Los efectos del auge de Ciudadanos en el mapa local y autonómico

El veloz crecimiento de Ciudadanos amenaza con generar un vuelco en el reparto del poder local y autonómico que se pondrá en juego en las elecciones de 2019 y el PP se perfila como el principal damnificado por sus hipotéticos efectos.
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. EFE/Archivo/Víctor LerenaEl presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. EFE/Archivo/Víctor Lerena

 

Carlos Moral

 

En los comicios municipales de 2015 el poder obtenido por Ciudadanos fue escaso. Sus listas solo se impusieron en alrededor de 70 de los 8.093 municipios en disputa, así que su casi millón y medio de votos (6,5 % del total) y más de 1.500 concejales (2,2 % de los electos) fueron a la oposición o sirvieron para apuntalar candidatos de otras listas, principalmente del PP.
Por eso, si se confirma la crecida de Ciudadanos, los populares serán los más afectados, con riesgo de perder importantes parcelas de poder. Algunos datos del mapa local y autonómico surgido de las elecciones de 2015 ayudan a hacerse una idea del cambio que puede significar la irrupción de Ciudadanos como una de las fuerzas más votadas.
En 2015 el PP logró la alcaldía de unos 3.000 ayuntamientos, 2.768 de ellos con mayoría absoluta. Sin embargo, perdieron 15 de sus 34 alcaldías en capitales de provincia y el poder en cuatro de las regiones que controlaban. Los socialistas, que consiguieron unas 300 alcaldías menos que los populares, ganaron el doble de municipios de más de 20.000 habitantes que los conservadores gracias a los pactos con otras fuerzas de izquierda.
En las 19 capitales de provincia que lograron retener, la mayoría de los alcaldes del PP fueron elegidos gracias al apoyo directo o indirecto de Ciudadanos, que votó a su favor en Málaga, Almería, Salamanca, León, Palencia, Badajoz, Cáceres y Logroño, y facilitó su nombramiento con la abstención en Granada, Albacete, Cuenca, Guadalajara, Ávila y Murcia.
También el apoyo de Ciudadanos permitió a los populares mantener el gobierno de las comunidades de Madrid, Castilla León, Murcia y La Rioja, las únicas que controlan junto a Galicia, donde logró la mayoría absoluta en las autonómicas de 2016.

La capacidad de pactar, clave 
A la pérdida de votos y concejales que el auge de Ciudadanos pueda suponer para el PP, el partido de Mariano Rajoy añade otra desventaja: su único socio probable, aparte de algunos pequeños partidos regionales o locales, es la formación de Albert Rivera. Por contra, Ciudadanos tiene también opciones de pacto a su izquierda, como demuestra el caso de Andalucía, donde apoyó la investidura de la socialista Susana Díaz.
Por primera vez desde su refundación en 1989 el PP se enfrenta a la amenaza de que un competidor en su mismo espacio ideológico se quedé con una parte sustancial de su botín electoral en regiones y ayuntamientos, unas cuotas de poder decisivas a la hora de configurar el entramado organizativo de los partidos.
El PSOE, que se ha repartido el poder con el PP de forma hegemónica desde 1982, ya afrontó un escenario similar en 2015. Entonces, las candidaturas de confluencia formadas en torno a Podemos superaron a los socialistas en importantes localidades (Madrid, Barcelona y Zaragoza entre ellas) y le restaron muchos votos en ayuntamientos y regiones.
Sin embargo, gracias a su capacidad de pacto, los socialistas gobiernan desde entonces 800 municipios donde no consiguieron la mayoría absoluta y se hicieron con el poder en comunidades anteriormente en manos del PP, como Extremadura, Castilla La Mancha, Aragón, Baleares y la Comunidad Valenciana, además de Cantabria, donde están en el gobierno que encabeza el regionalista Miguel Ángel Revilla.

Implantación territorial 
El mayor problema para Ciudadanos será trasladar los magníficos resultados que vaticinan las encuestas -incluida la última del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)- a la esfera local y regional, donde el partido está todavía en proceso de implantación.
Hasta ahora, con excepción de Cataluña, la región donde nació Ciudadanos en 2006 y en la que fue la fuerza más votada el pasado 21 de diciembre, los resultados del partido en las convocatorias autonómicas han sido en general notablemente inferiores a los obtenidos en las elecciones generales de 2015 y 2016 -alrededor del 13 % de los votos-, con algunos fiascos importantes, como los de galicia y el País Vasco en otoño de 2016, en los que no logró representación.
Sin embargo, su posición de partida es ahora mucho más sólida que en 2015, cuando presentó candidatura por vez primera en muchas localidades. Ya dispone de estructura organizativa y de concejales en la mayoría del territorio y, además, cuenta a su favor con el efecto de los resultados logrados en Cataluña y el empuje que le proporcionan las encuestas. EFE 

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