Miguel Hernández, recordando al poeta universal, 75 años después

En la madrugada del 28 de marzo de 1942 moría en la enfermería del penal de Alicante, Miguel Hernández. Abandonado, enfermo y condenado por el franquismo por su apoyo a la República, al poeta del pueblo, no se le trató una neumonía que derivó en tuberculosis pulmonar aguda. Cuando se cumplen 75 años de su muerte hacemos nuestra la frase de Pablo Neruda, Nobel de literatura, y gran amigo del poeta oriolano “Recordad a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor”.
Madrid, 25-1-1940.- Retrato a lápiz de Miguel Hernández realizado por el dramaturgo Antonio Buero Vallejo a petición del poeta oriolano durante su Madrid, 25-1-1940.- Retrato a lápiz de Miguel Hernández realizado por el dramaturgo Antonio Buero Vallejo a petición del poeta oriolano durante su estancia en la prisión en Madrid, a los pocos días conocer su sentencia de muerte. EFE/jgb

Amalia González Manjavacas.

Podía incluírse por edad entre los poetas de la ‘generación del 36’, sin embargo, por su trayectoria vital y sus relaciones con poetas como Aleixandre, Alberti o Lorca, sitúan a Hernández, junto a ellos, como el hermano menor. Así lo calificó Dámaso Alonso , “genial epígono de la generación del 27″.

Hernández es un poeta de cualidades excepcionales, un poeta como Federico García Lorca “de los que poseen el arranque popular y las técnicas del arte más exigente. Desde su primera lecturas asombra por su tono vigoroso, arrebatado e irónico, como nos aclaró el que fuera director de la RAE y profesor, el filólogo, Lázaro Carreter.  Pero que sabe encauzar su desbordante inspiración, con las formas literarias más rigurosas como el soneto, cuartetas, següidillas…, en un perfecto equilibrio entre la emoción ascendente y la construcción disciplinada.

La mejor biografía sobre Miguel Hernández Gilabert  (Orihuela, 30.10.1910 – Alicante, 28.03.1942) nos la dejó narrada el propio poeta en sus versos, hondos, amargos, llenos de emoción y belleza.

Llegó con tres heridas:

   la del amor/ la de la muerte/ la de la vida.

     Con tres heridas viene:

         la de la vida,/ la del amor,/ la de la muerte”.   (…)

Hijo de una familia de cabreros, su padre le sacó del colegio a los 14 años, para que trabajara el negocio familiar, llegando incluso a rechazar una beca que le ofrecieron los jesuitas, los primeros en apreciar su talento. Pero aquellas largas jornadas de pastoreo le sirvieron para empaparse de lecturas, en especial de los clásicos latinos y de los autores del Siglo de Oro español como Cervantes, Calderón, Lope, o  Góngora, algo sorprendente para un chico de su edad, al tiempo que escribía sus primeros sonetos.

Su vocación poética fue temprana; en Orihuela participa en tertulias literarias que organiza su amigo Ramón Sijé a cuya muerte (a los 23 años) escribió la que fue y es la más bella elegía en lengua castetalla que encabeza así: En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha  muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien  tanto quería.

En 1934 se instala en Madrid donde su obra conquista pronto la máxima admiración de los autores del 27, los mismos que en un primer viaje no le habían prestado atención y apodaron “poeta cabrero”. En esta segunda ocasión tuvo mejor suerte  y estrechó especial amistad con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Decisiva fue para su evolución la ideología y la amistad con éste último.

La guerra del 36 cambió trágicamente su vida y marcó profundamente su obra. Comprometido con la historia de su tiempo, se significó políticamente y se alistar como soldado en el bando del gobierno legítimo. La cada vez más dura e injusta realidad social le orientaron hacia posiciones cercanas al comunismo e inspiraron una serie de poemas recogidos en El rayo que no cesa. Se trata de 30 poemas, casi todos sonetos,  con su lenguaje recio característico, bello y originalidad donde ya aparece su trío temático  -vida, amor, y muerte-, y donde ya parecía intuir su dramático destino. Cantó a la libertad, al amor, a la vida,  a la madre-tierra, a España-pueblo español, contra la barbarie y el sufrimiento de la guerra,  a la muerte:

   (…)  Si me muero, que me muera

          con la cabeza muy alta.

