La tensión desemboca en una nueva operación israelí en Palestina

Poco después de que fueran hallados el pasado 30 de junio los cadáveres -tiroteados- de tres estudiantes judíos desaparecidos en la Cisjordania ocupada 18 días antes, Benjamin Netanyahu convocó el gabinete especial de Seguridad israelí.
Un niño camina entre un montón de escombros tras un ataque aéreo israelí al norte de la Franja de Gaza. EFE/Archivo/Mohammed SaberUn niño camina entre un montón de escombros tras un ataque aéreo israelí al norte de la Franja de Gaza. EFE/Archivo/Mohammed Saber

Javier Martín

Según la prensa local, aquel primer encuentro acabó sin ninguna decisión firme y fue especialmente tenso a causa de la división entre el ala más conservadora de la coalición de gobierno, que exigía una respuesta contundente, y los ministros más templados, partidarios de una acción mesurada.

En el primer frente se alineaban halcones como el ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, o su colega de Finanzas, el líder ultraderechista y pro colono, Naftalí Bennett.

Al otro lado, destacaba la voz de la ministra de Justicia, Tzipi Livni, -antigua jefa del equipo negociador con los palestinos- y su colega de Economía, Yair Lapid, jefe de la segunda fuerza parlamentaria en la coalición.

El jefe del gobierno anunció que la réplica tendría dos direcciones: una encaminada a capturar a los dos principales sospechosos -dos miembros del ala militar del movimiento islamista Hamás que faltan de su casa desde la misma noche en la que desaparecieron los tres estudiantes-.

Y otra dirigida a desmantelar la infraestructura civil del movimiento islamista en Cisjordania.

Hasta entonces, en la operación combinada habían sido detenidas más de 400 personas, la mayoría líderes y miembros del movimiento islamista, y clausuradas la mayoría de sus instituciones de financiación y propaganda.

La situación comenzó a complicarse aun más horas después de que fuera hallado asesinado, en un bosque de Jerusalén oeste, un menor palestino que había sido forzado a meterse en un coche esa madrugada en medio de una ola de ataques y manifestaciones nacionalistas al grito de “muerte a los árabes”.

El asesinato, obra presuntamente de ultranacionalistas judíos, desató enfrentamientos entre radicales palestinos y agentes israelíes en el barrio de Suafat, en Jerusalén Este.

En este ambiente de tensión, Egipto anunció el pasado viernes que había iniciado un proceso de mediación con Israel y Hamás para tratar de enfriar los ánimos y salvar la tregua firmada en 2012, tras la operación israelí “Pilar Defensivo”.

Una opción que enseguida se topó con la oposición del ala más dura israelí y con las posturas más radicales de Hamás.

Lastrado por la debilidad  el liderazgo político de Hamás hubo de ceder ante el empuje de los violentos.

La chispa fue la muerte de cinco milicianos en un túnel del sur de Gaza.

Horas después las “Brigadas Azedin Al Kasam” lanzaron una andanada de 35 cohetes y el Gabinete israelí aprobó la operación, que fue bautizada como “Margen Protector”.