Nina Simone, la sacerdotisa del soul

Su sueño era convertirse en la primera pianista clásica negra de Estados Unidos, pero cuando al fin consiguió actuar en el mítico Carnegie Hall de Nueva York lo hizo como estrella del jazz. Leyenda de la música negra, Nina Simone utilizó su arte como arma para la conquista de los derechos civiles de su comunidad.
Madrid, 8-7-1988.- Actuación de la cantante de jazz, Nina Simone, dentro de los 'Veranos de la Villa, que anualmente patrocina el Ayuntamiento de la Madrid, 8-7-1988.- Actuación de la cantante de jazz, Nina Simone, dentro de los "Veranos de la Villa, que anualmente patrocina el Ayuntamiento de la capital madrileña. EFE/Archivo/PACO CAMPOS

 

– Nina Simone (Eunice Kathleen Waymon), nació en Tryon (Carolina del Norte) el 21 de febrero de 1933. Falleció en Francia a los 70 años.

– Fue una de las principales voces del movimiento por los derechos civiles en los años 60 del pasado siglo. Suyos son himnos como ‘Mississippi, Goddam’ o ‘To Be Young, Gifted and Black’.

– Pagó un alto precio por su mensaje político y fue apartada por la industria musical. Una campaña publicitaria a finales de la década de los 80 la devolvió a la primera línea musical gracias al tema ‘My Baby Just Cares for Me’, que había grabado para su álbum debut, ‘Little Girl Blue’, en 1959.

 

Miriam Soto

 

 

Virtuosa del piano y marcada por la segregación racial, Eunice Kathleen Waymon nunca alcanzó su propósito de convertirse en la primera concertista de piano negra de Estados Unidos: después de años estudiando a diario durante horas desde los cuatro años, el Curtis Institute of Music de Filadelfia la rechazó y, ante la imposibilidad de continuar sus estudios en el conservatorio musical y las penurias económicas, empezó a actuar en locales nocturnos en Atlantic City.

Allí dejó a un lado a Bach, a Beethoven, a Brahms, a Debussy y la pianista clásica no sólo empezó a tocar todo lo que se le ocurría, según ella misma explicaba, sino que, ante el riesgo de perder el trabajo, empezó a cantar y se convirtió en Nina Simone, nombre que adoptó para ocultar a su madre lo que estaba haciendo, tocar “aquella música del demonio”.

Un novio latino que la llamaba “niña” y la actriz francesa Simone Signoret fueron la inspiración para el nombre artístico de Waymon, con el que pasaría a la historia de la música como la ‘suma sacerdotisa del soul’, una artista única que acabó repudiada por la industria en Estados Unidos por su fuerte activismo político.

Nina Simone nunca olvidó aquella “sacudida de racismo” que sintió cuando fue rechazada por el conservatorio, que en 2003, dos días antes del fallecimiento de la artista, reconoció con un premio su carrera, la trayectoria musical de una mujer que revolucionó una industria musical en la que no encajaba y que nunca recibió un premio Grammy hasta el galardón honorífico que le fue otorgado en 2017.

“Nina tenía un modo maravilloso de abordar una obra musical. No la interpretaba, la metamorfoseaba. Nina transformaba la música en su experiencia”, cuenta en el documental ‘What happened, Miss Simone?’ Al Shackman, el guitarrista con el que debutó sobre el escenario del Newport Jazz Festival en 1960 y el músico que la acompañó durante años en sus conciertos.

En sus funciones era un torbellino de emociones. “Me interesaba transmitir un mensaje emocional”, confesó Simone, que una vez convertida en una de las voces más reconocibles del movimiento por los derechos civiles, dedicó sus conciertos a lanzar un mensaje político con el que remover conciencias y luchar por los derechos de la comunidad negra.

“¿Cómo puedes ser artista y no reflejar el tiempo en el que vives? Es mi tarea contar lo que pasa. No hay elección”, decía Simone, para quien cantar para ayudar a su gente se convirtió en el pilar de su carrera a mediados de los años 60, y pagó un elevado precio por su activismo, arrinconada por la industria acabó condenada al olvido, del que salió a finales de los 80.

Una campaña publicitaria de Chanel rescató a Nina Simone del ostracismo, gracias a que la marca eligió la versión que tres décadas antes la artista había grabado de ‘My baby just care for me’ para su álbum debut, ‘Little Girl Blue’ (1959), con el que obtuvo el primer éxito de su carrera gracias a la canción ‘I Loves You, Porgy’.

 

DE PIANISTA CLÁSICA A LEYENDA DEL JAZZ.

La rabia de la temperamental Nina Simone tampoco ayudó a su carrera musical, controlada por el que fue su marido y mánager, Andrew Strout, con el que tuvo una hija, Lisa, y que fue el impulsor de su concierto en el mítico Carnegie Hall de Nueva York en 1963, ya que pagó para sacar adelante un espectáculo que ningún promotor quiso asumir.

