Atmósfera enrarecida…

¿La renta variable ha tocado techo? Si ha habido una duda que se ha cernido sobre la mayoría de los inversores durante los últimos cinco años, sin duda ha sido ésta. La fase alcista que hemos vivido ha sido una de las más odiadas de la historia, y por causa justificada, ya que muchos han recelado de ella desde el primer momento.
Lukas Daalder, Chief Investment Officer, Robeco Investment Solutions .Lukas Daalder, Chief Investment Officer, Robeco Investment Solutions .

Lukas Daalder, Chief Investment Officer, Robeco Investment Solutions

 

El crecimiento económico fue decepcionante durante años, el beneficio por acción del MSCI de todos los países continúa por debajo de su máximo de 2007, y existen partes importantes de la economía que todavía sufren las consecuencias de la Gran Recesión (2009) y la crisis del euro. No cabe duda de que las acciones han subido más de lo que cabía esperar… ¿están entonces en posición de reiniciarse por completo?

¿Podemos decir que han tocado techo? Si uno quiere convencerse de que así es, lo mejor es que se fije en Estados Unidos. Durante los últimos seis años, las subidas del S&P 500 han superado regularmente el crecimiento de los beneficios empresariales, lo que significa que la renta variable estadounidense ha ido encareciéndose cada vez más a lo largo de esta recuperación.

Un parámetro muy popular para medir esto es la relación PE de Shiller, que contrapone los beneficios, atenuados cíclicamente, con las cotizaciones de cada momento. Según esta medida, las acciones estadounidenses se negocian actualmente a 33 veces su nivel de beneficios, algo que no se producía desde antes del estallido de la burbuja de las “puntocom”. Normalmente, la valoración no es en sí misma un motivo para prever una venta masiva, pero existen muchos otros factores adicionales que pueden actuar como catalizadores.

¿Qué podemos decir, por ejemplo, del incremento de los intereses en renta fija? Los intereses de la deuda estadounidense a diez años rondan actualmente el 3 %, mientras que la rentabilidad por dividendos del S&P 500 es solamente del 1,9 %. ¿O qué pensar de la tóxica poción mágica que Trump ha preparado para la macroeconomía? Rebajas de impuestos… ejem… las previsiones son que la reforma fiscal eleve el déficit público nada menos que un 5 % en 2019.

Seguramente hablaremos mucho de este experimento macroeconómico a lo largo de los próximos años: nunca antes se había impulsado tan agresivamente el déficit cuando el mercado laboral se encontraba en niveles tan bajos (4%). Y, si todo esto no sirve de catalizador, tenemos el riesgo de guerra comercial en ciernes… Las guerras comerciales pueden resultar fáciles de ganar, según Trump, pero la historia nos demuestra que son siempre muy dolorosas para todos los bandos; nunca hay verdaderos ganadores.

Entonces, ¿deberíamos vender acciones? Teniendo en cuenta todos estos argumentos, la respuesta podría parecer bastante evidente (¡sí, vende tus acciones!), pero no es así. Por un lado, cuando hablamos de renta variable, tendemos a fijarnos solamente en Estados Unidos. Pero es que las acciones de Europa, Japón o los mercados emergentes no han protagonizado una subida tan monumental como las estadounidenses en los últimos nueve años y, por ello, estos mercados no resultan tan caros.

Por otro lado, tras un par de años deslucidos, los beneficios empresariales experimentaron un marcado repute en 2017, que parece que proseguirá en 2018. El impulso de crecimiento a escala mundial y la rebaja de impuestos en EE.UU. hacen que la previsión de incremento de los beneficios de las empresas estadounidenses en 2018 sea del 27 %.

Vender ahora sería como nadar a contracorriente en esta marea positiva. Y después tenemos una tercera cuestión: ¿hacia qué tipo de corrección podríamos estar aproximándonos en realidad? Después de las grandes correcciones que tuvieron lugar en los años 2000-2003 y 2007-2009, la generación actual de inversores tiende a pensar que las correcciones revisten siempre la forma de una caída del 50 % (o más).

Pero la historia nos muestra que retrocesos tan masivos son, de hecho, muy infrecuentes, ya que las correcciones más habituales son de entre el 20 % y el 30 %. Sin duda pueden ser batacazos importantes, pero lo que hay que tener en cuenta es que únicamente pierde esa cantidad el que compre exactamente en el punto más alto y venda precisamente en el más bajo.

Y esto nos lleva al punto final: ¿en qué medida podemos prever y temporalizar estas correcciones? El inversor Peter Lynch se hizo famoso por decir que se ha perdido más dinero esperando una corrección que en la corrección en sí. Otro ejemplo muy conocido es cuando Greenspan habló de la exuberancia irracional de los mercados de valores en diciembre de 1996: las acciones duplicaron con creces su precio, antes de desplomarse finalmente.

Como esto no quiero sugerir, ni deseo, que se esté produciendo una situación de burbuja como la del año 2000, sino que intentar prever y temporalizar una corrección del mercado puede resultar muy difícil, además de costoso.

A quienes preocupe que la renta variable esté cerca de tocar techo, mi consejo a largo plazo es que vayan trasladando sus inversiones de EE.UU. a los mercados de valores de otras regiones. Esta estrategia no los protegerá enteramente de una corrección del mercado estadounidense, pero les proporcionará mejores resultados a largo plazo.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores

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