Las claves del bloqueo que conduce a nuevas elecciones

Los partidos han sido incapaces de deshacer el bloqueo en el que los resultados de las elecciones del pasado 20 de diciembre sumieron la política española, un escenario cuya única salida pasaba por la flexibilidad a la hora de buscar acuerdos.
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (d), y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Mariscal
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (d), y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Mariscal

 

Carlos Moral y María López

 

Éstas son algunas de las claves de cuatro meses de negociaciones infructuosas:

La sombra de la repetición de las elecciones
La posibilidad de que la falta de acuerdo obligara a unas nuevas elecciones ha gravitado desde el primer momento sobre las negociaciones hasta el punto de que los movimientos de los partidos han parecido a menudo más dirigidos a lograr ventajas tácticas que pactos.
Nadie quería aparecer como culpable de la repetición de comicios por las consecuencias electorales que de ello pudieran derivarse y, a la vez, cada uno estableció líneas rojas no sólo programáticas sino también para evitar futuros costes electorales por asociarse con el compañero equivocado.
Las tres opciones planteadas resultaron inviables. La llamada “gran coalición” con el PSOE planteada por el PP fue rechazada de plano por los socialistas. Éstos propusieron el “gobierno del cambio”, con Podemos y Ciudadanos, que se declararon incompatibles. Por último, el gobierno de la izquierda proyectado por Podemos fue desestimado por el PSOE arguyendo razones aritméticas.
Como trasfondo de los movimientos y las negociaciones está la lucha por la hegemonía en la izquierda entre el PSOE y Podemos (les separaron 300.000 votos el 20 de diciembre) y la batalla por el electorado de centro derecha entre PP y Ciudadanos.

Las negociaciones
En cuatro meses no ha habido demasiadas reuniones, pero sí señalados golpes de efecto. El primero lo dio el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cuando anunció su disposición a formar un Gobierno con el PSOE, reparto de carteras incluido, una propuesta que el líder socialista, Pedro Sánchez, conoció por la prensa al salir de su primera ronda de consultas con el Rey.
Con este movimiento Podemos parecía tomar la iniciativa y obligar al PSOE a pronunciarse sobre un pacto de izquierdas, pero el modo de plantearlo y sus exigencias facilitaron el contraataque socialista y su lectura de que era un mero movimiento táctico.
El segundo golpe de efecto, sólo unas horas después, lo protagonizó el líder del partido más votado y presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, cuando declinó por sorpresa formar gobierno. Aunque recibió críticas por su falta de responsabilidad institucional, a tenor de las encuestas su estrategia le ha ahorrado un considerable desgaste y no ha sido negativo para el PP.
Tras la renuncia de Rajoy, Sánchez se encontró en el lugar que ansiaba, el centro del escenario, y puso en marcha su proyecto de formar un “gobierno del cambio”.
El antagonismo entre Podemos y Ciudadanos mostró desde el comienzo las escasas posibilidades de éxito de la iniciativa, pero Sánchez fraguó un acuerdo con Ciudadanos, que logró incluir muchas de sus propuestas, con la esperanza de que Podemos sucumbiera a la presión del “gobierno del cambio” y se abstuviera.
No ocurrió y Sánchez fracasó en su intento de investidura, en una sesión con ácidos debates.
Un posterior intento de negociación a tres (Podemos, Ciudadanos y PSOE) duró una tarde. La última propuesta, de los regionalistas valencianos de Compromís, llegó con la ronda final de contactos del Rey ya en marcha, pero tampoco esta vez cuajó el gobierno de izquierdas.

La cuestión territorial
El desafío independentista del Gobierno catalán, que planea sobre la política española en los últimos años, no fue ajeno a las negociaciones.
Podemos situó el referéndum sobre la independencia de Cataluña como irrenunciable, mientras que PP, Ciudadanos y PSOE descartaron cualquier cesión, aunque los socialistas ofrecieron una reforma constitucional en dirección federal, imposible de realizar sin consenso con el PP.
El asunto territorial también fue determinante en clave interna socialista, puesto que el Comité Federal impuso a Pedro Sánchez la obligación de no contar con los votos de los independentistas catalanes (ni siquiera con su abstención), lo que limitó mucho las posibilidades aritméticas de cualquier pacto que no involucrara, a la vez, a Ciudadanos y Podemos.

