Las elecciones europeas más decisivas, entre el escepticismo y la abstención

Las elecciones al Parlamento Europeo, iniciadas el jueves, culminan hoy en unos comicios donde la abstención es un valor al alza y después de que Bruselas y el euro hayan despertado incertidumbre y críticas durante la dura crisis económica que aún persiste.
Vista general del Parlamento Europeo en Bruselas (Bélgica) prácticamente
vacío. EFE/Archivo/Oliver HosletVista general del Parlamento Europeo en Bruselas (Bélgica) prácticamente vacío. EFE/Archivo/Oliver Hoslet

María López 

En esta cita electoral que termina el próximo domingo 25, casi 400 millones de electores deciden los nombres de los 751 eurodiputados que ocuparán la cámara europea durante los próximos cinco años y también el del candidato a presidir la Comisión Europea el próximo otoño.

Desde las instituciones europeas inciden en que estas elecciones son distintas porque el Parlamento ha aumentado su poder legislativo llegando a más áreas de actuación, aún a pesar de que no puede presentar iniciativas legislativas, una función limitada a la Comisión Europea.

La novedad también radica en que los diferentes grupos parlamentarios europeos han presentado candidatos para presidir la Comisión Europea.

Desde el Tratado de Lisboa el Consejo Europeo, formado por los primeros ministros de los países miembros, se compromete a tener en cuenta el sentir de la ciudadanía, aunque suya sea la última palabra. Por eso, desde las instituciones europeas se ha insistido mucho en la elección de estos candidatos, asimilando los comicios al Parlamento a unas elecciones presidenciales.

Es la baza que desde Bruselas juegan para contrarrestar una abstención de naturaleza muy heterogénea pero sostenida en el tiempo y donde la participación ha pasado de dos tercios del electorado en 1979 a dos quintos en 2009.

Sin embargo, aunque el Parlamento publicite mayor democracia como el factor que hace singulares estas elecciones, lo que las diferencia son las sombras que han planeado por la Unión desde que se desató la crisis económica y las decisiones que han generado “una Europa de deudores y acreedores”, en  palabras del economista británico Philippe Legrain, donde nadie está satisfecho.

En estos años de crisis se ha cuestionado la viabilidad del euro como moneda única, las funciones del Banco Central Europeo y la imposibilidad de hacer una política monetaria común sin unidad fiscal. Además, la decisión de rescatar países lastrados por la arriesgada actuación de sus bancos ha creado rencores en norte y sur.

La elección de un organismo supranacional y no democrático como es el grupo tecnócrata de la Troika (formado por técnicos del FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) para controlar a los países rescatados y decidir las medidas a tomar ha generado rechazo en estos países pero también en el Europarlamento.

Incluso la Comisión Europea ha cuestionado a través de un informe la eficacia de las políticas de recortes y austeridad.

Por eso, la Unión Europea despierta pesadillas tanto en los países acreedores, contrarios a seguir inyectando dinero público en los que tienen problemas económicos, como en los países deudores (España, Irlanda, Portugal, Chipre o Grecia), donde junto a la pobreza y a la dura desigualdad económica ha crecido la desconfianza hacia Europa.

Esta decepción hacia Europa explica el auge de los partidos euroescépticos, no presentes en España, que podrán formar un grupo parlamentario europeo con el liderazgo del Frente Nacional de Marine Le Pen, que en Francia será la fuerza más votada, el crecimiento del británico UKIP y el resto de euroescépticos holandeses, austríacos o belgas.

También pueden dar la sorpresa los grupos de izquierda antiliberal, que han elegido a Alexis Tsipras, líder del partido griego Syriza, como candidato a la Comisión Europea y que, según algunos sondeos, podrían suponer la tercera fuerza parlamentaria.

El pronóstico augura un debilitamiento de la derecha liberal europea y de la socialdemocracia, aunque ambos grupos parlamentarios seguirán siendo mayoritarios y en conjunto tendrán la fuerza suficiente para aprobar leyes aún sin el apoyo del resto.

Por otra parte, aunque sean cinco los candidatos a presidir la Comisión Europea, la lucha real se da en el ámbito bipartidista y serán Jean Claude-Juncker (Partido Popular Europeo) y Martin Schulz (Partido Socialista Europeo) los que compitan por la presidencia.

Conocidos los resultados, los 751 europarlamentarios elegidos se enfrentarán a importantes retos, entre los que destacan la opaca negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, caballo de batalla de la izquierda europea, la unión bancaria o la inmigración.