Merkel, ante el nuevo laberinto político alemán

La canciller alemana, Angela Merkel, se ha estrellado en el laberinto político alemán, en que la evolución de los partidos y la aparición de nuevas fuerzas han hecho más difícil encontrar alianzas sólidas con mayorías estables.
Imagen de carteles electorales. EPA/CLEMENS BILAN/EFE/ArchivoImagen de carteles electorales. EPA/CLEMENS BILAN/EFE/Archivo

 

Rodrigo Zuleta 

 

La propia Merkel ha sido en parte responsable del surgimiento de esa situación al haber desplazado a su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), hacia el centro, lo que ha espantado a algunos votantes conservadores que han caído en los brazos de la ultraderechista Alianza para Alemania (AfD).

Sin embargo, la reestructuración del mapa político alemán empezó mucho antes y al comienzo fue un proceso paulatino, que se ha acelerado en los últimos años.

Hasta los años 70, la lucha se daba sólo entre los dos grandes partidos -la CDU y su ala bávara la Unión Cristianosocial (CSU), de un lado, y el Partido Socialdemócrata (SPD), del otro-, con el Partido Liberal (FDP) como una especie de comodín que entraba en coaliciones con una de esas dos fuerzas, según la situación política del momento.

En los 80, con el surgimiento de Los Verdes, comenzó una fase en la que había dos bloques claramente identificados y a partir de 1982 el FDP se convirtió en el socio natural la CDU/CSU, con la que formó una coalición durante los 16 años de la era del canciller Helmut Kohl.

Los Verdes, por su parte, se veían como socios naturales del SPD, con quien gobernaron entre 1998 y 2005 como socio minoritario de la llamada coalición rojiverde presidida por Gerhard Schröder.

En esos siete años, sin embargo, el SPD entró en un proceso de desangre debido al programa de reformas de Schröder, que generó una desbandada en el ala izquierda de la agrupación.

A la cabeza de esa desbandada se situó el expresidente del SPD Oskar Lafontaine, que impulsó una fusión de la disidencia socialdemócrata con el postcomunista Partido del Socialismo Democrático (PDS), que tenía un peso importante solamente en el este del país.

Ya con cinco partidos en el parlamento la búsqueda de mayorías dentro de las constelaciones podía hacerse difícil. En 2005 la CDU/CSU, encabezada por Merkel, se presentó a las elecciones con el propósito explicito de relevar a la coalición rojiverde de Schröder y reemplazarla por una alianza del bloque conservador y los liberales.

Al final, la CDU/CSU quedó sólo ligeramente por encima del SPD y los dos grandes partidos terminaron formando una gran coalición. 

Ya entonces dentro del bloque conservador se planteó la posibilidad de una alianza tripartita, con liberales y verdes, pero el FDP se negó a entrar en conversaciones.
Durante la era Merkel, el desplazamiento de la CDU hacia el centro, que al comienzo fue motivada por la necesidad de hacer concesiones a los socialdemócratas, adquirió una dinámica propia.

El SPD entró en una crisis de identidad ante la herencia de Schröder, que en parte Merkel empezó a reclamar para sí, y sin atreverse a dar un giro claro hacia la izquierda siguió perdiendo apoyos.

Del 34,2 % de los votos alcanzado en 2005 por los socialdemócratas pasaron el 20,5 % en las pasadas elecciones de septiembre.

Ahora Merkel tiene frente a sí un parlamento con seis partidos y sin aliados a la vista para lograr una mayoría, tras el abandono del FDP de las conversaciones para formar una alianza tripartita con la CDU/CSU y Los Verdes y los socialdemócratas decididos a no reeditar la gran coalición.

La hoja de ruta está en manos del presidente alemán, Franck-Walter Steinmeiner, que tiene la prerrogativa de proponer al parlamento un candidato o candidata a la Cancillería.

Teóricamente, Steinmeier podría proponer a Merkel, que necesitaría mayoría absoluta en la primera y la segunda votación, que se realizaría 14 días después, pero sólo una mayoría simple en una tercera.

Tras lograr esa mayoría simple, Steinmeier puede optar entre nombrar canciller a Merkel, a la cabeza de un Gobierno de minoría, o disolver el Parlamento para convocar nuevas elecciones, algo que preferiría la jefa del Gobierno, según avanzó este lunes. EFE

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