Los toros

No entiendo como los antitaurinos no se documentan más. Cuando se manifiestan parecen niños cabreados que chillan sin razonar caprichosamente.
Los toros

Luis Lezama, sacerdote, periodista y educador

Para mí los toros es un problema de cultura con mayúscula. Eso no se cura con ojear “el Cossío”. Hay que llegar por lo menos a leer la antropología de Ángel Álvarez de Miranda. En su libro “Ritos y mitos del toro” (Taurus, 1962) nos da una lección del origen y transcendencia de la fiesta, que no es española sola sino que tiene ancestros internacionales europeos.

La incultura antitaurina está tan manipulada como la bandera republicana. Es más, parece que es patrimonio de un solo determinado modo de pensar como si el resto de los españoles no tuvieran derecho a ella cualquiera que sea su pensamiento social, político y religioso.

Si me diera tiempo en esta nota, explicaría lo que invito a conocer a través de Álvarez de Miranda.

El ser humano es racional, posee la inteligencia y la voluntad. Los toros, las gallinas y los pavos son irracionales. Esto es una perogrullada. No tienen inteligencia ni voluntad por mucho que nos gusten. El ser humano sufre por su inteligencia y por su voluntad. El dolor es algo racional, no es un simple sentimiento. Sentir no es igual a sufrir. Para sentir pena hay que tener razón. Sufrimos los humanos pero no los animales porque no pueden reflexionar con dolor como los humanos.

Es decir, para sentir hay que tener inteligencia. Nosotros sentimos pena por lo que ellos solo sienten y reaccionan por instintos pero no reflexionan con dolor como los humanos. Sería horrible que los seres irracionales sufrieran porque están hechos para el servicio y alimento de los hombres. No podríamos vivir de ellos y de su muerte como vivimos.

La gran ignorancia cultural sobre la fiesta de los toros y su evolución a lo largo de los siglos es lo que hace que sean ahora objeto de una agitación demagógica y politizada.

El hombre, a lo largo de los siglos de su existencia, crea su cultura sobre la base de sus habilidades, costumbres y hábitos. El arte y la fiesta de los toros lo es. Como desarrollo intelectual está basada en sus habilidades inteligentes. Ni los tontos ni los brutos pueden ser toreros. Las habilidades desarrolladas en cualquier arte son propias solo de los seres inteligentes. En los animales no inteligentes se llaman instintos que pueden ser cultivados con rutinas y a eso a veces se le llama domesticarlos.

Ya lo decía mi sabio amigo don José Bergamín:

– Luis, convéncete. En España todo lo que no es pueblo es ignorancia.

Ahora hay muchos ignorantes salidos de la Universidad.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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