Las historias detrás de los relatos

"No basta ser bueno, sino que se sepa". Con esta frase de rotunda sencillez Gabriel García Márquez nos explicó al equipo y los directivos de su fundación de periodismo la necesidad de instituir un premio potente para periodistas de lengua española y portuguesa. La iniciativa se denominó Premio Nuevo Periodismo y el propio Gabo entregó sus galardones desde 2002 en Monterrey, México.
El director general de FNPI , Jaime Abello Banfi. Foto Emanuel ZerbosEl director general de FNPI , Jaime Abello Banfi. Foto Emanuel Zerbos

Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

 

La segunda época de este proyecto arrancó en 2012, cuando se mudó a Medellín, Colombia, rebautizado con el nombre de Premio Gabriel García Márquez con su permiso expreso y con cambios sustanciales de enfoque para asumir las nuevas realidades del periodismo, empezando por crear como contexto del concurso un gran festival de tres días sobre temas que cruzan el periodismo, la ciudadanía, la cultura y la tecnología.

Hoy, más que nunca, como Gabo lo pidió, necesitamos que se sepa qué es buen periodismo, quiénes son sus autores y cuáles son sus propuestas. En medio de los cambios profundos del periodismo como oficio, industria y servicio a las audiencias, los periodistas necesitan urgentemente nuevos ejemplos y modelos, mientras que la ciudadanía reclama cómo distinguir un periodismo que merezca los valores de su confianza y atención, en medio de la catarata incontenible de informaciones, opiniones y contenidos verídicos, sesgados y falsos que circulan por una infinidad de canales digitales y análogos que conforman el tupido ecosistema informativo de nuestra era.

Por lo tanto, el premio creado por Gabo que se resalta en el festival que lleva su nombre para celebrar las mejores historias de Iberoamérica, no ha sido concebido solamente como un merecido estímulo para recompensar y visibilizar a los periodistas comprometidos con la búsqueda de la excelencia, la coherencia ética y la innovación -lo que mucho falta hace, porque el trabajo periodístico es cada vez más precario y riesgoso por el debilitamiento de la economía de los medios y las presiones de múltiples factores de poder-, sino como espacio compartido de aprendizaje, intercambio y generación de referentes de excelencia y credibilidad útiles para la comunidad periodística y la ciudadanía.

El Festival Gabo llega a su sexta edición con el lema “las historias detrás de los relatos”, como las que presentan los 12 finalistas y ganadores de 2018, seleccionados por 51 jurados internacionales entre 1.714 trabajos concursantes en cuatro categorías: texto, imagen, cobertura e innovación. Varios aprendizajes para la calidad periodística se extraen de estos premios, que sirven también para inspirar el diseño de un programa compuesto por 75 eventos de acceso abierto y gratuito, que se trasmitirán en vivo a través de la Red.

Es claro que persisten retos claves, como la necesidad de buena reportería, investigación y análisis para el tratamiento informativo de sectores de creciente complejidad técnica que son decisivos en la vida económica y social. Sin embargo, el balance general es muy alentador: el buen periodismo iberoamericano sabe contar historias, ha dejado clara la vitalidad de las crónica y del llamado periodismo narrativo.

Se observa, por ejemplo, que el periodismo iberoamericano ensaya nuevos formatos, que aspira a ser más plural y creativo: periodismo de autor, periodismo colaborativo, periodismo de datos, alianzas de medios, periodismo de chequeo, periodismo performativo, periodismo visual, son maneras de abordar la diversificación de las prácticas periodísticas, que no se limitan ya al modo tradicional de trabajar bajo el paraguas de la marca de una empresa periodística.

Los emprendimientos periodísticos basados en Internet se multiplican en nuestros países. Muchos de sus líderes son periodistas frustrados con las salas de redacción tradicionales que se lanzan al agua para probar suerte con medios más pequeños, enfocados a temas y segmentos de audiencia específicos, que logran sobresalir gracias a trabajos periodísticos ambiciosos de agenda propia. Una nueva generación de periodistas asume que no hay otra alternativa que familiarizarse con las herramientas que la tecnología digital ofrece y con su constante cambio.

Pero la innovación no es exclusiva de los nuevos emprendimientos del campo digital, porque también se encuentra en medios clásicos o agencias de prensa, aunque un patrón que sí se perfila poco a poco es el liderazgo de mujeres periodistas en la dirección y autoría de proyectos innovadores.

Si en una época buena parte del periodismo se dedicaba a contribuir al sostenimiento de factores de poder y, por lo tanto, a la construcción de mitos, vivimos tiempos en los que unas audiencias móviles, descreídas y vigilantes, que no están dispuestas a tragar entero, exigen otra cosa del periodismo: que se convierta en el refugio de lo veraz, que en vez de mitificar se concentre en desmitificar.

Tal vez por eso el periodismo que informa, opina y desenmascara con los recursos de la sátira y el humor está en alza en los escenarios mediáticos y digitales, a la vez que se mantiene la vigencia del periodismo de investigación que escarba en la corrupción y los abusos, y que ha entregado trabajos magistrales desde distintos países.

Eso hace que la relación de los buenos periodistas con los poderes se vuelva cada vez más complicada, porque esos poderes aprovechan el fortalecimiento de sus propias capacidades de comunicación estratégica, las artimañas jurídicas y el control de fuentes de financiación como la publicidad oficial para tratar de cuestionar, desprestigiar, doblegar o al menos interferir de manera abierta o encubierta al periodismo más inquisitivo.

Pero el periodismo se crece en la adversidad: la calidad de los trabajos parece proporcional a las dificultades de contexto que enfrentan los equipos periodísticos, como son los casos de buen periodismo de Venezuela y Centroamérica.

La importancia de la ética periodística crece porque el nombre del juego es la defensa de la credibilidad, lo que a su vez nos sitúa en el aspecto clave de la sostenibilidad periodística: construir y mantener confianza de una audiencia es indispensable para consolidar la marca y desarrollar una comunidad que genere recursos económicos directos para financiar el trabajo periodístico, ante el debilitamiento del negocio de los medios, especialmente de los periódicos y las televisiones, porque los anunciantes exploran nuevos canales y estrategias en mercados cada vez más fraccionados y capilarizados, en tanto que las plataformas digitales se llevan la parte del león de la inversión publicitaria en Internet.

Transparencia, independencia, imparcialidad y rigor en el tratamiento de los hechos son demandas éticas ineludibles para este nuevo periodismo que emerge poco a poco, pero con fuerza, no solo desde las metrópolis sino de los lugares más inesperados de nuestros vastos territorios.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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