Pakistán se vuelve a enfrentar con el pasado y las dudas

Después de dos años de reducción de la violencia que alimentaron el optimismo, Pakistán se vuelve a enfrentar con su pasado tras una oleada de atentados que sugiere una posible reorganización de grupos insurgentes y siembra dudas sobre una política antiterrorista basada solo en el uso de la fuerza.
 Lahore (Pakistán), 03.02.2017.- Seguidores de Hafiz Saeed, líder de Jamaat-ud-Dawa (JuD), grupo incluido en las organizaciones terroristas de EEUU Lahore (Pakistán), 03.02.2017.- Seguidores de Hafiz Saeed, líder de Jamaat-ud-Dawa (JuD), grupo incluido en las organizaciones terroristas de EEUU y la ONU, gritan consignas durante una protesta por el arresto domiciliario de su líder. EFE/Archivo/REHAN KHAN

 

Jaime León

 

Desde comienzos de la semana pasada cerca de 130 personas han muerto en al menos nueve ataques por todo el país contra cuerpos de seguridad, un tribunal, jueces, una manifestación y un templo sufí, en una de las peores oleadas de atentados de los últimos años.

Los más graves fueron dos atentados suicidas; uno el día 13 contra una manifestación en la ciudad oriental de Lahore, en la que murieron 14 personas, y otro el día 17 contra un templo sufí en la provincia meridional de Sindh, que causó 88 muertos y 250 heridos.

“Los grupos terroristas se han reorganizado y han lanzado una campaña de ataques”, dijo a Efe el director del Centro para la Investigación y Estudios de Seguridad (CRSS), Imtiaz Gul.

Los ataques fueron reivindicados por el Estado Islámico (EI); el principal grupo talibán del país, el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), y su escisión Jamaat-ul-Ahrar (JuA), que anunció una campaña de atentados.

Se trata de la peor oleada desde que en junio de 2014 el Ejército paquistaní lanzó una operación militar en las zonas tribales que ha causado 3.500 muertos, identificados como terroristas por los militares, y que redujo las acciones violentas de los insurgentes de forma considerable.

El número de muertos por atentados había caído en 2016 a 1.803, frente a los 3.682 de 2015, y los 5.496 de 2014, según el Portal de Terrorismo del Sur de Asia, que estudia la violencia en la región.

Pero la nueva ola de atentados hace regresar al país a su pasado más violento.

Para Gul, la campaña de ataques continuará a corto plazo y el éxito o no de los terroristas dependerá de la respuesta de las fuerzas de seguridad y sobre todo de la capacidad de las agencias de inteligencia para evitar atentados.

El jefe del Ejército, Javed Bajwa, prometió “venganza” inmediata tras la matanza en el templo sufí con un operativo antiterrorista que se cobró la vida de más de cien supuestos insurgentes en menos de 24 horas y ayer el Ejército anunció una operación bajo el nombre “Radd-ul-Fasaad” (“eliminación de la discordia”).

Además, como parte de su respuesta, el Gobierno paquistaní acusó a Afganistán de permitir que grupos terroristas que atentan en Pakistán se refugien en su lado de la frontera, que cerró hace una semana.

Según Kabul, Pakistán bombardeó también con morteros su territorio fronterizo.

Estas medidas son similares a las tomadas por el país en el pasado y para el analista y autor de varios libros sobre la insurgencia paquistaní Zahid Hussain son insuficientes.

“No hay una política o estrategia coherente contra el terrorismo. El uso de la fuerza no es suficiente a largo plazo. Puedes matar a insurgentes, pero serán reemplazados por otros. Hay que hacer frente a la fuente del extremismo”, dijo a Efe Hussain.

Hussain, columnista del diario paquistaní Dawn, señaló que el Plan de Acción Nacional, aprobado tras la matanza de 125 estudiantes en un colegio en 2014 y que establecía medidas como cortar la financiación de los terroristas y cerrar madrasas o escuelas coránicas extremistas, no se ha aplicado en su totalidad.

“Hay organizaciones extremistas prohibidas que siguen operando en el país con otros nombres”, afirmó.

Para Hussain, si bien es cierto que hay líderes de grupos insurgentes que se refugiaron en territorio afgano tras la operación en las zonas tribales, los ataques no podrían ejecutarse sin ayuda en Pakistán, por lo que las acusaciones de las autoridades hacia Kabul son “solo parte de la verdad”.

El director del Instituto para los Estudios de la Paz de Pakistán, Aamir Rana, consideró que los diferentes grupos terroristas están capitalizando sus esfuerzos cooperando entre ellos, lo que está espoleando la actual campaña terrorista.

Esa cooperación se suma, en su opinión, a cierta perdida de reflejos de las autoridades ante la mejora de la situación desde 2014.
“Se ha producido cierto letargo de las autoridades por el optimismo, que llevó a relajar algunas medidas”, dijo el analista. EFE

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