Los pacientes con cáncer tendrán una vida más larga y de mayor calidad

El aumento de la esperanza de vida de los pacientes diagnosticados y tratados de los cánceres más comunes les convierte, afortunadamente, en enfermos crónicos que podrán beneficiarse de las estrategias y protocolos médicos para un envejecimiento saludable.
El doctor Ángel Durántez Prados, pionero de la aplicación del Age Management Medicine en España.El doctor Ángel Durántez Prados, pionero de la aplicación del Age Management Medicine en España.

Ángel Durántez Prados, doctor en Medicina y Cirugía y pionero de la aplicación del Age Management Medicine en España

El aumento de la esperanza de vida media al nacer en los países industrializados a lo largo del último siglo ha experimentado un incremento exponencial. De los 50 años de esperanza de vida media a principios del siglo XX hemos pasado a superar los 80 años en la actualidad. ¡Treinta años de más en tan sólo un siglo de historia!

Pero el incremento de la esperanza de vida no necesariamente ha de asociarse a un alargamiento de la vida plena en funcionalidad y salud. De hecho, algunos estudios han cuantificado que de los 30 años de vida extra conseguidos en los últimos 100 años, únicamente 27 meses lo son de salud plena. Por tanto, surge un nuevo e importante reto para la sociedad: el envejecimiento saludable.

Los seres humanos, al igual que la mayoría de los seres vivos, estamos sometidos a la senescencia programada. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Hasta los 35-40 años nos encontramos en la denominada “vida libre de enfermedad” y es raro que suframos las llamadas enfermedades asociadas al proceso de envejecimiento. Es a partir de esta edad cuando la incidencia de estas enfermedades se dispara.

Son cinco los grandes grupos de estas enfermedades del envejecimiento. Las cardiovasculares, que compiten con el cáncer por el primer lugar; las metabólicas, en especial la diabetes tipo 2; las neurodegenerativas con el Alzheimer a la cabeza, y las del aparato locomotor como la artrosis, la osteoporosis y la sarcopenia. Antes o después todos tendremos alguna o varias de ellas, y muy probablemente una de ellas sea la que provoque nuestra muerte.

Todas las enfermedades relacionadas con el proceso de envejecimiento son enfermedades crónicas que se gestan a lo largo de años, entre 5 y 20, antes de que se manifiesten; antes de que presenten su primer síntoma. Son muchos años los que estas enfermedades pasan en su fase silente o subclínica y es precisamente en esta fase cuando debe hacerse el diagnóstico precoz y el abordaje preventivo.

En este sentido, desde hace años, se habla del Paradigma Sanitario del Siglo XXI, que a diferencia del Paradigma reactivo del siglo XX, es Preventivo, Proactivo, Participativo, Predictivo, Personalizado y, también Placentero. “La Medicina de las seis P”.

Preventiva. Porque es la mejor manera de “comprimir” la enfermedad en los últimos momentos de la vida.

Proactiva. Porque requiere que cada individuo asuma la responsabilidad de su salud más allá de simplemente acudir al médico cuando esté enfermo o para una revisión rutinaria.

Participativa. Porque involucra a distintos profesionales sanitarios y no sanitarios junto con el sujeto diana o paciente. Médico, nutricionista, entrenador, psicólogo.

Predictiva. Porque el análisis adecuado de los biomarcadores de salud y longevidad permite predecir con años de anterioridad los riesgos para desarrollar una o varias de las enfermedades relacionadas con el proceso de envejecimiento.

Personalizada. Porque lo que se considera genéricamente bueno para todos no necesariamente tiene que ser bueno para uno. Porque cada persona tiene una genética única, unas circunstancias vitales y unos hábitos propios.

Placentera. Porque el hecho de cuidar la propia salud no debe ser un motivo de preocupación sino de placer y bienestar.

“La Medicina de las seis P”, aplicada a partir de los 35-40 años, es lo que la ciencia anglosajona ha llamado Age Management Medicine, que podemos denominar Medicina para el Envejecimiento Saludable.

Este sistema se apoya en una serie de pilares:

– Conocimiento profundo y continuo de la historia clínica del paciente, de sus biomarcadores de salud y longevidad.

– Actividad, ejercicio físico y deporte. La actividad física y el ejercicio son una poderosa arma para la prevención y el tratamiento de las enfermedades del envejecimiento.

– Dieta saludable fundamentada en verduras, frutas, leguminosas, pescados, carnes blancas, frutos secos, aceite de oliva, baja en azúcares añadidos y en grasas trans, ajustada al gasto calórico del individuo, que permita mantener un peso, un porcentaje de grasa corporal y una grasa visceral adecuados.

– Suplementación nutricional con aquellos micronutrientes que, pese a llevar una alimentación adecuada, no alcanzan sus niveles de excelencia en nuestro organismo, ya sea por el propio proceso de envejecimiento, por un exceso de demanda fisiológica (deporte, trabajo intenso, estrés) o por la presencia de enfermedades.

– Equilibrio hormonal y metabólico. El propio proceso de envejecimiento se asocia con una lenta y progresiva disminución de numerosas hormonas de nuestro organismo. Su reposición adecuadamente controlada para que alcancen los valores fisiológicos de la juventud revierte en gran parte esta sintomatología.

– Sueño y descanso apropiados. La calidad y la cantidad de sueño va deteriorándose con la edad afectando a todas las funciones del organismo; es lo que se conoce como una cronodisrupción. Su diagnóstico y su tratamiento con dosis adecuadas de melatonina, así como la mejora de los hábitos de sueño, previenen las enfermedades del envejecimiento.

– Salud conductual y neurocognitiva. Actitud positiva ante la vida. Existen formas de modular el carácter para afrontar los problemas cotidianos con menor repercusión negativa sobre nuestro organismo.

– Limitación y/o cese de los hábitos tóxicos. No podría entenderse un programa de envejecimiento saludable sin el cese o al menos la limitación de los hábitos tóxicos, especialmente los más comunes, el alcohol y el tabaco.

El cáncer ya ha superado a las enfermedades cardiovasculares como primera causa de mortalidad en muchos países de la UE y en no menos estados de los EEUU, los más desarrollados. Este aumento de la incidencia del cáncer frente a las enfermedades cardiovasculares se debe en parte a los buenos resultados de las campañas de prevención cardiovascular iniciados en la segunda mitad del siglo XX, pero también al aumento de la esperanza de vida, lo que hace que tengamos más probabilidades de tener un cáncer antes de morir.

El cáncer es, en la mayoría de los casos, una enfermedad del envejecimiento: sólo hay que mirar su incidencia por grupos de edad.

Son muchos los avances y logros en la prevención y el tratamiento del cáncer durante el último medio siglo, y las expectativas futuras de seguir avanzando en el buen camino son ciertamente optimistas. No obstante, hoy ya podemos hacer más para prevenir el cáncer y mejorar la calidad de vida del paciente oncológico. Me refiero, precisamente, a aplicar los principios del Paradigma Sanitario del Siglo XXI, “La Medicina de las seis P” o “La Medicina para el Envejecimiento Saludable”.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Etiquetado con: , , , ,
Publicado en: Firmas

imagen

imagen