El nuevo gobierno no asegura la estabilidad a largo plazo en Cataluña

Tras cinco meses de espera, finalmente Cataluña volverá a tener gobierno. El nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra, escogido digitalmente por su predecesor, Carles Puigdemont, ha tomado posesión de su cargo en un acto austero de apenas cinco minutos de duración.
NEUMÜNSTER (ALEMANIA), 26/03/2018.- Un grupo de políticos independentistas catalanes, entre ellos la presidenta del Consell Nacional del PDeCAT, MerNEUMÜNSTER (ALEMANIA), 26/03/2018.- Un grupo de políticos independentistas catalanes, entre ellos la presidenta del Consell Nacional del PDeCAT, Mercè Conesa (3i), el alcalde de Igualada, Marc Castells (c), y Quim Torra (d), tras visitar a Carles Puidsemont. EFE/Archivo/Srdjan Suki

 

Marta Vergoñós

 

Un detalle sintomático de la poca solemnidad que se le está dando al nuevo Ejecutivo, que desde el primer momento ha asumido su condición de provisional, a la espera del regreso del “‘president’ legítimo”.
El propio perfil del nuevo presidente indica esta circunstancia: Torra, abogado y escritor, se podría definir como un “intelectual” sin aspiraciones políticas de gran calado. De hecho, ni siquiera tiene carné de partido. Aceptó participar en la candidatura de Junts per Catalunya (JxCat), que promovió Puigdemont desde el extranjero, por compromiso con el expresidente, y ha aceptado tomar su relevo de forma interina por esa misma lealtad.
Sus primeras acciones tras ser investido también dejan entrever cuál va a ser la postura del nuevo Gobierno catalán respecto al conflicto soberanista: primero viajó a Berlín para encontrarse con Puigdemont, al día siguiente participó en una manifestación para reclamar la libertad de los presos soberanistas y prometió su cargo omitiendo a la Constitución y al Rey. 
En paralelo, anunció que pediría una reunión con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Es decir, tiende la mano al diálogo, pero sin renunciar a las reivindicaciones independentistas.
Pero hay más motivos para augurar un corto recorrido a la nueva legislatura, más allá de la voluntad expresa de que el nuevo sea un gobierno provisional, a la espera de la restitución del que se destituyó en virtud del artículo 155 de la Constitución, que se aplicó para intervenir la autonomía después de la declaración unilateral de independencia del pasado 27 de octubre. Y es que la Candidatura de Unitat Popular (CUP) ya ha avisado de que no garantizará la estabilidad gubernamental.

Este partido de izquierda anticapitalista, que tiene cuatro diputados en el Parlamento regional, apuesta por seguir con la vía unilateral para materializar la repúiblica catalana. En este sentido, consideran que el pacto de gobierno sellado por JxCat y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tiene tintes “autonomistas”, por lo que se han situado en la oposición y han avanzado que no apoyarán los presupuestos cuando se presenten.

En la anterior legislatura, los ‘cupaires’ ya tuvieron al Gobierno de Puigdemont en la cuerda floja por el mismo motivo, y en esta ocasión, a tenor de lo sucedido en los ultimos meses, parece más complicado que acaben imponiendo sus postulados. Así pues, habrá que ver si el nuevo Ejecutivo insiste en llamar a la puerta de la CUP o apuesta por nuevas alianzas con fuerzas no independentistas, lo que implicaría una renuncia a gran parte del programa electoral con que se presentaron JxCat y ERC a las elecciones.
Estos dos partidos son los que se van a repartir las diferentes carteras del Ejecutivo. El nuevo ‘president’ ofreció la posibilidad de reincorporarse en sus puestos a todos los consejeros que fueron destituidos por el artículo 155, que están en prisión provisional o en el extranjero. No obstante, aún no está claro si alguno de ellos aceptará la oferta.
En el caso de los republicanos, la mayor parte ya ha cerrado la puerta a esta opción arguyendo que coartaría la libertad de movimientos a quienes desempeñaran el trabajo sobre el terreno.
Lo que se sabe de momento es que, al igual que en la anterior legislatura, en el Ejecutivo habrá un cuidadoso equilibrio de fuerzas entre partidos y facciones de estos.
Así, la presidencia será para JxCat y la vicepresidencia recaerá en ERC, todo apunta que en la figura de Pere Aragonès, el nuevo hombre fuerte del partido desde que su líder, Oriol Junqueras, está en la cárcel. EFE

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