Los cardenales de Francisco, primer paso para descentralizar la Iglesia

Con el nombramiento de sus primeros cardenales, el papa Francisco ha dado el primer paso para la descentralización de la Iglesia católica, donde hasta ahora el predominio de representantes europeos -sobre todo italianos- respecto a otros continentes era abrumador y paradójico.
El papa Francisco en una reunión con obispos, arzobispos y cardenales el pasado 27 de julio de 2013 en Río de Janeiro (Brasil), durante la celebraciEl papa Francisco en una reunión con obispos, arzobispos y cardenales el pasado 27 de julio de 2013 en Río de Janeiro (Brasil), durante la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. EFE/Archivo/Antonio Lacerda

Cristina Cabrejas 

El papa llegado desde el “fin del mundo” había subrayado en su primer documento como pontífice, la exhortación Evangelii Gaudium, la necesidad de una descentralización y sus primeros nombramientos cardenalicios van en esta dirección, pues este domingo anunció la creación de 16 purpurados con derecho a voto y quiso remarcar que procedían de “doce países diferentes”. 

En el cónclave que eligió a Francisco el pasado 13 de marzo participaron 115 cardenales, de estos 60 eran europeos respecto a los 19 que procedían de Latinoamérica. Una gran paradoja si se tiene en cuenta que, según los últimos datos del Anuario Estadístico de la Iglesia, en Europa reside el 24 % de los católicos, mientras que Latinoamérica representa al 42 %. 

Los nuevos purpurados que recibirán la birreta y el anillo el 22 de febrero son un primer intento de Francisco de cambiar los equilibrios en el colegio cardenalicio.

Además, Jorge Bergoglio ha puesto su mirada para nombrar a sus cardenales, cuya designación implica ser colaborador y consejero inmediato del papa, en prelados con una importante implicación en favor de los más necesitados o procedentes de las “periferias del mundo”, los países olvidados o acuciados por la pobreza.

Por primera vez en su historia, Haití, golpeada por las catástrofes naturales y la pobreza, tendrá un cardenal, el arzobispo de Les Cayes, Chibly Langlois, de 55 años.

A todos ellos, el papa argentino les ha dejado claro en una carta que ser cardenal no es un premio o una promoción, “simplemente es un servicio que exige ampliar la mirada y agrandar el corazón”, y “convertirse en servidores”

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