La otra educación

La escuela se detuvo en un momento a finales del siglo XX. En el salto que ha vivido la tecnología en los diferentes campos, comienza a hacerse visible su pertenencia a otra época y es a partir del año 2004 cuando podemos establecer un antes y un después.
Roberto Aparici y David García Marín, especialistas en Comunicación de la UNED.Roberto Aparici y David García Marín, especialistas en Comunicación de la UNED.

Roberto Aparici y David García Marín, escritores y profesores de la UNED

 

La Web 2.0 rompe con los modelos de interacción e información del pasado y sitúa potencialmente a cada individuo como parte de una red de conocimientos donde las cosas se conectan entre sí y forman parte de procesos de producción caracterizados por la participación.

Entre los años 60 y 80 del siglo pasado se hablaba de “la otra educación” caracterizada por el hacer crítico, la reflexión, la creación y la innovación, pero ninguno de estos planteamientos de la pedagogía se llevaron a la práctica. Los nombres de Paulo Freire o de Henry Giroux han sido destacados como los impulsores de una pedagogía alternativa que nunca llegó a establecerse en los centros de enseñanza. Aún hoy es la asignatura pendiente.

Seguimos atados a una pedagogía del pasado, memorística, transmisora, reproductora. Los modelos que se siguen poniendo en práctica son casi los mismos que los de hace 20 o 30 años y el conocimiento se sigue basando en una línea de montaje como si se tratara de formar masivamente y en serie para la demanda industrial del momento.

Economía y tecnología van estrechamente unidas y la escuela cumplía una función clave en esa formación masiva e industrial para incorporar a las personas al mundo del trabajo de los siglos XIX y XX, pero ahora pensar en los mismos cánones que en el pasado es convertir a la escuela en una institución enajenada del presente y del futuro y que no responde a las necesidades y demandas de la sociedad.

La escuela y la universidad que vivimos ahora mismo siguen ligadas a modelos comunicativos, económicos y sociales de otra época. Los centros educativos son el parking de la infancia, de la adolescencia y de la juventud.

Pocas respuestas y pocos interrogantes van a encontrar nuestros jóvenes más allá de las ideas consabidas del modelo industrial, fordista y broadcasting. Es decir, repetitivo, en cadena, centrado en pocos emisores y muchos receptores como ocurre con los medios de comunicación de masas.

Estos modelos reproductores que configuran la educación actual deben ser superados de forma urgente por unas lógicas que posibiliten la comunicación horizontal y no jerárquica dentro y fuera de las aulas a fin de desarrollar el pensamiento crítico de los estudiantes, basándose en procesos que, de forma complementaria y paralela, alimenten la inteligencia colectiva y el desarrollo individual.

Esos procesos deben anclarse en dinámicas de verdadera conectividad privilegiando la interactividad entre humanos frente al discurso tecnocrático que vincula lo interactivo con la relación que los sujetos mantienen con las máquinas.

Las nuevas tecnologías no generan aprendizaje por sí mismas, todo dependerá de cómo se integren en la práctica pedagógica. Numerosos proyectos educativos implantados en los últimos años han adolecido de un equivocado enfoque al poner el acento en la herramienta y no en la metodología.

En un proceso de aprendizaje, los estudiantes no solo incorporan contenidos, sino también marcos de entender el mundo a partir de los modelos educativos que se utilizan. Estos modelos están muy relacionados con los procesos de comunicación. Una comunicación autoritaria en las aulas produce modelos educativos autoritarios.

En la escuela de hoy, el profesor sigue tomando todas las decisiones en el proceso de enseñanza-aprendizaje, reproduciendo el modelo unidireccional de la comunicación de masas donde solo tiene voz el docente y el papel del alumno está confinado a la repetición memorística de sus lecciones.

El necesario cambio en las metodologías educativas resulta fundamental para evitar todo adoctrinamiento e impulsar la originalidad, la libertad, la autonomía, la democracia y el respeto a la diversidad de todas las cosmovisiones que enriquecen nuestra sociedad y abandonar, así, la arbitrariedad cultural que coloca la mirada masculina, blanca, urbana, capitalista, occidental y heterosexual como única interpretación posible del mundo.

A la vez, es esencial que esta nueva forma de entender la educación se encuentre alejada de las leyes del mercado y deje de configurarse como una forma de hacer negocio para convertirse en un motor de transformación.

Ahora más que nunca se hace necesaria “la otra educación” que no es la convencional, que no es la que enseñan ahora mismo en las escuelas de magisterio o en las facultades de educación.

Si en los años 70 se hablaba de una pedagogía crítica que nunca llegó a formar parte de la realidad educativa española, ahora más que nunca debemos hablar de “la otra educación” no sólo pensando en la dimensión social crítica de la pedagogía sino también en los nuevos paradigmas que permitirán ofrecer interrogantes y respuestas para esta realidad líquida, cambiante y transformadora que vivimos a todos los niveles.

No sólo es crucial formar para el entorno de transición analógico-digital que estamos viviendo, sino para el futuro digital que está a la vuelta de la esquina que, al mismo tiempo que nos ofrece innegables posibilidades, nos enfrenta a innumerables riesgos.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.