida “balcanización” del Parlamento no se ha producido: de hecho, la mayor parte de esos partidos que tienen más de 20 años de vida han sufrido severas derrotas de las que parecen haberse aprovechado el PJD y el PAM.
El PJD ha conseguido algo que pocos partidos consiguen: superar su cuenta en 18 diputados más y ganar claramente en casi todas las grandes ciudades, inmune al desgaste natural para cualquier partido que haya pasado cinco años al frente del gobierno.
La paradoja es aún mayor si se tiene en cuenta que sus logros al frente del gobierno son más bien discretos, y se resumen en la rebaja del déficit público a la mitad y en la instauración de algunas medidas sociales en forma de becas y ayudas poco visibles para las clases medias, que supuestamente son las que más acuden a votar.
Uno de los mayores aciertos de su campaña ha sido descafeinar su carácter islamista: el PJD huye ahora de ese calificativo y huye también de los mensajes religiosos o morales, con una excepción: han repetido hasta la saciedad -y al parecer con éxito- que sus dirigentes son los más honestos, que no se han enriquecido, y por ende son los más capaces de introducir honradez en el gobierno.
En cuanto a sus grandes rivales del PAM, su avance es espectacular: sus 49 electos de 2011 los ha más que doblado hasta los 102 actuales, y se convierte así en el eje sobre el que presumiblemente va a pivotar toda la oposición.
El PAM ha hecho una campaña “a la contra”, introduciendo el miedo al “tsunami islamista” que aireaba su secretario general Ilyas al Omari al principio de la campaña; parece evidente que los votantes que han desertado de otros partidos se han dejado ganar por este mensaje de “muralla” frente al conservadurismo.
Dos partidos que en la época de Hasán II plantaron cara al rey y dominaron la vida política, como el Istiqlal y la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), han conseguido unas cifras patéticas en relación con su peso histórico: el Istiqlal se queda con 46 escaños y la USFP con veinte.
Sin embargo, ninguno de los dos partidos ha hecho todavía autocrítica ni sus líderes han comparecido para asumir responsabilidades.
La realidad es que dos partidos nuevos (el PJD fue creado en 1998 y el PAM diez años después, en 2008) han dado un vuelco a la política marroquí, cada uno a su manera.
El PJD cuenta con una organización y una disciplina sin igual, y ha utilizado -como los movimientos islamistas en todo el mundo- las actividades caritativas y de beneficencia, así como las veladas religiosas, para construir una red desde la base de la sociedad.
Pero junto a estas actividades tradicionales, es el primer partido en construir una red mediática sin parangón en Marruecos: página web, una televisión y una radio propias y cuentas en las redes sociales.
El crecimiento del PAM tiene una explicación diferente: creado por el amigo más cercano del rey Mohamed VI, Fuad Ali Hima (hoy fuera del partido por su cargo de consejero real), el PAM sigue siendo visto como el partido que representa el “establishment”.
La directora de la revista TelQuel, Aicha Akalay, nada sospechosa de simpatías con el islamismo, escribe hoy que el PAM se beneficia de “apoyos reales en la cúspide misma del estado”, y asegura que el partido puso a su servicio el día de las elecciones a funcionarios de Interior “para orientar los votos”, cuando no a comprarlos.
Desde su nacimiento, el PAM está manchado por ese pecado original, pero es cierto también que ha sabido atraer mejor que los otros a quienes tienen miedo de un Marruecos que se va volviendo más conservador e intolerante.
La pregunta que legítimamente queda en el aire es: ¿es el PJD causa de que Marruecos sea cada vez más religioso y apegado a valores tradicionales? ¿No será que Marruecos se parece, al menos en esto, al resto de un mundo árabe cada vez más apegado a la confesionalidad?. EFE

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