          Muerto y veinte veces muerto,

          la boca contra la grama,

           tendré apretados los dientes

           y  decidida la barba.

            Cantando espero a la muerte,

            que hay ruiseñores que cantan

             encima de los fusiles

             y en medio de las batallas.”   (…)

   

El gobierno de la República le nombra Comisario Cultural, cargo que le llevó a participar en actos culturales también fuera de España, el más conocido, su encuentro en Moscú con los dirigentes comunistas de la entonces Unión Soviética.

Convertido en un referente de la resistencia antifascista, el “poeta soldado” tan pronto ayudaba a cavar trincheras, como era requerido por su entereza, por sus firmes convicciones para levantar la moral de las tropas. Aquel compromiso le llevó a recorrer los frentes de Madrid, Jaén, Extremadura arengando a la tropa.

Durante la guerra Viento del pueblo (1937) hay en este libro cantos épicos, arengas, poesía de combate…. El hombre acecha(1939) sigue esta línea con un acento más trágico, por el dolor, están llenos de sonetos estremecedores y valientes en los que ensalza al pueblo español, al que anima a seguir luchando frente al “zarpazo” de los fascismos contra el pueblo valiente que nunca se doblega.

En la cárcel compone la mayor parte de “Cancionero y Romancero e ausencias” (1938-1941), con máxima desnudez y conmovedor.

A finales de 1937 nació su hijo, Manuel Ramón, el ‘Hijo de la luz y de la sombra’ muerto a los 10 meses. A principios de 1939 nació Manuel Miguel, el niño de las ‘Nanas de la cebolla‘, estremecedores versos sobre el hambre atroz que pasó su mujer (solo comía pan y cebolla mientras amantaba a su hijo).

       “Desperté de ser niño. Nunca despiertes.

             Triste llevo la boca.  Ríete siempre.

                  Siempre en la cuna, defendiendo la risa

                        pluma por pluma“.   (…)

Terminada la guerra, solo se salvaron los republicanos que huyen deprisa, pero él llega tarde a la desbandada, duda y finalmente intenta cruzar por Huelva a Portugal donde es detenido por la policía de Salazar y entregado a la guardia civil. Encarcelado, consigue salir en libertad en septiembre de 1939, gracias a la mediación de sus influyentes amigos. El poeta vuelve a su casa, otro error, pues una vez allí es delatado y encarcelado…..

      (…)  “Aquí estoy para vivir

                  mientras el alma me suene,

                   y aquí estoy para morir,

                     cuando la hora me llegue,

                       en los veneros del pueblo

                        desde ahora y desde siempre.

                           Varios tragos es la vida

                               y un solo trago es la muerte”. (…)

El 18 de enero de 1940 es condenado a  muerte, pena que le fue conmutada por otra de 30 años, gracias nuevamente a la intervención de sus grandes amigos, José María Cossío (quien le dio su primer trabajo para su famosa enciclopedia taurina), Neruda y Aleixaindre. En 1941 y tras recorrer numerosas prisiones, “mi turismo carcelario“, ironizaba llega ya enfermo al penal de Alicante, de donde ya no saldría vivo.

Abandonado y enfermo de tifus, bronquitis, que derivó en una  tuberculosis pulmonar aguda que no le llegaron a tratar, el poeta se fue consumiendo entre hemorragias y fuertes dolores, mientras pedía desesperadamente ser trasladado a un hospital de tuberculosos. Antes, la dictadura exigía que se retractara por escrito de sus ideas y reconociera el nuevo gobierno. Nunca lo hizo. Murió en la madrugada 28 de marzo de 1942, a los 31 años, pero como poeta universal permanece vivo en cada lectura.

      “Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
         Para la libertad, mis ojos y mis manos,
          como un árbol carnal, generoso y cautivo,
            doy a los cirujanos.

      Para la libertad siento más corazones
          que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
             y entro en los hospitales, y entro en los algodones
                como en las azucenas         ….

         Retoñarán aladas de savia sin otoño
               reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
                   Porque soy como el árbol talado, que retoño:
                        porque aún tengo la vida.     (El hombre acecha, 1939)

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