Mujeres y trabajo: una radiografía

Las cifras son claras: las mujeres somos aún mayoría entre las franjas de población trabajadora con salarios más bajos. En España, de cada 10 personas que cobran el salario mínimo, 7 son mujeres. Una de cada cinco mujeres percibe lo que se llama un 'bajo salario', el equivalente a 6,6 euros brutos por hora. Las mujeres tienen el doble de posibilidades de acabar en un trabajo mal pagado que sus colegas hombres.
La especialista en igualdad, Cristina RoviraLa especialista en igualdad, Cristina Rovira

Cristina Rovira, especialista en desigualdad de Oxfam Intermón

 

Es más corriente, y no es casualidad, en ocupaciones como el trabajo social, los servicios de limpieza y mantenimiento, la restauración, el sector de los cuidados a la infancia y la vejez, o la atención al cliente, donde las trabajadoras representan un porcentaje muy superior al de sus compañeros.

En el marco de una sociedad patriarcal, nuestro trabajo es menos recompensando y valorado, social y económicamente. Y le sale a cuenta a un sistema económico que premia las rentas de capital a costa de precarizar el empleo.

Pongamos un ejemplo. Yolanda García es camarera de piso en un hotel en Benidorm, y portavoz de Las Kellys en su zona. Resume su experiencia como trabajadora en el corazón del sector turístico de este modo: “Conocí a un director de hotel que cobraba casi 15.000 euros al mes. Comparado con lo que nosotras hacemos, 800 euros por mes, es más de 10 veces lo que una camarera de piso gana. Pero no es sólo la diferencia salarial, es sobre todo la diferencia de clase. Por ejemplo, cuando se nos dice que usemos la puerta trasera para evitar que los clientes nos vean. Realmente no es un trabajo donde se preocupen por ti, te pregunten si estás bien o por qué tienes mala cara hoy… Lo que importa es que las habitaciones estén hechas a las 15h”.

Es así como un sector que año tras año arroja beneficios y premia con salarios de escándalo a sus directivos se sustenta en el trabajo de mujeres invisibilizadas, mal pagadas y en condiciones precarias. ¿Podemos aspirar a un mundo más justo mientras mantenemos un modelo económico que no reconoce ni remunera dignamente el trabajo cotidiano de millones de mujeres?

La baja remuneración no es más que la punta del iceberg. Hay una miríada de experiencias de precariedad y discriminaciones que miles de mujeres enfrentan a diario en el trabajo. Ser mujer conlleva una vinculación más intermitente con el mercado laboral, con carreras profesionales interrumpidas, salpicadas de parcialidad no deseada y con un creciente peso de las mal llamadas formas ‘atípicas’ de empleo.

Según la Organización Mundial del Trabajo, en 2014 en España más del 7 % de las mujeres trabajó en un empleo de 14 horas o menos a la semana, proporción que triplica la de los hombres. Casi el 70 % de las personas con un trabajo a tiempo parcial y que desearían tener un trabajo a tiempo completo en nuestro país son mujeres. Y la OCDE advierte de que esta tendencia seguirá aumentando.

Mientras tanto, encontramos trabajadoras en nichos de esclavitud moderna que, como denuncia Jessica Guzmán, presidenta de la organización Malen Etxea en el informe “Voces contra la precariedad” trabajan hasta 22 horas al día como trabajadoras internas del hogar y los cuidados, y no sobrepasan los salarios de miseria. Y además las desigualdades de género se suman con las vinculadas a la edad, el origen, la etnia, la clase o las habilidades diversas.

Casi la totalidad de estas trabajadoras son mujeres migrantes, sin vacaciones retribuidas o prestación por desempleo, sin tiempo para el ocio o incluso espacio para la propia intimidad. Muchas acusan lesiones físicas y emocionales que perdurarán a medio y largo plazo. Representan las vergüenzas de un modelo laboral y económico que empuja a la precariedad a más mujeres cada día.

Es el fenómeno que explica que, cada vez más, pese a tener uno o más trabajos, muchas mujeres no consigan superar el umbral de la pobreza. Y eso dejará huella en el futuro. La precariedad actual limita las posibilidades de disfrute de una vida digna más adelante. En la Unión Europea, las pensiones que reciben las mujeres son inferiores a las de los hombres en un 36,5 % de media. Pero el reto va más allá: el 58 % de las mujeres no llegará siquiera a recibir una pensión en nuestro país.

No superar el umbral de la pobreza implica otras consecuencias intangibles en una sociedad patriarcal. Para muchas de las mujeres que prestaron testimonio en el informe Voces contra la precariedad, significa convivir en condiciones de privación material extrema, donde cada gasto cuenta y condiciona lo que podrás comer mañana, o si encenderás la calefacción. Significa llevar 8 años sin vacaciones. Significa no contar con tiempo para cuidar de ti misma. Significa vivir bajo la ansiedad y estrés constantes de no llegar a fin de mes. Significa estar expuesta a violencias y acoso en entornos de trabajo inseguros y precarios. Significa sentir un notable desgaste físico y emocional, tras las maratonianas jornadas, remuneradas o no.

En términos sociales supone una falta de reconocimiento flagrante a la contribución que las mujeres, mediante el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, realizan a la economía. Su trabajo es la piedra angular que sustenta nuestras sociedades. Equivale al 27 % del PIB español, pero sigue siendo invisible para las estadísticas macroeconómicas.

Pero todo esto no es inevitable. Es el resultado de estructuras y políticas que pueden y deben cambiarse de forma eficaz para asegurar un trabajo en condiciones dignas. Algunos colectivos de mujeres ya han empezado a hallar alternativas, organizándose en cooperativas sociales para generar medios de vida, ingresos y condiciones de trabajo dignas.

En paralelo, la creciente solidaridad se extiende en una oleada feminista global, imparable, dispuesta a poner en jaque este sistema. La huelga del 8 de marzo en España no hizo sino confirmar el punto de no retorno. Al Gobierno le corresponde estar a la altura, asumir el reto y hacer realidad una agenda de trabajo digno para las mujeres de nuestro país.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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