Muerto el capo Riina, la mafia sigue

La muerte de Totò Riina, a los 87 años, puede que haya dejado indiferente a las nuevas generaciones italianas, lo cual es normal, ya que el jefe de la mafia llevaba veinticuatro años preso en una cárcel de alta seguridad.
El historiador y profesor Mattteo Re.El historiador y profesor Mattteo Re.

Matteo Re

Historiador y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid sobre estudios italianos y temas de violencia política

Su verdadero nombre era Salvatore, pero como suele ser habitual en Sicilia, el nombre se acorta y se quedó en Totò. Se le apodaba, ù curtu, el bajito, ya que medía tan solo un metro y 58 centímetro. Ese mote no enseñaba su ferocidad. Quizá fue por eso que también tenía otro, la belva (la fiera), bastante más incisivo en despejar cualquier duda sobre su personalidad.

Riina dedicó toda su vida a la actividad criminal. Nació en Corleone en 1930, pueblo del interior de Sicilia que se hizo famoso gracias al personaje de don Vito Corleone, interpretado de manera magistral por Marlon Brando en la película El Padrino. Cometió su primer asesinato en 1949, a los 19 años de edad. Condenado a 12 años de cárcel, en 1956 ya estaba en libertad. Al poco tiempo, estallaría una dura guerra de poderes entre familias rivales. Riina se alistó en el bando ganador, que desbancaría a Michele Navarra, el jefe de los jefes de aquella época. Tras unos años como secundario, en 1969 fue uno de los protagonistas de la matanza en la que, junto con otro futuro jefe de la Cosa Nostra, Bernardo Provenzano, asesinaron el boss Palermitano Michele Cavataio y a cuatro de sus hombres.

A principios de los ochenta, los corleoneses decidieron hacerse con el poder mafioso de Palermo, siguiendo de esa manera la teoría que decía que quien mandaba en Palermo mandaba también en toda Sicilia.

Dirigidos por Totò Riina, los corleoneses mataron a centenares de hombres de honor de las familias contrarias (se calcula que entre 1981 y 1983 alrededor de 1.500 personas de ambos bandos fueron asesinadas). Durante esa especie de guerra se llevaron a cabo auténticas barbaridades. Quizá lo más espeluznante fue lo que le pasó a Giuseppe Inzerillo, hijo y todavía menor de edad del boss Salvatore Inzerillo que, al enterarse de que su padre había sido asesinado, juró vengarlo con sus propias manos. El objetivo de su represalia iba a ser, por lo visto, el mismísimo Totò Riina. Sin embargo, sus enemigos lograron secuestrarlo antes de que éste cumpliera con su promesa. Le cortaron el brazo derecho, se mofaron de él diciéndole que en esas condiciones le resultaría difícil dispararle a Riina y finalmente le pegaron un tiro en la cabeza.

A los asesinatos entre mafiosos siguieron ataques a empresarios, periodistas, políticos, policías, magistrados y ciudadanos sometidos a la constante extorsión de un pago mensual a la mafia. En el colofón de su carrera criminal, los hombres de Riina asesinaron en 1992 en sendos atentados a los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. El 15 de enero de 1993, la policía lo detuvo. Sin ningún atisbo de arrepentimiento, el jefe de la mafia pasó el resto de sus días encerrado en prisión, sometido al régimen carcelario 41-bis, el más duro del código penal italiano.

Muerto el jefe, la mafia sigue. El reto al que nos enfrentamos desde hace años en Italia es el más difícil de todos: encontrar el camino para que la mafia desaparezca para siempre. La labor policial, por importante y eficaz que sea, no puede ser la única vía para derrotar ese tipo de criminalidad. Resulta fundamental hacer hincapié en la educación y en el significado de la ley, con especial atención hacia las nuevas generaciones que, al fin y al cabo, serán el futuro del país.

A esos jóvenes que hoy no saben quien fue Totò Riina, pero que miran fascinados la violencia, el poder y el dinero fácil que aparecen en series como “Gomorra” o “Narcos” merece la pena recordarles las palabras del juez Paolo Borsellino quien, antes de morir, dijo que “si la juventud le diese la espalda, incluso la todopoderosa y misteriosa mafia desaparecería como una pesadilla”.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

 

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