Las campañas de desinformación, nueva amenaza para la estabilidad democrática

Hace unos días la ministra de Defensa española, María Dolores de Cospedal, mostró su preocupación por el impacto negativo de las noticias falsas o "fake news" en las sociedades democráticas y propuso la creación de un grupo de trabajo para estudiar un reto que, por primera vez, ha sido incluido como amenaza real por el Gobierno español en su Estrategia de Seguridad Nacional.
Dos personas utilizan sus teléfonos móviles bajo un cartel publicitario durante la primera jornada del GSMA Mobile World Congress  de Barcelona 2009Dos personas utilizan sus teléfonos móviles bajo un cartel publicitario durante la primera jornada del GSMA Mobile World Congress de Barcelona 2009. Efe-Archivo/Alberto Estévez

 

Gerardo Dóminguez 

 

La difusión intencionada a través de las redes sociales de noticias manipuladas o directamente falsas (fake news) para intentar dirigir la opinión pública en un sentido, se ha convertido en un importante problema especialmente en sociedades democráticas como las europeas, donde este tipo de acciones tienen una fácil propagación debido a la libertad de expresión de la que gozan sus ciudadanos.

Conceptos como “fake news” o “posverdad” se han incorporado al vocabulario diario, especialmente desde la celebración del referéndum de desconexión europea en el Reino Unido, conocido como “brexit”. Después llegó la victoria de Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos, un triunfo ensombrecido por las sospechas de interferencia en favor de Trump de los servicios de inteligencia de Rusia durante la campaña electoral.

Las mismas dudas se han generado en España durante el desafío independentista en Cataluña, que, según fuentes oficiales, ha sido el último objetivo de la maquinaria de “desinformación rusa”. Además el Gobierno español ha advertido que los intentos de injerencia por parte de Rusia pueden reproducirse en las próximas elecciones regionales que se celebrarán en Cataluña el próximo 21 de diciembre.

En ese sentido la titular española de Defensa, María Dolores de Cospedal, ha calificado el fenómeno de las noticias falsas como “uno de los mayores retos a los que se enfrentarán los sistemas de defensa de las democracias”. Una preocupación que ha sido asumida por la nueva Estrategia de Seguridad Nacional española, que ha incluido por primera vez las “fake news” como una amenaza.

Hay que tener en cuenta que las campañas de desinformación no pueden considerarse como fenómenos aislados. Forman parte de una estrategia más compleja, planificada con la intención de ampliar el concepto de conflicto bélico a lo que en medios de defensa se conoce como “guerra híbrida”, es decir la combinación de tácticas convencionales con otras de origen más reciente como los ciberataques o las “fake news”. 

La misma preocupación que suscitan en España las noticias falsas se ha extendido a Europa, que a través de la Comisión Europea ha dado pasos para enfrentarse a la amenaza. En principio las acciones del órgano ejecutivo de la Unión Europea se han materializado en la creación de un órgano de consulta pública y en la formación de un grupo de trabajo de expertos.

Pero la solución al problema de las campañas de desinformación tiene, además de los políticos, otros protagonistas como son los profesionales de la información y las empresas tecnológicas, tal como reconoce la propuesta de Cospedal, que ha invitado a participar en el grupo de trabajo que se forme en el Congreso a representantes de las redes sociales y del mundo del periodismo.

En resumen, el fenómeno de las “fake news” ha pasado a ser un tema prioritario en las agendas de los gobiernos democráticos para los próximos años, como lo demuestra la preocupación española y del resto de Europa.

Un fenómeno propulsado por la combinación de dos factores claves: la crisis de los medios de comunicación tradicionales y el acceso universal a las redes sociales, que se han convertido en el complemento perfecto de la guerra convencional, al ser armas de manipulación baratas y eficaces, por la facilidad para el anonimato que ofrecen y la dificultad para ser rastreadas. EFE 

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Publicado en: Análisis