Mujer y poder en el antiguo Perú

El registro de la historia del antiguo Perú tenía como premisa que el ejercicio del gobierno y del poder fue atributo exclusivo de los varones, a pesar que desde la segunda mitad del siglo XX la investigación arqueológica sacó a luz tumbas y mausoleos de mujeres con emblemas y símbolos del más alto rango en la jerarquía del poder.
Maritza Villavicencio, historiadora, museógrafa, escritora y fitomántica.
Maritza Villavicencio, historiadora, museógrafa, escritora y fitomántica.

Maritza Villavicencio. Historiadora, museógrafa, escritora y fitomántica

 

Sin embargo, los descubrimientos ocurridos durante la década del 50 pasaron desapercibidos y aquellos que aparecieron desde la década del 90 carecieron de un análisis reflexivo sobre su significado. Por el contrario, se les minimizó a pesar de la contundencia de sus ajuares funerarios, así ocurrió con las mujeres halladas en San José de Moro (costa norte siglos VII-XV) que se las denominaron sacerdotisas. Debieron pasar más de 20 años para que su descubridor reconociera que fueron gobernantas “equivalentes a las reinas del Viejo Mundo”.

En el 2005 finalmente se halló a la Señora de Cao, con cetro, porras, tocado, etc. que la identificaban con uno de los poderosos personajes de la iconografía de la cultura mochica (siglos II-VIII), pues se puso en tela de juicio que esos objetos fueran de ella y se lanzó la conjetura de que quizá pertenecieran al patrimonio familiar, léase del padre, el esposo, etc., ¿Por qué cuando hallaron los aretes/orejeras del Señor de Sipán (el Tutankamon de América) no se preguntaron si pertenecían a su mamá o a su esposa?

En el 2011 se descubrió a otra gran soberana, La Señora de Chornancap, también inicialmente la nominaron sacerdotisa, pero esta vez su descubridor puso la verdad en su sitio: Sacerdotisa y Gobernanta de la cultura Lambayeque (siglos VIII-XIV).

Otras mujeres de esta cultura se han descubierto como la Gran Señora del Bosque Pómac, con más de dos mil piezas de oro; y los descubrimientos continúan, hace sólo algunos días se han hallado veinte mujeres de la elite inca en las pirámides de Túcume.

¿Por qué estas magníficas damas son nominadas sacerdotisas? Las figuras femeninas empoderadas de los relatos míticos del antiguo Perú son todas divinas o divinizadas, así como las representadas en la iconografía orfebre, alfarera, textil, mural y geoglífica.

Las deidades femeninas estuvieron asociadas a la reproducción de los recursos naturales y al ciclo vital humano, por empatía de género solo las mujeres podían representarlas y materializar sus prodigios. Fue así que poderosas féminas terrenales se convirtieron en potentes regentas del tiempo, del espacio, de la vida y de la muerte, lo que les permitió, desde la cima del poder, monitorear los sistemas ecológicos, económicos, sociales y políticos.

Las señoras norteñas tenían el don de la taumaturgia. Todas ellas tuvieron el poder de manejar las aguas, las de la mar, de las lluvias, de los ríos, de las aguas subterráneas, todas claves para garantizar la supervivencia de los suyos. La Señora de Cao lleva tatuadas dos serpientes en los brazos. Las serpientes simbolizaban los ríos que bajan de las montañas de la sierra hasta los desiertos de la costa, para convertirlos en valles. Que la Señora de Cao las llevara tatuadas significaba su poder sobre ellas.

¿Cómo operaban sus prodigios? Bajo modalidad ritual y con una tecnología mágica, que suponía el conocimiento de las leyes de la naturaleza, de las cualidades del reino vegetal, animal y mineral, así como una preparación/capacitación a lo largo de su vida entera, en la que desarrollaba su capacidad de comunicación con la inteligencia de la naturaleza.

La neurobiología, la física y otras especialidades científicas están descubriendo lo que ancestralmente ya se conocía en el antiguo Perú y que hoy en día sigue practicándose.

Otro espacio de ejercicio del poder femenino fue el de la reproducción. La maternidad, lejos de recluir a las mujeres en espacios secundarios y privados, fue condición para ejercer el gobierno y decidir quiénes gobernaban, un ejemplo es el imperio incaico.

El gobierno y el poder en el incario estuvieron conformados por dos estructuras, una masculina y otra femenina, que se extendía desde el Cusco, el centro, hasta todos los confines del imperio que abarcó más de 2 millones de kilómetros cuadrados. El poder de la coya, la reina o emperatriz, fue tan descollante como el del inca, es decir, fue un cogobierno, así como también fueron poderosas otras tres instituciones femeninas ubicadas estratégica y geopolíticamente a lo largo y ancho del imperio.

La elección de la coya fue tan compleja como la elección del inca, y quienes tenían la última palabra eran las madres de los candidatos y candidatas. Hablamos de madres que estaban en pleno ejercicio político, con poder económico propio y autónomo que solo podían heredar otras mujeres, con lo cual se generaba una acumulación de riqueza por género.

Las mujeres del antiguo Perú han protagonizado uno de los episodios más fascinantes de la historia universal. Sin embargo, es una historia desconocida, omitida y desvirtuada, pero finalmente ha llegado el momento de deconstruir las falacias dichas y escritas sobre ellas y devolverles la dimensión de su rol en la construcción de la pluricultural civilización peruana, una de las seis cunas de la humanidad.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Etiquetado con: , , ,
Publicado en: Firmas

imagen

imagen