“Mayo del 68” ¿una revolución a medias?

Se cumplen 50 años del “mayo francés”, “mayo del 68” o “la revolución de mayo del 68”, que no son denominaciones sinónimas. La primera reduce el ámbito territorial a lo ocurrido en Francia. En la segunda se incluye habitualmente la llamada “Primavera de Praga”, la matanza de la plaza de Tlatelolco, en México DF, los movimientos de repulsa a la guerra de Vietnam y otros.
Ciudadanos se manifiestan a lo largo de los Campos Elíseos de París con motivo de las reivindicaciones del Mayo de 1968  en Francia. EFE/ArchivoCiudadanos se manifiestan a lo largo de los Campos Elíseos de París con motivo de las reivindicaciones del Mayo de 1968 en Francia. EFE/Archivo

Laureano García, periodista

Con el rótulo de “Revolución de mayo del 68” se magnifica la trascendencia de lo sucedido, con un relato propio del mito. Ceñiré las líneas que siguen a los sucesos de Francia. En los 50 años transcurridos desde entonces se han depurado los hechos y el análisis de las causas que dieron origen a la protesta, pero no hay consenso sobre las consecuencias y perviven teorías contradictorias.

Todo empezó con la sublevación de los estudiantes contra la autoridad académica en la facultad de Letras de Nanterre, un barrio de las afueras de Paris. Las alteraciones de la vida académica y del orden público aconsejaron al rector cerrar el recinto universitario el día 2 de mayo. El remedio, contemplado medio siglo después, fue peor que la enfermedad, porque los universitarios del extrarradio llevaron la protesta y su propuesta de revolución a la Universidad de París (La Sorbona), en el corazón de la ciudad, donde los estudiantes acogieron a los llegados de Nanterre y su rechazo activo a la autoridad, con duros enfrentamientos con la policía, que se extendieron pronto al resto de Francia y, con distinta intensidad, a algunas universidades de otros países de Europa.

La protesta estudiantil contó con el apoyo de la izquierda y de los sindicatos, que convocaron la mayor huelga general que ha conocido Francia y se sumaron a las manifestaciones. El gobierno decretó el estado de sitio el día 6 y el enfrentamiento con la policía alcanzó la máxima gravedad cuatro días después, el 10 de mayo, en la “noche de las barricadas”, que dejó casi mil heridos entre manifestantes y policías.

Tras días de zozobra y desconcierto, con el país prácticamente paralizado, con escasez de gasolina y de artículos de primera necesidad y las calles atestadas de basura, el gobierno ofreció importantes mejoras laborales y sociales a los obreros, mientras mantenía la acción policial contra los estudiantes. Aunque inicialmente hubo comités de fábrica que rechazaron lo pactado por los sindicatos con la patronal y el gobierno (Acuerdos de Grenelle), luego lo aceptaron y rompieron el frente común con los estudiantes, lo que significó el fin de las protestas. El general De Gaulle convocó elecciones y ganó ampliamente, mientras los partidos de la izquierda sufrieron un gran descalabro.

El relato de lo ocurrido se compadece mal con el mito revolucionario. Los estudiantes arrastraron a los obreros a su protesta y rebelión contra la autoridad, pero se quedaron solos cuando los sindicatos fueron “bendecidos con el maná del gobierno”. “Seamos realistas, pidamos lo imposible; Nosotros somos el poder; Prohibido prohibir; La imaginación al poder”… aquellos eslóganes creados para orlar la revolución y vivos para la historia en hemerotecas y filmotecas, quedaron en banda sonora de una operación de éxito para los sindicatos. Jean-Pierre Le Goff, en “El legado imposible”, dice que “Cuando reabrieron las estaciones de servicio, todo el mundo se fue de fin de semana”.

Pese a las versiones noveladas, no hay discrepancias sustanciales en la descripción de lo que ocurrió, pero en lo que concierne a las conclusiones, el alcance, valoración y enseñanza de aquellos hechos, hay de todo, como en botica.

Lo que André Glucksmann describió como una profunda crítica cultural, social y política del capitalismo, ha quedado para unos como un revulsivo de la modernidad y para otros como el pecado original de los males que hoy afligen al mundo. Nicolás Sarkozy, exponente del pensamiento de la derecha francesa, identifica el “mayo francés” con el relativismo moral, la confusión de valores, la pérdida de autoridad, el cinismo y la irresponsabilidad. Por el contrario, parte de la izquierda piensa con Alain Touraine que aquellos hechos son la semilla de la que han salido muchos de los avances sociales, como la liberación de la mujer, el protagonismo creciente de la sociedad civil y la consolidación de los derechos sindicales. Con conocimiento de causa y larga reflexión, el filósofo y sociólogo Edgar Morin, que era profesor de Nanterre en aquellos días y acompañó a los estudiantes en lo que el llamó la “Comuna estudiantil”, considera que todo aquello fue más que una simple protesta, pero menos que una revolución. Quizá, añado yo, por la premonición de aquella pintada que llamó la atención de Julio Cortázar y que rezaba “los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas”. Ignoro si fue escrita antes o después de la negociación de Grenelle.

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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