El pacto PNV-PSE plantea una alternativa a la unilateralidad de Cataluña

El acuerdo para formar un gobierno de coalición en el País Vasco entre el PNV y los socialistas del PSE-EE confirma la apuesta de los nacionalistas vascos por la vía pactada para lograr más autogobierno, frente a la unilateralidad y la confrontación elegidas por los independentistas catalanes.
El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante su intervención en el  Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) el pasado 5 de abril. EFE/Archivo/Miguel Toña
El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante su intervención en el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) el pasado 5 de abril. EFE/Archivo/Miguel Toña

Carlos Moral
La política vasca se ha orquestado siempre en torno a los acuerdos, porque ningún partido ha logrado la mayoría absoluta en unas elecciones autonómicas. Tras los comicios de septiembre el PNV podía elegir compañero de gobierno y ha preferido la moderación socialista a la radicalidad de EH-Bildu, más cercanos a los nacionalistas en lo relativo al autogobierno.
La coalición abre un camino de “diálogo y consenso”, según Idoia Mendía, secretaria general del PSE-EE, que puede “servir de guía para solucionar, salvando todas las distancias, algunos otros asuntos en España”, en referencia al conflicto creado por el proceso secesionista en Cataluña.

El acuerdo de Gobierno

El pacto de Gobierno sitúa el empleo como prioridad del Ejecutivo, fija un plazo de ocho meses para elaborar un borrador de un nuevo Estatuto de Autonomía y apuesta por un “final ordenado” de ETA y el acercamiento de los presos al País Vasco.
Mientras que en las áreas de economía y empleo, servicios públicos y paz y convivencia los dos partidos establecen medidas concretas, el capítulo de autogobierno deja libertad a cada uno para defender su propia postura en la ponencia que se cree en el Parlamento vasco para redactar el nuevo estatuto.
La reforma debe contar con el máximo consenso posible, “respetar el ordenamiento jurídico” y ser refrendada por la sociedad vasca. La ponencia puede debatir cuestiones como “el reconocimiento de Euskadi como nación”, el derecho a decidir “y su ejercicio pactado en un marco de negociación y acuerdo” dentro de la legalidad.
En cuanto a la gestión del fin de ETA y la convivencia tras la desaparición del terrorismo, el acuerdo entre PNV y PSE incide en tres aspectos: desarme y disolución definitiva e incondicional de ETA; reparación, reconocimiento y memoria para las víctimas; y cambio en la política penitenciaria, atendiendo al acercamiento de los presos a cárceles vascas y a su reinserción.
Lo sustancial de este capítulo es que socialistas y nacionalistas irán de la mano para demandar al Gobierno de Mariano Rajoy un cambio en su política y además reclamarán que la competencia sobre los centros carcelarios sea transferida al Gobierno vasco.
No es la única reivindicación del pacto, que también solicita la gestión de la Seguridad Social, la culminación de las obras del tren de alta velocidad, -la llamada “Y”- y la liquidación del Cupo.
En cualquier caso, la mayor parte del texto del acuerdo está dedicada a las políticas económicas y sociales: reactivación, sostenibilidad, desarrollo humano, integración social, igualdad y servicios públicos.

Los efectos del acuerdo

El acuerdo reedita los que los dos partidos suscribieron entre 1987 y 1998, pero la posición de los socialistas es muy distinta a la de entonces, puesto que en las últimas elecciones autonómicas cosecharon el peor resultado de su historia.
Si para el PNV el pacto con los socialistas certifica su voluntad de moderación y centralidad, para el PSE-EE entrar en el Gobierno vasco, con tres consejerías, supone un balón de oxígeno y la posibilidad de rentabilizar al máximo sus exiguos nueve escaños.
Aunque el acuerdo ha sido bien recibido por la dirección del PSOE y por las otras federaciones del partido, tampoco ha estado exento de polémica: la gestora señaló inicialmente que no podía opinar porque desconocía su contenido y posteriormente ha precisado que mirará “con atención” las cuestiones territoriales.
Una muestra más de las consecuencias de la fractura vivida por los socialistas. El PSE, con Idoia Mendía a la cabeza, se alineó del lado del dimitido ex secretario general Pedro Sánchez en su enfrentamiento con el sector que ahora controla el partido y no parece haber contado con éste a la hora de negociar con el PNV.
Los socialistas vascos no han suscrito acuerdo alguno en torno a la reforma del Estatuto de autonomía más allá de que el borrador deberá estar confeccionado en ocho meses, pero desde el PP ya se les acusa de posicionarse a favor del derecho a decidir y de definir a Euskadi como una nación.
El debate queda pendiente de la ponencia del Parlamento vasco, donde cada cuál defenderá sus postulados. El PNV adelante que los detalles sobre el derecho a decidir se perfilarán en el futuro y espera que “por encima de barreras ideológicas” pueda lograrse un acuerdo “con fuerza y una mayoría amplía”.
Estas negociaciones llegarán en un momento en el que el PSOE se prepara para redefinir su proyecto y elegir a su líder en el próximo congreso federal, aún sin fecha, y cuando va a abrir un diálogo con los socialistas catalanes del PSC para replantear la naturaleza de su relación.
Hasta ahora, la posición del PSOE es contraria al derecho a decidir y partidaria de una reforma constitucional en sentido federal, así que en caso de traspasar estas líneas el PSE provocaría una confrontación con la dirección socialista.
Uno de los asuntos que separan a socialistas vascos y nacionalistas es la llamada consulta “habilitante” a los vascos, que el PNV plantea sobre el acuerdo que se alcance en la Cámara vasca, antes de que se inicie el trámite de la reforma estatutaria en las Cortes Generales, y que los socialistas rechazan.
El pacto para el gobierno vasco deja espacio al PNV para negociar con el Ejecutivo central. Si a Rajoy le interesa el apoyo nacionalista para sacar adelante sus presupuestos, el PNV puede exigir a cambio contrapartidas como la liquidación de la deuda que reclama del Cupo, la aceleración del proyecto del Tren de Alta Velocidad o la reorientación de la política penitenciaria.
El lehendakari, Íñigo Urkullu, apuesta por la fórmula que le ha dado buenos resultados en los últimos años: situarse en el centro del tablero político, articulando acuerdos en diferentes direcciones y haciendo bandera del consenso y la moderación. EFE

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Publicado en: Análisis