María Dolores Pradera, la dama de la canción en español

La gran dama de la canción en español, María Dolores Pradera, nació en Madrid el 29 de agosto de 1926 (otros medios citan 1924 como año de nacimiento), ciudad donde falleció el 28 de mayo de 2018. Sus clásicos de siempre la convirtieron en la gran diva de la canción melódica en español con una larga trayectoria a sus espaldas de casi 70 años y 40 discos publicados
La cantante María Dolores Pradera durante el homenaje que recibió en la XXVI edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz. EFE/Archivo/RLa cantante María Dolores Pradera durante el homenaje que recibió en la XXVI edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz. EFE/Archivo/Román Ríos.

María Dolores Pradera trajo y llevó el folclore de España a Iberoamérica y ayudó a popularizar en ambos lados muchos temas que ya por siempre estarán ligados a ella.

Atesoraba 30 discos de oro, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio -que recogió en febrero del año pasado- la Medalla de Oro de las Bellas Artes, la Medalla de Madrid al Mérito Artístico, la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica y el Premio Nacional de Teatro, porque María Dolores Pradera comenzó su carrera artística en la interpretación.

Primero fue el cine y después el teatro, en el que obtuvo grandes éxitos con obras como “La Celestina”, “El jardín de los cerezos”, “Las tres perfectas casadas”, “Mariana pineda” o “Cándida”.

Desde su debut como cantante en la “boite” madrileña Afazán, en 1952, donde cantó por primera vez “Caminemos”, la artista viajó por todo el mundo, la mayor parte de las veces acompañada por los guitarristas Santiago y Julián López Hernández, “Los Gemelos”.

En el “pequeño milagro” que fueron aquellos discos, volvió a transitar por el caminito que tan famosa la hizo, y en el que había boleros, samba o copla, con “himnos” de amor y desamor como “Fina estampa”, “Se me olvidó otra vez”, “Contigo en la distancia”, “Esta tarde vi llover”, “El rosario de mi madre” o “El tiempo que te quede libre”.

Prefería, “mil veces”, que la quisieran a que la admiraran, como sostuvo en el homenaje que le rindieron en el Instituto Cervantes y en el Festival de Teatro Iberoamericano de Cádiz en 2011 sus muchos admiradores.

Seguía mirando la vida con curiosidad y optimismo y contaba con una fina ironía anécdotas de “sus muchas vidas”, que incluyeron el matrimonio con Fernando Fernán Gómez -de 1945 a 1984-, padre de sus hijos Elena y Fernando.

Aseguraba que cuando era pequeña quería ser “gitana”, “como otros querían ser ingeniero”, porque le gustaban mucho “las ojeras y el pelo negro” y que de ahí le venía su gusto por el flamenco y los flamencos.

“Mi ídolo de pequeña era la Piquer. Me salía con naturalidad cantar copla; por eso quería ser gitana, para ser morena y con ojeras”, decía.
La artista aseguraba que lo había pasado “mejor” que “peor” en la vida, que había conocido a gente “extraordinaria” como Atahualpa Yupanqui, José Alfredo Jiménez, Lola Beltrán o Lola Flores, y que tenía el orgullo infinito de haber sido siempre una buena amiga para sus amigos.

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Publicado en: Obituarios