País Vasco, autogobierno, convivencia y crisis, claves de la legislatura

En el País Vasco las políticas económicas y sociales, el autogobierno y la paz y la convivencia tras el fin del terrorismo son los asuntos que constituyen el eje de las conversaciones para formar gobierno, que parecen encaminarse a un acuerdo entre el PNV y el PSE.
El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante su intervención en el  Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) el pasado 5 de abril. EFE/Archivo/Miguel Toña
El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante su intervención en el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) el pasado 5 de abril. EFE/Archivo/Miguel Toña

 

Carlos Moral

En abierto contraste con lo que sucede en la política nacional, la fragmentación del voto no supone un problema para la gobernabilidad en Euskadi, donde la estabilidad, divisa de la acción política de Íñigo Urkullu desde que en 2012 fue elegido lehendakari, parece asegurada.
El PNV ganó las elecciones de septiembre con 28 escaños y aunque ese resultado le dejó a diez asientos de la mayoría absoluta, su posición central en el tablero político vasco le permite elegir compañero de viaje para la legislatura.
Los nacionalistas, incluso, están en disposición de gobernar en minoría a través de acuerdos puntuales, como ya hicieron en el periodo anterior, pero parecen decantarse por garantizar la solidez del Ejecutivo con una coalición con los socialistas, una fórmula que funcionó con éxito en el pasado (1989-1990 y 1991-1998).
Aunque poco se sabe de las conversaciones entre nacionalistas y socialistas, que avanzan en medio de una absoluta discreción, las posibilidades de entendimiento en relación con las políticas económicas y sociales y la defensa de los servicios públicos son elevadas.
También hay margen de acuerdo en torno a la gestión del fin de ETA, donde el PNV demanda al Gobierno central una flexibilización de la política penitenciaria con los presos de la banda, que permita su acercamiento a las cárceles vascas y facilite vías para que los arrepentidos puedan reinsertarse, a la vez que reclama a EH-Bildu y a ETA el reconocimiento del daño causado y la petición de perdón.
Cinco años después del anunció del fin de la violencia, la situación permanece enquistada. El Gobierno de Rajoy exige la disolución de la banda antes de dar cualquier paso en la política penitenciaria y mantiene la presión policial contra los terroristas, como prueba la detención la semana pasada del presunto jefe etarra, Mikel Irastorza.
ETA se resiste a disolverse en espera de lograr alguna contrapartida para sus presos y pretende que el fin de la violencia se visualice en un acto voluntario de entrega de las armas reconocido por el Gobierno central.
Donde las diferencias entre socialistas y nacionalistas vascos son mayores es en el asunto del autogobierno y, sobre todo, en el derecho a decidir, que rechaza frontalmente el PSE-EE.
El PNV desea redefinir la relación con el Estado, que pretende basar en el principio de bilateralidad, y negociar un nuevo estatuto. En este terreno sus posiciones están más cercanas a EH Bildu que, sin embargo, es partidaria de la ruptura con el Estado, en línea con el proceso emprendido por los independentistas catalanes.
Urkullu ha reiterado que no cree en la “vía unilateral” y que apuesta por un acuerdo interno en Euskadi “entre diferentes” para lograr un nuevo estatus político y una consulta para llevar al Congreso la posición de los vascos.
Tras el fracaso en su día del Plan Ibarrketxe (2005), -un nuevo estatuto que contemplaba el derecho a decidir, la nacionalidad vasca y la posibilidad de convocar referendos- Urkullu desea construir un acuerdo con amplio respaldo, que vaya más allá de los nacionalistas y que pueda ser aprobado en Madrid por el Congreso.
En paralelo a sus conversaciones con los socialistas, el PNV mantiene el diálogo abierto con EH Bildu. En este caso, más que de formar gobierno, se trata de explorar los espacios políticos para posibles entendimientos.
Los independentistas advierten importantes “diferencias” en el ámbito socioeconómico, pero no se cierran a acuerdos ya sea ahora o más adelante, y cuentan con el PNV para conseguir avances en la convivencia y la gestión del fin del terrorismo, terreno en el que también pueden coincidir con el PSE y Podemos.
De acuerdo con los números que dejaron las urnas en septiembre, EH Bildu (18 escaños) y Elkarrekin Podemos (11) -la marca en Euskadi de Podemos-, podrían intentar articular una alternativa de izquierda. Sin embargo, la posibilidad no está encima de la mesa. Podemos ha anunciado que impulsará proyectos “progresistas” para mejorar el mercado de trabajo, acabar con las “puertas giratorias” y crear una comisión de Igualdad.
La coyuntura en la política nacional también favorece al PNV. El Gobierno de Rajoy puede necesitar su apoyo en cuestiones eventuales, la primera de ella los Presupuestos de 2017, lo que ofrece a los nacionalistas vascos la oportunidad de negociar contrapartidas. EFE

Etiquetado con: ,
Publicado en: Análisis