La propaganda internacional, clave en la estrategia independentista

La propaganda y los intentos del independentismo catalán por situar en la arena internacional su agenda soberanista están resultando el arma más poderosa con que cuenta el Gobierno de Cataluña para seguir adelante en su ruta hacia la independencia.
El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, durante su comparecencia en el Parlamento regional, en la que ha afirmado que asume el 'mandato del pueEl presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, durante su comparecencia en el Parlamento regional, en la que ha afirmado que asume el "mandato del pueblo" para que "Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república", pero seguidamente ha propuesto "suspender los efectos de la declaración de independencia" para abrir la puerta al diálogo.EFE/Quique García

 

Gerardo Domínguez

 

Como medida política la Generalitat ha puesto en marcha en los últimos años una red de delegaciones en el extranjero dependientes de Raúl Romeva, consejero de Asuntos Exteriores del Gobierno catalán, con funciones similares a las de un ministro de Exteriores en un estado consolidado.

La importancia que tienen estas “embajadas” para la Generalitat se demuestra por el incremento presupuestario del 80 % aprobado en 2017 por la Consejería de Asuntos Exteriores que pasa a manejar un fondo de 39,6 millones de euros, de los que 23 se destinan a sufragar el coste de las delegaciones internacionales y los sueldos de sus empleados.

Por su importancia política destacan la delegación en la Unión Europea, situada en el centro de la ciudad de Bruselas, y las dos oficinas abiertas en Estados Unidos, una en la capital Washington y otra en Nueva York.

A esta campaña institucional se le suma la labor de profesores catalanes en círculos académicos internaciones, especialmente en universidades estadounidenses, sensibles a dar carta de naturaleza a la idea de Cataluña como víctima de la opresión española.

Una estrategia que se ha apuntado varios éxitos, como la adhesión a un reciente manifiesto favorable a un referéndum en Cataluña de intelectuales del prestigio del estadounidense Noam Chomsky, la socióloga, escritora y profesora holandesa, Saskia Sassen, o el crítico y teórico literario estadounidense, Harold Bloom.

Pero la agenda soberanista en universidades extranjeras también ha provocado algún conflicto, como el que ocurrió en la universidad de Georgetown en Washington, donde Clara Ponsatí, actual consejera de Enseñanza de la Generalitat, ocupaba la cátedra Príncipe de Asturias.

Ponsatí abandonó este cargo en 2013 tras defender el derecho a un referéndum en Cataluña. Su salida obedeció, según ella, a las presiones del Gobierno de España, extremo negado por el Ejecutivo español.

Sea a través de la mediación política, realizada en las oficinas internacionales de la Generalitat, o de la labor de académicos y profesores universitarios catalanes en el exterior, el discurso independentista difundido a nivel internacional responde a un patrón determinado.

La estrategia pasa por situar a Cataluña y España como actores políticos iguales, con la misma legitimidad y derechos históricos. Con este argumento se consigue mostrar a Cataluña y a los catalanes como víctimas del centralismo español. Esto tiene como consecuencia considerar a las leyes españolas como ajenas a la legitimidad catalana y a las actuaciones judiciales o policiales como actos de agresión.

Unos argumentos ampliamente difundidos a través de vídeos y mensajes en las redes sociales, en los que se iguala la situación de Cataluña con la lucha de los ciudadanos contra tiranías o gobiernos dictatoriales.

Es el caso del vídeo difundido recientemente por la asociación independentista Omnium Cultural, bajo el Título de “Help Catalonia. Save Europe”, en el que denuncian lo que consideran represión del pueblo catalán durante la jornada del referéndum ilegal celebrado el 1 de octubre y la existencia de presos políticos en España.

Pero la estrategia secesionista tiene un punto débil que es soslayado por su mensaje y que desde sus filas se intenta ocultar. Y es que la idea de situar a Cataluña como actor político en igualdad con el estado español, significa legitimar al independentismo como la única voz en Cataluña, una sociedad plural en la que conviven las voces independentistas con otras opuestas a los planes secesionistas de sus dirigentes. EFE

 

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