Luis Díez del Corral, tono y sentido de Europa

Este 2018 se cumplen 20 años del fallecimiento de Luis Díez del Corral y Pedruzo (Logroño, 1911 - Madrid, 1998). Una conmemoración que invita a recordar el pensamiento de uno de los intelectuales españoles más notorios del siglo XX.
José Barros, consultor de comunicación.José Barros, consultor de comunicación.

José Barros, consultor de comunicación

 

Pero repasemos antes los hitos de una trayectoria académica marcada por la excelencia. Letrado del Consejo de Estado -aprueba en 1936, a escasos meses del comienzo de la Guerra Civil-, Catedrático de Historia de las Ideas y Formas Políticas en la Universidad Central de Madrid (1947) y numerario de las Reales Academias de Historia (1973), Bellas Artes (1977) y Ciencias Morales y Políticas -esta última, en 1990, le nombra Presidente de Honor-.

Obtiene en vida importantes reconocimientos -entre otros, el doctorado Honoris Causa por la Universidad de La Sorbona (1980) y el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1988)-, y disfruta del cómplice afecto de algunos de los intelectuales más señeros de su tiempo, como Raymond Aron o José Ortega y Gasset, de quien es discípulo directo.

Sus obras completas, editadas por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, comprenden cuatro tomos; son 4.000 páginas donde Filosofía Política, Derecho, Sociología, Estética e Historia transitan juntas, de la mano de un castellano preciso y elegante.

Esta visión humanística le permite abordar el estudio de una idea filosófica o de una institución política desde un punto de vista global, capaz de ensamblar el rigor de la mejor abstracción con perspectivas de corte más histórico o artístico. Un ejemplo es Reflexiones sobre el castillo hispano; en este artículo explica magistralmente -entre otros asuntos- la interacción entre acción humana y naturaleza durante el proceso histórico que moldea el paisaje castellano.

Todo esto, en cuanto a su estilo. En lo que a sus principales temas de estudio se refiere, la pregunta puede contestarse con una palabra: Europa o -mejor dicho- la civilización occidental. Esta vastísima área de trabajo -nada menos que la indagación de los principios que conforman lo que se llamaría visión occidental del mundo- el propio Don Luis la aborda desde múltiples enfoques. En este texto pondremos el acento en dos que le resultan especialmente queridos: la génesis y desarrollo del liberalismo y la situación de la Europa que le toca vivir.

Desde El liberalismo doctrinario (1944), acerca de la pléyade de doctrinarios franceses y su influencia en el liberalismo decimonónico español, hasta su monumental El pensamiento político de Tocqueville (1989), pasando por una serie de monografías sobre Pascal, San Agustín, Descartes o Montesquieu, la reflexión de Diez del Corral en torno a la tradición liberal busca dar respuesta a las exigencias de emancipación propias de la Ilustración, teniendo en mente -aunque no en todas las ocasiones de forma explícita- al caso español.

Sus referentes a la hora de configurar un sistema capaz de combinar estabilidad, igualdad y libertad son el parlamentarismo inglés, los doctrinarios franceses y la Restauración borbónica.

Europa -su arte, sus estilos de vida, su literatura, la evolución de sus formas políticas y también de su música y cine- es otra referencia ineludible en la obra de Diez del Corral.

Una civilización, la europea, que, después de expandirse por el conjunto del orbe y ser puerta de acceso a la Modernidad para las más variadas culturas, se encuentra tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial en ruinas y tutelada por los EE.UU. y la URSS. De esta compleja situación procede la doble referencia a la enajenación presente en el título de su libro más famoso, El rapto de Europa (1954): rapto por embriaguez universalista y rapto por ensimismamiento y secuestro.

El análisis que esta obra traza de los fundamentos de la cultura europea es de una profundidad y una finura difícilmente superables. No por casualidad, el libro fue traducido a las principales lenguas occidentales e incluso al japonés. Dentro de su permanente interés por la civilización del continente cabe encuadrar otro libro suyo, La Monarquía Hispánica en el pensamiento político europeo: De Maquiavelo a Humboldt (1976), lleno de sugerentes ideas sobre el papel de España en el conjunto de Europa.

Visto su recorrido intelectual, cabe preguntarse ¿mantiene vigencia su pensamiento? Precisamente ahora, cuando el proceso de integración europea se encuentra amenazado por las demagogias y superficialidades del pensamiento-tuit, la obra de Luis Díez del Corral se revela como un faro de lucidez, capaz de aunar -como les gusta a los franceses- el buen tono y el buen sentido.

Y es que todo el caudal de su aguda erudición está aquilatado por una notable dosis de sensatez y bonhomía que hace que sus interpretaciones resulten sorprendentemente actuales, permitiendo así descubrir la riqueza de una civilización que, a pesar de todos los pesares -y en el siglo XX no fueron pocos-, continúa pujando por hacer más humano el espacio y más gozoso el tiempo.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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