Menos refugiados por los Balcanes, en viajes más peligrosos

El paso de refugiados de Oriente Medio hacia Europa Central se ha ralentizado en 2016 por el cierre de fronteras en la ruta de los Balcanes y por el acuerdo de deportación de la UE con Ankara, pero miles de personas siguen echándose a un camino que es más largo y peligroso.
Miles de refugiados esperan en Passau, frontera entre Austria y Alemania. EFE/Archivo/Armin WeigelMiles de refugiados esperan en Passau, frontera entre Austria y Alemania. EFE/Archivo/Armin Weigel

 

Antonio Sánchez Solís

Si en los momentos más críticos de la oleada de refugiados en otoño e invierno de 2015/2016, hasta 10.000 personas entraban por día en Austria por la frontera húngara y luego eslovena, las autoridades austríacas interceptaban a finales de este año a un máximo de 150 por día, procedentes sobre todo desde Italia.
Este cambio de tendencia se debe a una serie de medidas y acuerdos que se pusieron en marcha en la primavera pasada.
Primero, el Gobierno austríaco pactó en febrero con los países a lo largo de la ruta balcánica el cierre sucesivo de las fronteras.
Poco después, la Unión Europea pactó con Turquía el polémico acuerdo de devolución de refugiados desde las islas griegas, a cambio de ayudas económicas y el envío de otros refugiados de forma organizada a Europa.
“Básicamente, se puede decir que la ruta de los Balcanes está cerrada, pero no puede hacerse al cien por cien hermética”, asegura en Viena Gerald Tatzgern, el jefe del servicio austríaco de lucha contra el tráfico de personas.
“Los traficantes tratan de traer a la gente ahora sin importar las rutas, a pie por las fronteras, la gente es abandonada, escondida en trenes”, explica en declaraciones a Efe.
Por un lado, la policía turca está evitando que mucha gente cruce hacia Grecia. Por otro, las estrictas medidas de control aplicadas por varios países, como Hungría o Bulgaria, han hecho que el flujo migratorio por esta ruta haya disminuido.
Pero no se ha cerrado y, aunque la comparación con el año 2015 no procede, porque fue un período excepcional, si se cruzan las cifras actuales con las de 2014, “la tendencia es que más gente quiere venir”, asegura Tatzgern.
Uno de los efectos de este “cierre” ha sido que el viaje se ha hecho mucho más largo y también han aparecido nuevas estrategias que lo hacen más peligroso, como el uso de vagones de mercancías, en los que los refugiados son embarcados en Turquía y en los que pasas incluso días enteros sin salir.
“No pueden salir por ellos mismos (de los vagones), sino que uno confía a que el correspondiente traficante esté en el sitio a tiempo para recogerlos”, explica Tatzgern.
El experto señala que no parece que el cierre de esta vía influya sobre la ola de llegadas desde el Mediterráneo hacia Italia y asegura que las dos rutas no son “vasos comunicantes”.
“En esa ruta no hemos visto ningún sirio y muy pocos afganos. Eso significa que la ruta de Italia y el Mediterráneo es casi exclusivamente desde África. Eritreos, somalís, nigerianos o de otros Estados, como Marruecos o Argelia”, diferencia.
En el año 2016 también se aprobaron nuevas legislaciones y se aplicaron medidas más estrictas, y polémicas, contra la llegada de refugiados.
Hungría, que en 2015 fue el primer país en levantar alambradas, sigue aplicando su rígida ley antimigratoria que prevé penas de cárcel a quien entre en el país irregularmente.
Además, los refugiados que son detenidos en la franja de los ocho primeros kilómetros de territorio son enviados al otro lado de las alambradas con Serbia y Croacia.
Allí quedan atrapados durante días en tierra de nadie, sin recibir apenas servicios, mientras esperan a que Hungría tramite sus solicitudes de asilo.
Varias ONG, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, han denunciado el trato violento y los abusos que sufren los peticionarios de asilo a manos de las autoridades húngaras.
Además, el Gobierno conservador nacionalista convocó un referendo para rechazar el reparto solidario de refugiados en la UE.
Tras una campaña llena de mentiras y en la que se vinculó a los refugiados con el terrorismo, el resultado quedó invalidado ya que ni la mitad de la población acudió a votar.
Con todo, el más que rotundo apoyo a las tesis del Gobierno entre quienes acudieron a las urnas ha sido esgrimido por el primer ministro, Víktor Orban, como una señal de que los húngaros rechazan las “imposiciones” de la UE y la llegada de extranjeros.
En Austria, mientras, el Gobierno formado por socialdemócratas y conservadores decidió que no aceptará más de 37.500 solicitudes de asilo este año (en 2015 llegaron 90.000 refugiados), pese a las críticas y advertencias de que ese límite vulnera las obligaciones internacionales del país.
Pero también en Austria el mensaje de la islamización y el miedo al terrorismo fue utilizado por el ultranacionalista Norbert Hofer, quien basó su campaña presidencial en ese supuesto.
Finalmente, la victoria electoral fue para el progresista Alexander Van der Bellen, él mismo hijo de refugiados que huyeron de la revolución soviética en 1917, y con una postura mucho más abierta hacia la inmigración.
También en Bulgaria se aceleró la espiral de la fobia a los refugiados, con el surgimiento de unidades paramilitares que cazaron inmigrantes cerca de la frontera con Turquía, cada vez más vallada.
Justo allí comenzó a operar en octubre la nueva agencia de vigilancia de fronteras de la UE, que sustituye a Frontex, un organismo que por falta de medios y competencias apenas pudo hacer nada para gestionar la oleada de refugiados. EFE

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Publicado en: Análisis