Las tensiones internas del independentismo complican una estrategia común para las municipales

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts per Catalunya (JxCAT) comparten gobierno en Cataluña y el objetivo de la independencia, pero poco más. El Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCAT) heredó de Convergència i Unió (CiU) los recelos hacia los republicanos, que también han calado en la plataforma que promovió el expresidente, Carles Puigdemont, en las últimas elecciones autonómicas del 21 de diciembre.
La portavoz nacional del partido, Marta Vilalta, interviene durante la conferencia nacional que ERC celebró en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona).La portavoz nacional del partido, Marta Vilalta, interviene durante la conferencia nacional que ERC celebró en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona). EFE

Marta Vergoñós

A esto hay que sumar las tensiones internas dentro de los propios partidos en relación a la hoja de ruta a seguir en los próximos meses. Todo este batido, a menos de un año de las elecciones municipales, dificulta sobremanera al independentismo la articulación de una estrategia común que les permita conseguir el máximo de alcaldías posibles.

Como ya se ha apuntado, las discrepancias entre los partidos soberanistas son históricas e identificables en los movimientos políticos que les precedieron a cada uno de ellos. En tiempos más recientes, las discusiones se han centrado en el camino a seguir tras la declaración unilateral de indepedendencia y la intervención de la Generalitat mediante el artículo 155 de la Constitución. ERC, con su líder, Oriol Junqueras, en prisión preventiva desde hace ocho meses, ha optado por la vía posibilista; JxCat, con su líder, Carles Puigdemont, en el extranjero, sigue flirteando con la unilateralidad.

El último asalto de esta pugna se vivió el pasado fin de semana. ERC celebró su Conferencia Nacional, en el transcurso de la cual se aprobó un texto que define la línea política que seguirá la formación en los próximos meses. Durante el encuentro se leyó una carta de Oriol Junqueras en la que se alertaba de que “las estridencias, las proclamas acaloradas y vacías y los discursos nacionalistas excluyentes” podían llevar al independentismo a ser una minoría ruidosa y poco efectiva.

Por este motivo, Junqueras reclamó acabar con los debates “nominalistas” y arremangarse para ensanchar la base de los catalanes partidarios de la secesión con “más trabajo y menos ruido”. Además reivindicó que ERC fue quien cargó con la responsabilidad de sacar adelante el referéndum del 1 de octubre cuando otros titubearon en la pasada legislatura y aseguró que “nadie ha dado tanto y nadie está pagando un precio tan alto”.

Con todo, el exvicepresidente catalán defendió seguir la vía realista que proponen los republicanos, que tienen 87 años de historia, frente a la “fe de los conversos” de otros, sin mención explícita a JxCat pero en clara referencia a la plataforma que nació a finales del 2017.

Desde JxCat, que defienden una estrategia más frentista, las palabras de Junqueras se interpretaron como un ataque. Aún más, la referencia a “discursos excluyentes” se tomó como un dardo directo hacia el presidente de la Generalitat, Quim Torra, a quien parte de la oposición acusa de “supremacista” por unos polémicos textos periodísticos publicados hace años. Esto ha agrietado aún más la relación entre los dos grupos mayoritarios del independentismo, cuyas discrepancias no se han trasladado al seno del Gobierno por ahora.

Al choque entre ERC y JxCat hay que sumar la división interna que existe en la pataforma que lidera Puigdemont. Los más afines al expresidente, que se sumaron al proyecto sin formar parte de otro partido político, protagonizan discursos aguerridos y mantienen su apuesta por la “restitución” del anterior Gobierno catalán por cualquier vía.

Sin embargo, sus compañeros de filas del PDeCat, la formación heredera de los nacionalistas que gobernaron en Cataluña durante tres décadas y de la que forma parte Puigdemont, se decantan por opciones más templadas. Esto propicia rifirrafes entre unos y otros, a menudo públicos a través de las redes sociales.

Uno de los principales puntos de conflicto en la actualidad es el acuerdo del PDeCAT para concurrir a las elecciones municipales bajo la marca de JxCat, una decisión que ha molestado a los afines al expresidente, que ha rechazado presidir el PDeCAT.

La Candidatura d’Unitat Popular (CUP), por su parte, se han instalado definitivamente en la oposición, ya que ellos apuestan sin ambages por la vía unilateral para implementar la “república catalana”, que consideran declarada desde el 27 de octubre. Por contra, opinan que el resto de partidos independentistas han renunciado a ella y estan practicando el “autonomismo”.

En paralelo, la entidad Assemblea Nacional Catalana (ANC) ha hecho un llamamaiento a los partidos independentistas para que hagan unas “primarias republicanas” para elegir candidatos unitarios de cara a las elecciones municipales de 2019. Una propuesta que todos han dicho que estudiarán pero que, por ahora, solo ha secundado Demòcrates de Catalunya, formación minoritaria que actualmente forma coalición parlamentaria con ERC.

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