La trinchera argentina

Argentina tenía una deuda histórica con sus mujeres y hace unos días ha empezado a enmendarlo. Con 129 votos a favor contra 125 se aprobó en la Cámara de Diputados el aborto legal, seguro y gratuito, la media sanción que ahora debe pasar al Senado para volverse definitivamente ley.
Gabriela Wiener, escritora y periodista.Gabriela Wiener, escritora y periodista.

Gabriela Wiener, escritora y periodista

 

El aborto siempre fue la piedra en el zapato de los políticos argentinos, hasta de los que estaban identificados con cierta progresía. Cristina Kirchner pudo con el matrimonio igualitario pero no con el derecho a decidir de las mujeres, y siguió aplazando la conquista. La sombra del Papa argentino también se deslizaba por ahí y en los últimos días, cuando el debate se ponía más y más álgido, se revelaba una Argentina que no era tan conocida para el mundo: la de un ultraconservadurismo oscuro y clerical.

Sin embargo, la vieja lucha de experimentadas feministas que ya cumplía tres décadas de resistencia dio frutos cuando la campaña por su legalización se convirtió en la revolución de las pibas. Se daba así el pistoletazo de salida a otro modo de hacer política y quedaba en evidencia la crisis del politiqueo clásico.

Fueron meses en los que sin descanso y portando sus emblemáticos pañuelos verdes en el cuello, llenando las escuelas de pancartas y lemas, ocupando las calles y plazas, y apostándose cada semana a las puertas del Congreso, las más jóvenes se hicieron sentir como nunca, también en sus redes sociales.

Los canales de televisión se acostumbraron a invitar a las chicas para ponerlas a discrepar en directo con carcamanes que seguían hablando como si ellos tuvieran útero. Ocuparon los horarios de máxima audiencia y obligaron al resto de la sociedad argentina a escucharlas.

Allí estaba Ofelia Fernández, militante feminista desde los 13 años, dirigente de la marea verde, que a sus 18 todos vieron dar un discurso inolvidable ante los diputados, que se volvió viral: “lo único más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita”. Esa rabia las movilizó en un trabajo sostenido que ha sido ejemplar para el resto del movimiento en América Latina.

Por fin, el 14 de junio, las argentinas organizadas vivieron el día más largo de su historia y probaron su poderío. El debate duró 22 horas ininterrumpidas. Hubo congresistas que asistieron con crucifijos y estampitas de sus santos favoritos, denunciando el inminente holocausto de bebés. Hasta hubo una congresista que comparó a una mujer embarazada con una perra cuyos perritos pueden regalarse si la mujer-perra ya no los quiere.

Los congresistas a favor del proyecto de ley batallaron con los principales argumentos: no se trata de estar a favor o en contra del aborto, se trata de estar a favor o en contra del aborto clandestino. Defender lo segundo es comprender que tampoco va de una decisión personal, sino de que es un tema de salud pública. En pleno siglo XXI, un Estado debe hacer todo lo que está a su alcance para descender la mortalidad materna, desterrando de una vez por todas los abortos de riesgo, porque son solo las mujeres pobres las que lo padecen.

Mientras las que nunca abandonaron las calles pasaban la madrugaba soportando temperaturas bajo cero, los nueve indecisos fueron decreciendo hasta lograr la ajustada cifra que les dio la victoria e hizo estallar la fiesta.

La demostración de que la revolución de las pibas es imparable es que al día siguiente de esta celebración, otros países, como Brasil, Perú, México, Costa Rica, República Dominicana y Venezuela, presentaron sus propias campañas para la legalización del aborto, con sus pañuelos de algún color identificativo y también lideradas por jóvenes activistas.

Ahora mismo, solo en Cuba y Uruguay hay aborto libre, y en algunos países se acepta las causales de violación o malformación del feto y peligro para la madre. Pero la nueva sangre empuja con fuerza.

La opinión unánime es que las argentinas han logrado algo mucho más importante que abrir las puertas a la despenalización del aborto: han despertado consciencia feminista y no van a permitir ni un paso atrás en el avance por los derechos de las mujeres en ese continente. Porque el feminismo se ha vuelto la principal fuerza social de la actualidad y más vale que te vayas acostumbrando.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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