Las tensiones internas en los partidos
Pedro Sánchez logró visibilidad y ganó puntos como hombre de gobierno al tomar la iniciativa de la investidura, pero eso no despejó las dudas que su liderazgo suscita entre algunos de sus compañeros desde que llegó a la secretaría general socialista en 2014.
El Comité Federal socialista fijó límites a sus negociaciones, lo que suscitó las críticas de sus adversarios, y sólo las necesidades impuestas por el calendario evitaron la celebración de un Congreso para elegir secretario general.
Por ahora, parece descartada una candidatura alternativa a Sánchez para los nuevos comicios, incluida la de la líder andaluza, Susana Díaz, que podría aguardar a un mejor momento.
En Podemos no hay debate sobre el liderazgo, que Pablo Iglesias ostenta de forma indiscutible, pero sí sobre la organización (más o menos horizontal) y el posicionamiento estratégico (izquierda vs transversalidad).
La eclosión del conflicto llegó con el cese de Sergio Pascual, “errejonista”, como secretario de Organización. Entonces, el número dos de Podemos, Íñigo Errejón, se distanció de Iglesias, que buscó en Pablo Echenique una figura de consenso para restañar las heridas.
Tanto Sánchez como Iglesias consultaron a la militancia sobre los acuerdos de gobierno, en busca de fortalecer su posición y diluir posibles responsabilidades.
Más tranquilas están las aguas en el PP y Ciudadanos. La figura de Rajoy, pese al retroceso electoral, no ha sido apenas cuestionada dentro del partido; y Albert Rivera ha reafirmado aún más su liderazgo gracias a su protagonismo en las negociaciones de investidura.

El juego de la abstención
Aunque las negociaciones versaban en torno a la formación de Gobierno, la verdadera pugna se daba por conseguir la abstención, de un lado u otro del tablero.
El PP abandonó pronto el intento de negociarla con Pedro Sánchez y los socialistas erraron en sus intentos de forzar a Podemos a la posición intermedia.
La abstención es una apuesta compleja en un clima de polarización política: muestra demasiada cercanía hacia el adversario y a cambio se otorga poca capacidad de influir, porque las posibilidades se reducen a romper el pacto o a bloquear cualquier iniciativa, con las consiguientes culpas.
La pluralidad del Parlamento terminó con los tiempos en los que esta vía permitía conseguir conquistas parciales sin que se desgastase el posicionamiento político (el ejemplo de los nacionalistas).
En medio de la lucha por la hegemonía tanto en la izquierda como en el centro derecha ser socio tiene menos réditos políticos que ser oposición, un contrapunto al resultado de las urnas, que tenían en el pacto entre partidos su mandato más claro.

La corrupción
Los escándalos de corrupción no han descansado durante las negociaciones, afectando sobre todo al Partido Popular.
Destacan el caso del Ayuntamiento de Valencia, donde el juez ha comenzado los trámites para imputar a Rita Barberá, aforada gracias a su cargo como senadora, y la renuncia del exministro de Industria, José Manuel Soria.
El último capítulo de la que probablemente será la legislatura más corta del parlamentarismo español afecta sin embargo a Podemos, donde la juez Victoria Rossell ha renunciado a su acta de diputada y al aforamiento tras ser investigada por prevaricación.
Pese al rosario de casos, el efecto de la corrupción en los electores posiblemente no variará los equilibrios de cara a unos nuevos comicios. Sí puede ser relevante en caso de nuevas negociaciones, pues Ciudadanos -que según los sondeos podría ser clave para conformar una mayoría de centro derecha- cuestiona el liderazgo de Mariano Rajoy. EFE

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Publicado en: Análisis