Portugal: el colapso del emporio del BES

Cuando se cumplen dos años de la quiebra del Grupo Espírito Santo (GES) -entonces el mayor grupo empresarial de Portugal-, un complejo hotelero de lujo que aún no salió del papel se ha convertido en uno de los más palpables símbolos de ese terremoto financiero.

 Vista de la sede del Banco Espirito Santo (BES) en Lisboa (Portugal), en 2014. EFE/Archivo/Mario Cruz Vista de la sede del Banco Espirito Santo (BES) en Lisboa (Portugal), en 2014. EFE/Archivo/Mario Cruz

Antonio Torres del Cerro

El proyecto “Comporta Dunes”, situado entre Alcácer do Sal y Grândola, al sur de Lisboa, incluía cuatro hoteles de lujo de la marca Aman, un apartahotel, una zona de exclusivos chalets y un campo de golf cuya inversión rondaba los 90 millones de euros.

En abril de 2013 llegó a ser presentado por el Gobierno luso como “el primer proyector turístico pos-crisis”, pero un año y cuatro meses más tarde, en agosto de 2014, las excavadoras dejaron de funcionar.

El 3 de agosto de 2014 reventaron las irregularidades contables que el GES arrastraba desde hacía meses y que hundieron a la joya de la corona del grupo, el Banco Espírito Santo (BES), entonces el segundo mayor banco de Portugal.

Esa noche, el gobernador del Banco de Portugal (BdP) aplicó por primera vez en Europa el modelo “bail in” (preservar a los depositantes o las empresas con créditos) y escindió el BES en una parte tóxica y una con activos saludable, bajo la denominación de “Novo Banco”.

En el Novo Banco, que actualmente está en un proceso de reducción de la plantilla del 7 %, se inyectaron 3.900 millones de euros de dinero público y otros 1.000 millones aportados por el resto de bancos portugueses.

Dos años más tarde de este tremendo colapso del GES (donde se incluía diferentes actividades de negocio, desde seguros a agricultura y turismo, pasando por el sector financiero), aún faltan por solucionar muchos de los problemas que entonces estallaron.

Aunque se vendieron algunos activos para resarcir a los acreedores, como la aseguradora Tranquilidade o la cadena de hoteles Tivoli, todavía no se ejecutó la venta a privados del Novo Banco, después de un intento fallido en septiembre de 2015.

Existe el temor de que si la operación se cierra por menos de 4.900 millones, la banca lusa incurrirá en pérdidas que salpicarán al Estado luso, que está implicado en este proceso a través de la pública Caixa Geral de Depósitos (CGD).

Existe también el temor de los tribunales, pues muchos de los grandes inversores del antiguo BES, como Pimco o BlackRock, han amenazado con recurrir a la vía legal para recuperar el dinero que habían invertido en el banco.

En el capítulo de las responsabilidades, la comisión parlamentaria que investigó la caída del Banco Espírito Santo (BES) dedujo en el 2015 que el Banco de Portugal (BdP) había tenido culpas por no haber hecho lo suficiente para evitar la quiebra.

No obstante, el supervisor luso mantuvo a su gobernador, Carlos Costa.

Esta comisión, que no tiene fuerza legal, también concluyó que el antiguo presidente del BES y líder de uno de los clanes de la familia Espírito Santo, Ricardo Salgado, de manera “probable”, manipuló intencionadamente las cuentas del grupo desde 2008 para ocultar los problemas financieros que estaba sufriendo.

Implicado en varios procesos, el exmagnate Salgado, considerado uno de los hombres de pro de la democracia portuguesa, llegó a estar bajo arresto domiciliario, aunque a finales de 2015 salió en libertad condicional después de que le rebajasen la fianza de 3 a 1,5 millones de euros.

Salgado, presidente del BES entre 1992 y 2014, está siendo investigado por falsificación, hurto cualificado, abuso de confianza, fraude fiscal, corrupción en el sector privado y blanqueo de capitales.

Mientras, el “Comporta Dunes”, cuyo campo de golf fue diseñado por el reputado arquitecto escocés David McLay Kidd, continúa sin salir completamente del papel a la espera de un nuevo comprador que borre las marcas del colapso del GES.

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Publicado en: Análisis