“Sí, estoy en el Carnegie Hall, pero no tocando a Bach”, dijo Simone sobre el escenario, en un espectáculo en el que dio muestra de una técnica propia de los pianistas clásicos que supo adaptar como nadie a una música tan espontánea como el jazz. Tras aquel concierto, la fama de la cantante se disparó.

El ascenso artístico de Nina Simone acabó por ser demoledor para ella, sometida a la explotación de su marido y de la industria, que coartaban su libertad creativa. “Lo único que hacía era trabajar, trabajar, y trabajar; siempre estaba cansada, tomaba pastillas para dormir, para actuar, no podía dormir. Siempre pensaba que Andy me iba a dar un descanso, pero no me lo concedía”.

“Nunca pude retirarme porque me hizo trabajar mucho”, confesó años después Simone, quien aseguraba que su marido la “protegió de todos, menos de él mismo”. “Me envolvió como hacen las serpientes, yo trabajaba como un caballo y le tenía miedo porque me golpeaba”.

Antes de la pesadilla, todo le parecía un sueño. “Lo que me hace más feliz es actuar delante de un público que siente cómodo conmigo y les emociono”, aseguraba Nina Simone, que nunca pensó que acabaría siendo una estrella de la música.

“Estudié para convertirme en la primera pianista clásica de Estados Unidos, y eso es todo lo que tenía en mente, para eso me prepararon”, recordaba Simone, que había empezado a tocar el piano cuando tenía cuatro años, y dio sus primeros recitales en la iglesia a la que la llevaba su madre en Tryon (Carolina del Norte), donde había nacido el 21 de febrero de 1933.

En aquella iglesia conoció a la profesora Mazzanovich, la mujer con la que estudió piano clásico y la que creó un fondo para recaudar dinero para la joven Eunice, con el objetivo de quien estaba destinada a ser “la mejor pianista del mundo” pudiera continuar su formación en la escuela Juilliard de Nueva York.

 

LUCHA POR LA IGUALDAD.

En uno de aquellos primeros recitales, cuando tenía siete años, descubrió la importancia de “romper el silencio contra la opresión”, cuando pidieron a sus padres sentarse en la parte trasera del público. En ese momento dijo que, si eso ocurría, ella no tocaría el piano.

Aquella fue la primera vez que Nina Simone plantó cara al racismo, causa a la que acabó entregando todos sus esfuerzos en la década de los 60. De su música decía que no era música clásica, ni siquiera música popular, sino música por los derechos civiles.

Quizá el mejor ejemplo de ello sea la canción ‘Mississippi, Goddam’, que lanzó tras el asesinato, en septiembre de 1963, de cuatro niñas negras en Birmingham (Alabama), y que marcó un punto de inflexión en su trayectoria, la música fue su arma en la lucha por los derechos civiles y el empoderamiento de la comunidad negra de Estados Unidos.

La canción fue censurada en radio y televisión, pero es una de las más célebres de Simone, que la cantó en la histórica marcha de Selma hasta Montgomery en marzo de 1965. Luego llegarían otros temas convertidos en auténticos himnos, como ‘To Be Young, Gifted and Black’ o ‘Ain’t Got No’.

Se relacionó con los referentes intelectuales del movimiento por los derechos civiles y tuvo una estrecha relación con líderes como Malcolm X.

Tras el asesinato de Martin Luther King, Nina Simone decidió abandonar Estados Unidos, destino a Barbados. Después vivió en Liberia, en Suiza o en París, donde pensó que podría relanzar su carrera, algo que no consiguió.

“Mi madre fue una de las más grandes artistas de todos los tiempos, pero pagó un precio enorme por ello. La gente cree que cuando subía al escenario era cuando se convertía en Nina Simone, pero mi madre era Nina Simone las 24 horas del día, todos los días. Y eso era un problema. Pero cuando actuaba era brillante, la amaban”, decía su hija Lisa Simone Kelly.

“Tengo que vivir con Nina y eso es muy difícil”, decía Simone, que reconocía que todo en su vida “tuvo que ser sacrificado por la música”.

Después de trasladarse a Holanda, donde recibió tratamiento para su bipolaridad, se asentó en el sur de Francia, donde pasó los últimos años de su vida, hasta que falleció el 21 de abril de 2003 en Carry-le-Rouet, cerca de Marsella.

Simone encontró en el escenario el lugar en el que dar voz a su gente. “La libertad es no tener miedo”. La rabia mantuvo en pie a una artista excepcional que dejó para el recuerdo canciones como ‘Sinnerman’, ‘Don’t let me be misunderstood’, ‘For Women’, ‘Backlash blues’, ‘I put a spell on you’ o una inolvidable versión de ‘Ne me quite pass’. EFE/REPORTAJES 

 

 

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