¿Y si la transición birmana ya hubiera concluido?

Resulta habitual oír hablar del proceso de transición birmano como algo “in fieri”, cuya meta final sería el establecimiento de un gobierno civil, con unas FFAA sometidas al poder civil y una estructura del Estado muy descentralizada y hasta federal. Pero tal vez eso solo sea una fantasía occidental. Es posible que a los ojos de los militares birmanos la transición política ya haya concluido y no sean precisos ulteriores avances.
Emilio de Miguel, embajador de España en Myanmar .Emilio de Miguel, embajador de España en Myanmar .

Emilio de Miguel, embajador de España en Myanmar

 

El 30 de agosto de 2003 el entonces primer ministro birmano, el General Khin Nyunt, anunció una hoja de ruta de siete pasos para la transición a una democracia disciplinada. El último de los pasos era la ”construcción de una nación democrática, moderna y desarrollada por los líderes elegidos y por el Gobierno”. Este paso ha quedado consagrado en el art. 7 de la Constitución de 2008: “La Unión practica un sistema democrático genuino, disciplinado y multipartidista”.

Aunque el término “democracia disciplinada” ha aparecido con profusión desde 2003, lo que no está tan claro es el concepto mismo. Lo más que he encontrado a modo de explicación ha sido un artículo de opinión del 31 de enero de 2016 firmado por Tommy Pauk, en el oficialista The Global New Light of Myanmar, donde defiende que democracia y disciplina son interdependientes y que la segunda es necesaria para poder construir un Estado democrático, y pone como ejemplo a Singapur.

Tal vez el concepto de “democracia disciplinada” sea lo de menos. La Constitución de 2008 afirma que es el sistema que la Unión ya está practicando, con lo cual estamos en el punto de llegada que se había propuesto la hoja de ruta de 2003. Fin de la historia.

Aun cuando el Tatmadaw (Ejército birmano) pueda estar satisfecho con el sistema tal y como funciona en la actualidad, y pensar que está grabado en piedra, existe un aspecto que posiblemente el propio Tatmadaw sea consciente de que no está convenientemente resuelto y es la organización territorial del Estado. Si hay algo que puede poner en peligro lo logrado desde 2011 es esta cuestión.

Después de más de 50 años de guerra con las insurgencias étnicas que, sobre todo en los primeros años tras la independencia, amenazaron con romper el país, no resultará extraño que tanto el Preámbulo como el Capítulo I de la Constitución insistan en la unión y la integridad territoriales.

No obstante, en atención a la diversidad étnica de la nación, la Constitución reconoce la existencia de siete regiones, siete estados y un número indeterminado de zonas autoadministradas. Regiones y estados cuentan con sus propios ejecutivos y legislativos, pero las competencias que les reconoce el Apéndice segundo de la Constitución son bastante limitadas.

La Conferencia de Paz de la Unión-Conferencia de Panglong del siglo 21, celebrada en mayo de 2017, incluyó entre sus conclusiones el compromiso de reestructurar el Estado como “una Unión basada en la democracia y el federalismo”. El propósito es laudable, pero choca con dos obstáculos. El primero es que nadie tiene una idea clara de lo que el federalismo significa e implica, en un país donde nunca se ha practicado y donde la experiencia de los últimos 70 años es la de la guerra crónica entre centro y periferia.

El segundo es el Tatmadaw, que lleva en sus genes el mantenimiento de la Unión. La posición del Tatmadaw es que es posible el establecimiento de un sistema federal en el marco de la Constitución de 2008, una afirmación dudosa, que posiblemente sea más atribuible a la ignorancia de cómo funcionan los sistemas federales que a la mala fe.

Lo más probable es que en los próximos años el verdadero debate no se centre en si la transición birmana ha llegado a la meta y cuál debería ser el papel del Tatmadaw, sino qué organización territorial darle al Estado, que satisfaga a las minorías étnicas y no cruce la gran línea roja del Tatmadaw que es el mantenimiento de la unidad nacional.

Adviértase lo complicado de la situación birmana, que he escrito un buen rato sobre ella y no he mencionado el problema de los rohingyas. Eso queda para otra ocasión.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Etiquetado con: , , ,
Publicado en: Firmas

imagen

imagen