Marruecos mueve ficha en los “territorios liberados” del sur del Sáhara

El gobierno de Marruecos ha "movido ficha" en el extremo sur del Sáhara Occidental, en lo que el Frente Polisario llama "territorios liberados", junto a la frontera norte de Mauritania, precisamente para negar el supuesto control que el este grupo pretende tener sobre esa zona.
EFE.Archivo, KHALIL SHIKAKIEFE.Archivo, KHALIL SHIKAKI

 

Javier Otazu

A mediados de agosto, el Polisario denunció movimientos de tropas por tierra y aire en el área de Guerguerat, último puesto militar marroquí antes de la frontera mauritana, y Marruecos respondió asegurando que se trataba de una “operación de limpieza” emprendida por agentes de aduana y de la policía contra todo tipo de “comercio ilegal y traficantes” que pululan en la zona.
Ante las denuncias del Polisario de que Marruecos había violado el alto el fuego vigente desde 1991, la misión de la ONU en el Sahara (Minurso) envió a observadores a la zona que dijeron no haber visto equipamiento militar, sino tránsito de vehículos civiles.
Esta semana, Marruecos aclaró las cosas: había emprendido una operación de asfaltado en la carretera que va de Guerguerat a Mauritania, con el acondicionamiento de 3,5 kilómetros.
Podría parecer una anécdota anodina, pero no lo es: al emprender el asfaltado de una carretera en la zona de los “territorios liberados”, Marruecos envía un mensaje inequívoco: “Este es nuestro territorio y a partir de ahora vamos a estabilizarlo”, según interpreta el analista Moussaoui Ajlaoui, especialista en cuestiones del Sáhara y Sahel.
El Sáhara Occidental termina en la península del Cabo Blanco, una estrecha lengua de tierra repartida así: al oeste, es parte del Sáhara y termina en la localidad de Lagüera; el este pertenece a Mauritania, y ahí se encuentra la industria y el pulmón económico del país: la ciudad portuaria de Nuadibú.
La realidad es que toda la península está controlada por Mauritania, y que la “localidad” saharaui de Lagüera no pasa de ser un cuartel abandonado y varios edificios deshabitados de la época española cuya visita sólo es posible con un permiso expreso del ejército mauritano.
Existe un acuerdo de facto de Mauritania con Marruecos y con el Polisario para dejar Lagüera y toda la península fuera de toda disputa, como único modo de permitir el desarrollo de Nuadibú; esa es la razón de que Marruecos haya situado su primer puesto fronterizo en Guerguerat, situada 60 kilómetros al norte de Lagüera.
Pero la realidad es que Guerguerat se ha convertido en una frontera atípica entre dos países, en el extremo de un territorio en disputa, y que al sur de ese puesto se extiende una franja de unos cinco kilómetros que corre paralela a la frontera mauritana y por el que transita todo tipo de tráficos.
Como recuerda hoy el portal ledesk.ma, los lugareños llaman al lugar “Kandahar”, para dar idea del descontrol que reina en una zona usada por los traficantes de coches desahuciados en Europa, redes africanas de tráfico de personas y contrabando de productos europeos llegados desde Canarias que luego se distribuyen por esa esquina del continente.
El analista Ajlaoui considera que el asfaltado al sur de Guerguerat constituye un mensaje que Marruecos envía en todas direcciones: al Polisario, a Mauritania, a la ONU y a Argelia.
El mensaje consiste en negar la existencia de “territorios liberados” por el Polisario (Marruecos siempre habla de “zona tapón”) y en la idea de que es necesario poner orden en una región, la del Sahel, sacudida por la inestabilidad llegada tanto desde Mali como desde Libia.
Ajlaoui cree que el momento elegido por Marruecos para emprender estas operaciones en Guerguerat tiene que ver con el difícil momento de transición que van a vivir tanto Argelia como Mauritania: la primera, por el delicado estado de salud de su presidente Abdelaziz Buteflika; la segunda, por los problemas de su presidente Abdel Aziz para perpetuarse en el poder, como al parecer pretende.
Pero sobre todo -argumenta Ajlaoui, repitiendo aquí la tesis oficial en Rabat- Marruecos subraya que no acepta el statu quo pese a ser supuestamente el beneficiario de la situación actual y “mueve ficha” en el extremo sur del Sáhara, afirmando su control sobre el territorio.
Con un Ban ki-moon ya prácticamente fuera de escena y su Enviado Personal para el Sáhara, Christopher Ross, ninguneado por Rabat una y otra vez, Marruecos parece sentirse más cómodo que nunca para maniobrar a su voluntad dentro de las arenas del Sáhara. EFE

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Publicado en: Reportajes

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