Las implicaciones de la rebaja en los precios del petróleo

Después de múltiples años en los que el petróleo se ha cotizado por encima de los tres dígitos, el precio del barril no está haciendo más que bajar. Del nivel de 115 dólares registrado antes de empezar el verano, la cotización del crudo se sitúa en estos momentos por debajo de los 85 dólares.
Una bomba de petróleo trabaja cerca a turbinas de viento para la generación de energía en una granja cerca a Abilene, estado de Texas(EE.UU.).EFE/AUna bomba de petróleo trabaja cerca a turbinas de viento para la generación de energía en una granja cerca a Abilene, estado de Texas(EE.UU.).EFE/Archivo/LARRY W. SMITH

Jesús R. Martín 

Las alarmas saltaron el pasado 14 de octubre, cuando esta tendencia se materializó con la mayor caída registrado en los dos últimos años por los contratos futuros de petróleo: un retroceso del 4,6 por ciento que llegó a colocar el precio del barril de crudo a 81,84 dólares.

La situación, con trascendentales consecuencias geoestratégicas, se atribuye básicamente a una debilitada demanda y un exceso de oferta. Sin embargo, las explicaciones y repercusiones debatidas estos días van bastante más allá de una básica cuestión de precios y equilibrios de mercado.

Con ayuda de técnicas como la fracturación hidráulica (fracking, en inglés), tanto Estados Unidos como Canadá están consiguiendo significativas cantidades de petróleo previamente inaccesibles. En la actualidad, el gigante americano extrae 8,5 millones de barriles de crudo. Cantidad que duplica su producción de hace seis años.

Arabia Saudí es el mayor exportador de petróleo del mundo, con una posición clave dentro de la OPEC por su flexibilidad a la hora de aumentar o reducir su producción. La caída actual en los precios del crudo se ha visto sustentada fundamentalmente por la negativa saudí a reducir su producción para volver a los precios de antes del verano. Con una envidiada cuota de mercado del 13,1 por ciento, el gobierno de Arabia Saudí se siente “cómodo” con los actuales precios del crudo y aspira a prolongar esta situación durante uno o dos años.

El objetivo final no sería otro que proteger sus intereses haciendo menos rentable que Estados Unidos siga con su bonanza petrolera gracias a la fracturación hidráulica o “fracking“. Ya que esta tecnología, tan cuestionada por ecologistas, empieza a perder su atractivo financiero cuando bajan los precios del petróleo. La línea roja para desincentivar nuevas inversiones empezaría a dejarse notar con un precio inferior a los 80 dólares por barril.

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