FRANCIA/ Elecciones

Le Pen fracasa en su intento de llegar al Elíseo

A sus 39 años, Emmanuel Macron puede estar a horas de convertirse en el presidente más joven de la V República francesa, algo impensable hace sólo un año y todavía hoy difícil de creer si se atiende a su recorrido vital y a sus ideas políticas.
La candidata ultraderechista a la Presidencia francesa, Marine Le Pen, ofrece un discurso durante un encuentro organizado por la patronal Medef en ParLa candidata ultraderechista a la Presidencia francesa, Marine Le Pen, ofrece un discurso durante un encuentro organizado por la patronal Medef en París. EFE/Etienne Laurent

>Marine Le Pen ha pasado los últimos años lavando la cara del partido de ultraderecha que heredó de su padre, para convertirse en el rostro amable de un movimiento que no ha dejado de ascender electoralmente hasta situarse, por segunda vez, en la segunda vuelta de unas presidenciales.

Quince años después que su padre, la política aspira al Elíseo con más fuerza que su progenitor, aunque sin la suficiente, según los sondeos, como para ganarse el derecho a conquistar el poder.  Pero la hija pequeña del fundador del Frente Nacional ha logrado consolidar un movimiento basado en el patriotismo económico e ideológico, dejando de lado algunos de los postulados tradicionales de la extrema derecha para crear menos rechazo que en el pasado.

A sus 48 años, en su segunda campaña presidencial, esta convencida “eurófoba” ha mantenido en vilo al mundo entero durante la campaña electoral, aunque su impulso parece haberse desinflado en el tramo final y todos los sondeos le sitúan muy lejos del triunfo frente al socioliberal Emmanuel Macron.
Aunque la adhesión a su partido va en aumento, todavía genera suficiente rechazo como para unir a electores de diferentes sensibilidades en su contra.

Marine Le Pen goza de un electorado fiel que le perdona incluso las acusaciones de financiación ilegal de su movimiento por los que ya ha sido sancionada en el Parlamento Europeo (PE), donde ocupa un escaño desde el 14 de julio de 2009. La candidata se mueve como una funambulista entre las propuestas radicales heredadas y la cara más aceptable con la que pretende conquistar el Elíseo.

Evita las alusiones a la II Guerra Mundial que tantos quebraderos de cabeza le costaron a su padre -e incluso a ella misma en esta campaña-, y arremete contra la inmigración esgrimiendo la inseguridad, la preferencia francesa y el patriotismo económico, su tema de campaña favorito tras comprobar que en Estados Unidos le funcionó al magnate republicano Donald Trump.

Todo ello tras haber cortado en 2015 el cordón umbilical con su progenitor después de la última salida de tono del patriarca, lo que le valió protagonizar un culebrón familiar durante meses pero que acabó por independizar a la líder y consagrarla como uno de los rostros más reconocibles de la ultraderecha europea.

Nacida el 5 de agosto de 1968, Marine Le Pen comenzó pronto su militancia política, siempre a la sombra de su padre. A los 18 años se afilió al Frente Nacional y, ayudada por su apellido, no tuvo problemas en escalar peldaños en su estructura interna.

En un partido al que le costaba encontrar cargos y candidatos, la hija del líder fue pronto un valor electoral que se presentó a diversas elecciones legislativas y locales, carrera que compaginó con la de abogada en París entre 1992 y 1998.

Cuando en 2002 su padre accedió a la segunda vuelta, Francia descubrió en infinidad de intervenciones televisivas que tenía un verbo ágil y un carácter fuerte.  Había nacido una estrella política que, con el paso de los años, se fue afianzando. Primero en el partido, donde tuvo que soportar los ataques de la vieja guardia que le consideraban una “arribista” y que no aprobaban el giro “amable” que encabezaba.EFE/

 

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Publicado en: Protagonistas